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Chilpancingo, Guerrero. El fuego, como forma de protesta, regresó a Guerrero. Un día después de que la Procuraduría General de República (PGR) dijera que los alumnos desaparecidos desde la noche del 26 de septiembre pasado podrían haber sido asesinados y calcinados, estudiantes incendiaron, al menos, una docena de vehículos frente al Palacio de Gobierno de esta ciudad.
 
 
A 43 días de la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, y a 1 día de que la PGR sugiriera que los alumnos fueron asesinados pero que nunca se recuperarán sus cuerpos, normalistas rurales de varios estados de la República, agrupados en la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, decidieron incendiar camionetas y automóviles de empresas privadas.
 
Y es que transcurridos 42 días de ausencia, los padres y las madres de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, detenidos-desaparecidos en Iguala por policías municipales, recibieron noticias. Noticias grises que contradicen su exigencia: la presentación con vida de los hijos arrebatados.
 
La PGR les había informado que los muchachos que se preparaban para ser profesores habrían sido entregados a miembros del grupo criminal Guerreros Unidos. Estos delincuentes los habrían asesinado y calcinado y, posteriormente, arrojado sus restos a un río.
 
La respuesta fue contundente. De inmediato, las familias rechazaron la versión oficial “por falta de pruebas irrefutables”. Un día después, el fuego resurgió en Guerrero; su cuarta aparición desde que los normalistas fueron desaparecidos. La chispa brotó en el mismo lugar en que inició: el Palacio de Gobierno, con sede en Chilpancingo.
 
 

Los incendios anteriores

 
A las 16:40 horas del 8 de octubre se escuchó la primera detonación. Los estudiantes de Ayotzinapa, los rostros cubiertos, colocaron cinco camionetas de productos comestibles y una de la policía federal en el principal acceso de la sede del ejecutivo local. “Queremos justicia”, se leía en una de ellas. Sin titubeo, las incendiaron. Un total nueve camionetas y dos vehículos ardieron aquella tarde. La tarde que siguió al anuncio oficial de muerte.
 
La acción fue rápida y certera. También hubo vidrios rotos; pedradas arrojadas contra el recinto con puños y resorteras. A las 18 horas la protesta en la que participaron unas 500 personas había concluido. Una espesa y negra humareda se esparcía por toda la atmósfera.
 
El 13 de octubre el Palacio de Gobierno ardió por vez primera. La paciencia comenzaba a agotarse; la rabia resurgía en llamas. Ocho días después, el 21 de octubre, la sede estatal del Partido de la Revolución Democrática fue el blanco. Miembros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero le prendieron fuego. El ayuntamiento de Iguala no escapó a la quemazón. Un día después, también despidió llamaradas.
 
Los integrantes del Comité Ejecutivo Estudiantil Ricardo Flores Magón de la normal Ayotzinapa justifican su actuar ¿Cómo es posible que el Estado haga pública una versión de la que no tiene plena certeza? Para los estudiantes es clara la pretensión de la PGR de dar carpetazo a la investigación por la desaparición de sus 43 compañeros, 43 jóvenes pobres que veían en Ayotzinapa la posibilidad de abrirse camino.

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