La crisis económica que viene

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Para  muchos, las dificultades están en lo político. Y es lógico. Tlatlaya, Iguala, el Instituto Politécnico Nacional son conflictos que han movilizado a decenas de miles de ciudadanos que no salían a manifestarse desde las pasadas elecciones presidenciales (2012), y acaparan la atención.

Pero hay otros problemas que no son tan notorios, aparentemente, aunque lo sufren los mexicanos de varias maneras y ya están causando dolores de cabeza, los cuales de no remediarse se transformarán en migrañas.

En pocos días, el precio del barril de petróleo ha bajado abruptamente y no se espera un repunte, no obstante el próximo invierno.

La deuda externa va creciendo, algo que ya alarma a los especialistas y, al parecer, además, el dinero obtenido no ha ayudado a impulsar el crecimiento económico, el cual es raquítico para lo que necesitamos en los siguientes años.

El consumo, por si algo faltara, está a la baja, no obstante que la utilización de las tarjetas de crédito se encuentra al alza debido a que los ingresos no alcanzan.

Las obras de infraestructura no empiezan, con lo que se posterga la creación de empleos.

Respecto al oro negro, la caída del precio ya encendió las alarmas en el gobierno (El Economista, 14 de octubre de 2014). De 102 dólares por barril en junio de este año, cayó a 80 el 13 de octubre. Veintidós dólares menos. Es cierto que tenemos un seguro para evitar que este año repercuta en el presupuesto. Algo importante, pero transitorio, ya que el próximo obtendremos menores ingresos.

Lo grave es que su cotización irá en picada, pues ni el invierno, ni la crisis entre Rusia y Ucrania, ni la volatilidad en Oriente Medio harán que aumente su valor. Por lo tanto, existe incluso temor en el sector privado que de no conseguirse 100 mil millones de pesos por el descenso de exportaciones, suban los impuestos el año próximo, no obstante la promesa de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de no hacerlo en los siguientes años.

Para el analista Carlos Fernández Vega (La Jornada, 14 de octubre de 2014), aparte de recibir menos lana, la producción ha bajado en 162 mil barriles diarios y la exportación de este líquido vital para la sociedad se redujo 142 mil barriles. Esto ha traído como resultado que no recibamos cuando menos 1 mil 400 millones de dólares este año.

El citado investigador menciona a consultores de economía que señalan, por las dificultades descritas, que en 2014 creceremos como máximo al 2.4 por ciento y que la inflación será de 4.5 por ciento. En 2015 únicamente podremos llegar a subir en el producto interno bruto (PIB) un 3.3 por ciento.

Por otro lado, se advierte que la deuda crece explosivamente (El Financiero, 14 de octubre de 2014). De 27 por ciento que debíamos del PIB en 2007, llegaremos a más del 43 por ciento en 2016. Las preocupaciones de los especialistas Luis Foncerrada y Luis Armando Jaramillo son que si la economía no crece mayormente, la deuda aumentará todavía más.

Es decir, que la propuesta inicial de los técnicos de Hacienda, en el sentido de contratar mayores empréstitos con el propósito de un rápido crecimiento, no dio resultado. Seguramente porque ese dinero no va a inversión ni al gasto social. Un ejemplo: en el Programa Prospera el aumento de lo programado es más para salarios y cuestiones burocráticas que para ayuda a los más necesitados.

Además, se prevé que aumenten las tasas de interés, ya que en Estados Unidos al parecer se tomará esa medida, por lo que la deuda se elevará también. Panorama que es todavía más delicado para nuestro país.

Ante la crisis que vivimos y no se dice, el uso de tarjetas de crédito subió en 18 por ciento entre 2010 y 2014, la mayoría para financiar las necesidades ingentes, según reportes del Banco de México. Algo que ha estimulado parte del mercado, pero no lo que se espera.

Y es que los bienes y servicios nacionales aumentaron sus ventas sólo 1.8 por ciento de enero a julio. Antes lo hicieron al 2.5 por ciento. Mientras que los artículos importados subieron 1.4 por ciento, en tanto que tiempo atrás llegaron a siete veces más. Todo esto según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Hay pues un consumo menor, tanto así que las tiendas de autoservicios se quejan de las bajas en las compras no importando las ofertas que realizan acada rato. Por lo tanto, el famoso mercado interno continúa sin reaccionar.

¿Ahora sí se le hará caso a Miguel Ángel Mancera?

Frente a ese panorama, quien no sufre ni se altera a pesar de que la inflación se dice llegará a 4.5 por ciento este año es Agustín Carstens, quien dijo: “No obstante la violencia en México y los problemas internos vamos por buen camino y las inversiones llegarán sin problemas” (El Universal, 13 de octubre de 2014). Aunque ya sabemos que el doctor del catarrito mexicano (baja de la economía en 7 por ciento) no es muy atinado a pronosticar lo que nos ocurrirá, pues ya lo padecimos en su época como secretario de Hacienda.

Luis Videgaray ya había señalado que debido a los estallidos y las múltiples víctimas del narco en México, el capital extranjero se ahuyentaría. Luego matizó, quizá para no contradecir al director del Banco de México o no alarmar a su jefe Enrique Peña Nieto. Pero la situación es complicada, sin duda.

Incluso el periodista no especializado en asuntos económicos Ciro Gómez Leyva preguntó en su columna La vida en breve (Milenio, 14 de octubre de 2014): ¿cuándo y en qué cantidad comenzarán a llegar las inversiones producto de las reformas estructurales, en especial la energética? ¿La Secretaría de Hacienda mantiene el pronóstico de crecimiento de la economía mexicana en 2.7 por ciento? Y ¿qué tan lejos está México del 23 de marzo de 1994, de una salida masiva de capitales que estropee el proyecto del actual gobierno?

La realidad nos alcanzó.

Jorge Meléndez Preciado*

*Periodista

 

 

 

Contralínea 409 / del 27 de Octubre al 01 de Noviembre 2014

 

 

 

 

 

 

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