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Ha pasado más de 1 mes desde que los estudiantes politécnicos decidieron protestar por las decisiones unilaterales y arbitrarias que las autoridades del Instituto Politécnico Nacional (IPN) tomaron. Han pasado muchas cosas que han sorprendido a propios y extraños. Primero, el movimiento de una sola escuela (Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura) por un plan de estudios aprobado por las autoridades y rechazado por los alumnos, luego la incorporación de otras escuelas y finalmente la integración total de todas las escuelas al movimiento. De una propuesta interna a una movilización de miles de estudiantes que obligaron al gobierno a poner atención y abrirse, e incluso provocar que el secretario de Gobernación los atendiera personalmente afuera de sus oficinas en un templete que ya estaba preparado para ello.

Las propuestas de los estudiantes fueron claras y concisas y no se necesitaba más rollo. Los ejes centrales fueron el rechazo a los nuevos programas de estudio y al nuevo reglamento interno aprobado con prisa por el Consejo Consultivo, y también a que el IPN fuera parte del Tecnológico Nacional de México. En primera instancia el secretario de Gobernación aceptó todos los puntos propuestos pero sin detallar como serían resueltas las demandas, es decir, no se contemplaron los mecanismos que se tendrían que instrumentar para resolver cada una de ellas.

Obviamente que esto daba lugar a demasiadas dudas y cualquier persona que hiciera un análisis no comprendería si realmente se estaba resolviendo el problema o no. Lo obvio es que la comunidad estudiantil tendría que analizarla, y de ello presentaron una propuesta razonada, la cual entregaron a la Secretará de Gobernación y a la Secretaría de Educación Pública (SEP), y solicitaron una pronta respuesta a sus peticiones.

Aun cuando hice el doctorado en economía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la licenciatura la cursé en el IPN y, por ello, me siento obligado, por lo menos, a emitir una opinión. Repetir todo lo pasado sería muy trillado, por lo que me centraré en la respuesta de la SEP.

Lo primero es que ante los medios de comunicación y luego ante la opinión pública, la SEP hizo ver que se había dado respuesta puntual a cada una de las propuestas del IPN. Sin embargo, una cosa es dar repuestas puntualmente, es decir, punto por punto, y otra es la forma y contenido de dichas respuestas. De entrada, difundirlo de esta manera es poner en contra del movimiento politécnico a diversos sectores, incluso al interior del Instituto, como ha ocurrido con algunos docentes que exigen la entrega de instalaciones.

Lo segundo es que si actualmente fuera yo estudiante politécnico rechazaría totalmente la respuesta de la SEP. Cuatro serían los motivos fundamentales:

1) La propuesta de que los estudiantes elijan a su director no la acepta el gobierno y propone nombrar a un director (no maneja la palabra interino) que se dedicara a sacar todos los asuntos relevantes, como la cancelación de los programas y las modificaciones al Reglamento Interno. No dicen cuánto tiempo estaría el director nombrado por el presidente de la República, lo que podría ser por lo menos 1 año. No dice la SEP si haría y cuándo la propuesta de modificar la Ley Orgánica del IPN. Pudieran argumentar que se necesita la discusión legislativa de la Ley y esperar a que los tiempos legislativos le den lugar. Sin embargo, en el caso de que hubiera voluntad política, el titular del Ejecutivo federal podría enviar una iniciativa preferente con el fin de que se modificara la forma de nombrar al director general. No lo quieren hacer porque al nombrarse una persona no cercana a los intereses del gobierno, perderían el control. Realmente, lo central es que la comunidad politécnica elija a sus autoridades en forma directa y democrática. Si la SEP no acepta esto, el conflicto va para largo…

2) La SEP propone una mesa de diálogo paritaria: 10 representantes de la comunidad estudiantil y 10 representantes del gobierno. Los estudiantes han planteado que el director general sea electo por estudiantes, docentes y administrativos, es decir, por la comunidad politécnica. En esa propuesta que parece ser más demagógica que real, quedan a un lado los docentes y administrativos.

3) Dentro del Pliego petitorio los estudiantes rechazan pertenecer al Tecnológico Nacional de México. La SEP, de una manera irresponsable, les responde que el IPN no está vinculado al Sistema Nacional de Institutos Tecnológicos. Sin embargo, el decreto de creación de este organismo es muy claro en señalar que están sujetos a esta figura los institutos de educación superior, y en ese sentido el IPN está vinculado. El gobierno, a través de la SEP, vuelve hacer uso de la demagogia característica de los gobiernos priístas. Si tuvieran voluntad de darle una solución real a la propuesta, el presidente de la República podría modificar el Decreto Presidencial en la cual se señalara expresamente: “…a excepción del Instituto Politécnico Nacional”.

4) Los estudiantes piden incremento al presupuesto de la SEP en 8 por ciento del producto interno bruto (PIB), y en ciencia y tecnología del 2 por ciento del PIB. La respuesta de la SEP es que estos presupuestos se han estado incrementando y que lo seguirán haciendo. Es cierto, pero no se cuentan con los recursos suficientes para lograr altos niveles en la educación. Y lo que no dice la SEP es en cuánto se han incrementado y en cuánto se van a incrementar. No existe el compromiso. Ahora, lo que hay que hacer es amarrar en cuestiones presupuestales. No sólo son las cantidades de gasto público destinadas al sector educativo, sino que hay que asegurar el “cómo y en dónde se gasta”, porque hay que recordar que una parte importante del presupuesto al sector educativo se va al sindicato y a cubrir salarios de comisionados y aviadores.

Lo que el gobierno no ha tomado en consideración es que los estudiantes, con asesoría o no, han razonado cada una de los propuestas que han hecho y han analizado profundamente cada respuesta. El gobierno se empecina en dar propuestas puntuales, pero que no dan una resolución que permita la solución del conflicto, lo cual hace dudar que exista capacidad y voluntad del gobierno para solucionar de fondo lo que ha planteado.

Tomar la mejor decisión que deje satisfecha a la comunidad politécnica entra en contradicción con el quehacer del gobierno priísta. Las causas del problema tuvieron una cabeza visible que fue Yoloxóchitl Bustamante y fue la que el gobierno entregó para calmar los ánimos. En la administración pública, en los altos niveles, la decisión no la toman los peones sino el rey. Los cambios que se hicieron en el Politécnico forman parte de las reformas estructurales que se han aprobado, y la doctora Bustamante sólo fue el peón que trató de instrumentarlas; y fue al primero que mataron. El Sistema Tecnológico que dio luz a la creación del Tecnológico Nacional de México es una decisión del titular del Ejecutivo, y los instrumentadores son la SEP y las ahora exautoridades del IPN.

Una vez que estas acciones se dieron a conocer, condujeron a que el gobierno, por primera vez, atendiera en forma directa a los estudiantes, y eso no nos dejar lugar a dudas. El caso es que no se trata de atenderlos en forma abierta, puntual y directa, sino que realmente se dé una respuesta satisfactoria a la comunidad estudiantil.

Óscar Enrique Díaz Santos*

*Doctor en economía por la Universidad Nacional Autónoma de México, especialista en gasto público y presupuesto

 

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Contralínea 409 / del 27 de Octubre al 01 de Noviembre 2014

 

 

 

 

 

 

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