Autor:

Flor Goche, @flor_contra/Enviada

Ayotzinapa, Tixtla, Guerrero. La escuela les dio todo. No sólo los cimientos para ser profesionistas. Les dio alimento, hospedaje y entrañables amistades. Además, les sacudió la conciencia.

Al calor del despertar juvenil, aprendieron la historia de Ernesto Guevara, el Che, lo mismo que a viajar de raite. Criaron cerdos y gallinas; cultivaron flores y granos; se movilizaron para mantener en pie su normal.

Ahora que 43 de sus hermanos menores fueron detenidos-desaparecidos y otros tres ejecutados por servidores públicos, los egresados de Ayotzinapa, hoy profesores en activo, vuelven al hogar, a esos muros desgastados que les permitieron superarse, abrirse camino.

Lo mismo ocurrió en 2011, luego del asesinato, a manos de policías, de Jorge Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús, alumnos de esta normal. Fue entonces que se conformó la Coordinadora de Egresados en Defensa de la Normal de Ayotzinapa.

A los egresados de esta escuela-internado los juntó la necesidad; la certera lectura de que las cosas empeorarían. “Veíamos venir que la situación de la normal se complicaría después de esta represión tan frontal, que iban a venir más golpes a la escuela, por eso sentimos la necesidad de organizarnos”, dice Eleuterio Villegas, quien concluyó su licenciatura en 2004.

El objetivo de esta coordinación, explica Felipe Flores, egresado en 2006, es defender al normalismo rural, “pues mientras la pobreza exista, las normales rurales tendrán razón de ser”. También, respaldar a Ayotzinapa en las situaciones difíciles.

A las asambleas que se realizan cada 15 días en las instalaciones de la exhacienda de Ayotzinapa, asisten hasta 300 egresados. Apoyan con dinero, con víveres y con presencia, participando en las actividades convocadas por el Comité Ejecutivo Estudiantil Ricardo Flores Magón.

"Nosotros tenemos muy claro que no podemos asumir cuestiones que no nos corresponden. Nosotros somos un respaldo a nuestra escuela, a nuestra organización estudiantil. Somos muy respetuosos. Somos un apoyo y, dependiendo de las condiciones de cada uno de nosotros, nos sumamos a las actividades”, comenta Eleuterio Villegas.

A decir del docente, el deber de los egresados se seguir honrando a su escuela, la misma que los preparó para ser analíticos. “Informar a la sociedad y a la gente de nuestros pueblos, esa es también una tarea que nosotros debemos de jugar si realmente queremos llevar la esencia del normalismo rural hacia nuestras comunidades".

Felipe Flores detalla que la apuesta ahora es conformar un frente de egresados de las normales rurales de todo el país. Y es que, “es necesario, más que nunca, unificarnos. Ahora nos pasó a nosotros, como le pudo haber pasado a la sociedad civil o como le puede pasar a alguna otra escuela normal hermana o a cualquier otra escuela pública. Eso no es un hecho aislado”.

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