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Los países del Caribe emiten muy pocos gases de efecto invernadero. Por lo tanto, su contribución al cambio climático es muy baja. Sin embargo, son los más afectados por un fenómeno que ya es una realidad. Y es que no se trata sólo de cambios en el clima, al final es un desastre ecológico, social y económico

Desmond Brown*/IPS

Kingstown, San Vicente y las Granadinas. Cuando de cambio climático se trata, el primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves, no anda con rodeos y asegura que para los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) éste es un tema de vida o muerte.

 “La amenaza no es abstracta ni muy distante, es inmediata y es real”, recalca Gonsalves en entrevista con Inter Press Service (IPS).

 “Este país que tengo el honor de presidir es propenso a desastres. Necesitamos adaptarnos, fortalecer nuestra resiliencia, mitigar; necesitamos reducir los riesgos sobre recursos humanos y naturales derivados del cambio climático”, destaca.

 “Pero es un asunto que no podemos resolver solos. El mundo es un lugar pequeño y contribuimos muy poco al recalentamiento global y, sin embargo, estamos en la primera línea de los continuos desastres”, alerta Gonsalves.

Desde 2001, San Vicente y las Granadinas sufrió 14 eventos climáticos grandes, cinco de los cuales ocurrieron a partir de 2010. Estos últimos dejaron daños y causaron pérdidas que ascendieron a 600 millones de dólares, o alrededor de un tercio del producto interno bruto (PIB).

 “Los eventos relacionados con las lluvias y el viento –el caso del huracán Tomás–, ocurrieron en 2010. En abril de 2011 hubo deslizamientos de tierras e inundaciones casi de proporciones bíblicas en el Noreste de nuestro país”, puntualiza Gonsalves.

 “Las pérdidas por las inundaciones de la víspera de la Navidad pasada representaron 17.5 por ciento del PIB. Hubo más de 10 mil personas afectadas directamente, es decir, más de uno de cada 10 habitantes”, subraya.

Además, murieron 12 personas.

 “En la primera mitad de 2010 y la primera de este año [2014] tuvimos sequías. Las pérdidas causadas por Tomás ascendieron a 150 millones de dólares. Las inundaciones de abril de 2011 dejaron daños por 100 millones de dólares; y las pérdidas dejadas por el evento de la Navidad fueron de 330 millones de dólares”, detalla.

 “Si lo sumas, llegas a 580 millones de dólares, y si le agregas los 20 millones de la sequía, estás en los 600 millones de dólares. Y en aumento”, añade.

En los últimos años, y en especial a partir de la cumbre de la Convención Marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático (CMNUCC) realizada en Copenhague en 2009, Estados Unidos y otros grandes países se comprometieron a ayudar a los PEID a hacer frente a las consecuencias del cambio climático, y prometieron millones de dólares para apoyar los esfuerzos de adaptación y de reducción del riesgo de desastres.

El secretario de Estado (canciller) de Estados Unidos, John Kerry, visitó los países insulares del Océano Pacífico y reiteró la importancia de profundizar los acuerdos con los PEID para hacer frente a las amenazas inmediatas y a los desafíos de desarrollo a largo plazo que plantea el cambio climático.

Pero Gonsalves señala que a pesar de la generosidad de Estados Unidos no hay fondos suficientes para medidas de mitigación y adaptación prometidos por la comunidad global, “no sólo por los países ricos, sino también por otros grandes emisores (de gases invernadero), como China e India, por ejemplo”.

Jock Conly, director de misión de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) en el Caribe oriental y meridional, dice a IPS que a través de acuerdos estratégicos con organismos estatales regionales, nacionales y locales, la organización trabaja para reducir la vulnerabilidad de la región y aumentar la resiliencia a los impactos del cambio climático.

 “Ofrecemos ayuda para aumentar la capacidad de instituciones técnicas y educativas en materia de meteorología, hidrología y ciencias costera y marina para mejorar los pronósticos y prepararse para los riesgos”, explica.

 “El apoyo incluye trabajar con el Centro de Estudios Ambientales y Gestión de Recursos de la Universidad de las Indias Occidentales, y acuerdos con entidades como la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el Instituto Caribeño de Meteorología e Hidrología, el gobierno de Barbados y la Comisión de la Organización de Estados del Caribe Oriental” (OECO), detalla.

 “Mediante un acuerdo con la OMM se creará un Centro Regional para el Clima en el Caribe, que podrá ofrecer servicios climáticos específicos para apoyar la adaptación y mejorar la reducción del riesgo de desastres”, añade.

La Usaid también realiza esfuerzos en el marco del programa de la Comisión de la OECO para educar a las comunidades y a otros actores locales sobre los impactos del cambio climático y las medidas que se pueden tomar para adaptarse al fenómeno.

 “Un elemento clave del programa es el desarrollo de modelos de demostración que tratan sobre distintos aspectos del proceso de adaptación. Esto incluye la restauración de los manglares, los arrecifes de coral y otros hábitats costeros, proyectos de protección costeros e iniciativas para la conservación del agua”, precisa Conly.

Al legislador opositor Arnhim Eustace le preocupa que la gente todavía “no le preste mucha atención a la importancia” del cambio climático.

 “Cuando alguien está en problemas porque no tiene trabajo y no puede mandar a sus hijos a la escuela, no trates de hablarle del cambio climático, no le interesa. Su interés estará concentrado en su próxima comida, de dónde sacará para alimentar a su hijo. Por eso se debe ser muy cuidadoso en cómo se atienden las operaciones fiscales”, alerta.

Eustace, líder del opositor del Nuevo Partido Democrático, plantea que la gente primero tiene que tener cubiertas sus necesidades básicas para abrir su mente a problemas graves como el cambio climático.

Desmond Brown*/IPS

*Traducido por Verónica Firme

 

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Contralínea 411 / del 09 al 15 Noviembre de 2014

 

 

 

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