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El grito: “¡Que salga Chong!”, coreado también por los agentes infiltrados del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, alegró a los huéspedes de Los Pinos, festejando la “pureza” del movimiento reivindicatorio de los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional porque éstos luchaban por sus intereses inmediatos sin inmiscuirse en los problemas nacionales, ni protestar por los normalistas asesinados de Guerrero. Y mientras celebraban la audacia del secretario de Gobernación, que con su salida al escenario dio el campanazo para la sucesión presidencial –con el enojo de Luis Videgaray, Luis Miranda, Emilio Chuayffet y Horacio Nuño–, en el país aumenta la inconformidad por la austeridad económica gubernamental y las atropelladas contrarreformas del pacto antifederalista que ensalza la democracia representativa, donde las libertades de prensa y protesta son duramente cuestionadas por los autoritarios gobernantes de todo nivel; y quienes usan la publicidad como censura previa, mientras atascan al peñismo y su actor principal, Enrique Peña, de elogios pagados en Televisa y su monopolio radiofónico, Tv-Azteca y Radio Centro.

No sólo la sangrienta inseguridad de las delincuencias tiene a la nación en vilo. El país está plagado de terror sangriento, y aún por encima del grito: “¡Que salga Peña!”, los desaparecidos no tienen su atención; igual que los 49 niños calcinados de la Guardería ABC, los feminicidios, la pedofilia, los desplazamientos o los secuestros y asesinatos de estudiantes. ¿Por qué tanta saña contra las escuelas normales? ¿Es para acabar con ellas, como inició la dupla Salinas-Gordillo? El malestar social es general. Y los periodistas que se atreven a ejercer hasta sus últimas consecuencias la libertad de información son víctimas del mal gobierno antidemocrático y antirrepublicano.

Es el caso de Quintana Roo, desgobernado por Roberto Borge, donde Pedro Canché ha dedicado su trabajo periodístico a cuestionar, con sus informaciones y críticas, la pobreza y abusos de narcotraficantes y funcionarios que en la zona maya de los municipios de Othón P Blanco y Carrillo Puerto padecen las comunidades de esa entidad, y de los cuales ha defendido a más de 240. Y para evitarse la molestia de ser exhibido en su mal gobierno, el peñista Borge ordenó su encarcelamiento. Pero echa vítores a los derechos humanos y con sus periodistas incondicionales publica que en Quintana Roo hay libertad de expresión… Si la hay no es para Pedro Canché.

Ahí mismo es donde la periodista y luchadora social Lydia Cacho libra sus combates pacíficos con la pluma. Esta vez nos comunica que deja de publicar su columna semanal, aparecida durante casi 9 años, ya que El Universal “ha tomado decisiones que me impiden seguir como columnista en sus páginas. Agradezco la hospitalidad de sus propietarios y de mis colegas. Me despido afectuosamente de mis lectores en este diario” (29 de septiembre de 2014). Sus lectores lamentamos su partida, pues su aportación es indispensable para ejercer las libertades constitucionales de información y prensa, refrendadas a diario contra la censura de los poderes políticos de gobernantes como el tal Borge, el ratero del agua en Sonora Guillermo Padrés y el Nerón de Guerrero Ángel Aguirre, cómplice de la criminalidad que persigue, secuestra y asesina estudiantes normalistas; y de los poderes económicos del sector privado que engloban a los Larrea, a los Azcárraga, a los Slim, a los Salinas Pliego y a los banqueros abusivos.

La valiente periodista no cedió su implacable e impecable manera de combatir las injusticias sociales, políticas y económicas de las que tenía constancia directa contra los más desprotegidos. Y cuyos juicios y racionalidad exhiben ante la opinión pública los abusos de quienes se consideran intocables. Desde que Lydia Cacho incursionó en el periodismo ha combatido las injusticias contra los niños, las mujeres, los indígenas y los mexicanos que, aparte de su empobrecimiento, sufren discriminación. Así ha enfrentado a los poderosos que en su soberbia por poseer dinero o influencias suponen que sus abusos quedarán impunes.

Lydia Cacho sigue cuestionando al sistema judicial mexicano por no sentenciar a los presuntos responsables que hace más de 9 años la secuestraron, vejaron y golpearon para llevarla de Quintana Roo al cacicazgo-harén de Puebla en poder de Mario Marín-Kamel Nacif, debido al abuso de poder de un desgobernador que protegía a quien encabezaba una red de pederastia: el millonario textilero Jean Succar Kuri, a quien también encubría el hoy coordinador de los senadores priístas Emilio Gamboa Patrón. Y es que la Suprema Corte de Justicia (?) de la Nación, con votos de los ministros Ortiz Mayagoitia, Sergio Valls, Salvador Aguirre, Mariano Azuela, Margarita Luna y Olga Sánchez Cordero resolvió a favor del góber precioso (la flor fue de Gamboa Patrón). Pues traicionando su obligación de velar por los derechos humanos y sus garantías, argumentaron que éstos no fueron violados por Mario Marín, quien ya está en la lista del Partido Revolucionario Institucional-Camacho para ser diputado pluri.

Por esto y con pruebas contundentes Lydia Cacho se ha presentado ante el Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas denunciando la impunidad de los funcionarios, incluyendo a los ministros de la Suprema Corte, que han solapado que los pedófilos y sus cómplices sigan en libertad. Ese organismo mundial ha expedido severa recomendación al gobierno federal por su negligencia en la defensa de los derechos humanos y está a punto de dictar su resolución. Los periodistas solidarios con ella –porque le asiste el estado de derecho– estamos pendientes, como escribió la columnistas Katia D’Artigues: “Lydia, periodista a quien admiro [admiramos] y quiero mucho [la queremos], sienta un precedente, también a favor no sólo de ella, sino de ya cientos de periodistas asesinados en México” (Campos Elíseos, 15 de octubre de 2014).

Al reclamo de: “¡Que salga Chong!”, que se escuchó hasta Hong Kong, debe seguir: “¡Que salga Borge!”, para fincarle responsabilidades en un juicio político. Y que salgan todos los peñistas que tienen en vilo al país.  

Álvaro Cepeda Neri*

*Periodista

 

 

 

Contralínea 413 / del 23 al 29 Noviembre de 2014

 

 

 

 

 

 

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