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En lo que va del actual sexenio, si bien el sector público no ha dejado de contratar publicidad en estas páginas, ha retrasado los pagos más allá de todo plazo razonable, y ello ha colocado a la empresa editora de La Jornada en dificultades sin precedente

La Jornada, día a día, en su corta vida de apenas 30 años, es un periódico de veraz información nacional, de análisis económico, político y cultural con acento social, democrático y republicano, pues todos sus trabajadores sin distinción en las diferentes tareas han creado un periodismo en continuidad con la prensa mexicana que se originó en 1728, con la Gaceta de México. La Jornada (1984) ha mantenido los ideales del periodismo sustentado más en el demos –en el pueblo– que en el kratos –el poder– (económico privado y político público), para así mantener un periodismo coadyuvante con la disposición constitucional de “gobernar en beneficio del pueblo”. En una de las novelas magistrales, Honoré de Balzac escribió: “…los treinta años es una hermosa edad…”, desde la que se puede atisbar el pasado desde el presente y vislumbrar el inmediato futuro. Es así como los jornaleros han podido mantener el paso impreso con su línea de conducta sin someterse al corsé sexenal de un autoritarismo al acecho, que presiona con el estira y afloja de la publicidad oficial, para intentar variar el rumbo de su quehacer.

No ha sido fácil la marcha. Pero no hay duda que los lectores de periódicos prefieren La Jornadaporque únicamente ofrece material periodístico, sin anzuelos ni carnadas, cubriendo el máximo espectro informativo que persiguen sus reporteros, y comentan y analizan sus demás periodistas y colaboradores con los más plurales puntos de vista. Y contando con uno de los mejores periodistas de la caricatura que honra a esta tradición crítica de la prensa nacional. En esta vanguardia le han transcurrido 3 décadas a este diario implacable para informar y cuestionar sobre los abusos del poder público y privado, exhibiendo los actos y omisiones de funcionarios y las conductas públicas de los protagonistas que traspasan la frontera de lo privado. Es el caso del envenenador de dos ríos en Sonora, Germán Larrea, al que la opinión pública ha conocido por la fotografía que de él publicó La Jornada (20 de septiembre de 2014), y cuyos actos depredadores lo sacaron del anonimato que cuidaba con amenazas de demandar; la que cumplió cuando en la revista Mira su entonces director, Miguel Ángel Granados Chapa, publicó su fotografía (Silvia Cherem S, Por la izquierda. Medio siglo de Historias en el periodismo mexicano contadas por Granados Chapa, Khalida editores, 2010).

La Jornada ha sabido mantener un periodismo veraz, publicando los problemas sociales de la pobreza, los atropellos y violaciones a los derechos humanos de los obreros, los campesinos, mineros, indígenas, mujeres… Que por lo general no tienen cabida en otros medios de comunicación. Durante 30 años nos ha enterado de los dramas y tragedias que padece el grueso de la población. También ha dado espacio a la auténtica oposición y a los demás ismos que, como sea, son parte de la información. De esta manera ofrece un panorama completo de la vida nacional que cubren sus reporteros y corresponsales enviados al lugar de los hechos. Por las páginas de formato tabloide no faltan las secciones culturales, deportivas y de los espectáculos, pero bastantes equilibradas. De Carlos Payán Velver a Carmen Lira Sade, La Jornada ha mantenido una exitosa relación sindical de sus trabajadores, permitiéndole al periódico resolver sus demandas laborales, donde los sindicalizados han sabido tensar sus reclamos comulgando con los principios de la empresa editora, para contra viento y marea de las crisis internas y externas, mantener a flote esa nave llamada La Jornada. A ésta, como a otros medios periodísticos, los noticieros de radio y televisión, matutinos sobre todo, le saquean información sin darles el crédito, como lo exigen los derechos de autor.

Es un medio de comunicación nacional, porque La Jornada se ocupa oportuna y completamente de lo que ocurre en todo el territorio, dividido municipal, estatal y federalmente. Sus reporteros buscan y rastrean los acontecimientos que su línea editorial juzga que deben darse a conocer a la opinión pública. Particularmente afloran en el blanco y negro, con escasos colores, de sus notas, análisis, críticas e investigaciones, los temas que acusan las injusticias de que son víctimas los mexicanos más desamparados, a las que otros medios no dan eco. Así es como La Jornada cumple con su deber del periodismo, asido constitucionalmente al imperativo de que los mexicanos como individuos, en su calidad de personas y ciudadanos, tienen “derecho al libre acceso a información plural y oportuna”, consecuente con la “inviolable libertad de difundir opiniones, información e ideas”, para coadyuvar a la educación laica, democrática y nacional, para el libre examen y discusión de los problemas de la sociedad, el gobierno y el Estado.

Álvaro Cepeda Neri*

*Periodista

 

 

 

Contralínea 411 / del 09 al 15 Noviembre de 2014

 

 

 

 

 

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