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Todo tipo de periodismo en una democracia siempre debe ejercerse de contrapoder, pues ha de defender los intereses de los ciudadanos y de la legalidad. Ha de controlar los poderes públicos para que no se excedan y también criticar el comportamiento de los poderes privados

José Ribas, “El columnismo no es un parapeto para el uso del poder”, del libro Contrapoder, varios autores, ediciones Temas de hoy

Francisco Zarco Mateos (1829-1869) y Miguel Ángel Granados Chapa (1941-2011), a mi parecer, son el binomio de la clásica mancuerna del maestro y el alumno donde éste obtuvo de aquél un aprendizaje por la constante lectura y consulta de su obra; y que sirvió para que el hidalguense llevara hasta las últimas consecuencias periodísticas el ejemplo del duranguense. Las biografías de ambos son vasos comunicantes. Sus vidas y obras corren paralelas con los factores comunes de una ética republicana en el contexto de un ejercicio democrático. La coincidencia en su tránsito de la imprenta a la prensa escrita, con diferentes medios por las innovaciones del tiempo –pero similares fines– los hacen piedra de toque del periodismo nacional mexicano, y puntos de partida para el análisis histórico del quehacer de dos personas que, en sus diferentes épocas, imprimieron su individualidad creadora y singular del trabajo periodístico.

En la delegación Cuajimalpa de la Ciudad de México (que está en vísperas de pasar a la calidad de una nueva entidad, la número 32 de las que integran la federación, conservando el domicilio federal de los Poderes de la Unión) se encuentra un campus de la Universidad Autónoma Metropolitana que, para recordar al periodista hidalguense, ha instituido la Cátedra Granados Chapa, para los alumnos de comunicación y periodismo. La inauguración tuvo lugar en el Aula Magna y en el acto intervinieron los periodistas Virgilio Caballero, Humberto Musacchio, Francisco Paoli y Carmen Aristegui, con una muestra gráfica de Pedro Valtierra.

Quienes sean convocados a las exposiciones, dentro de varios otros temas, discutirán la obra periodística de Miguel Ángel Granados Chapa, con una antología de ésta como material para el aprendizaje en licenciatura, maestría y doctorado del periodismo que marcha por aceleradas transformaciones teóricas para guiar, en la experiencia cotidiana, el desempeño de una profesión que apenas será semejante con lo que fue de Francisco Zarco Mateos a Miguel Ángel Granados Chapa. De los varios ensayos biográficos que existen de Zarco hay uno excepcional de Raymond C Wheat: Francisco Zarco: el portavoz liberal de la Reforma, con traducción de Antonio Castro Leal. Y sobre Granados Chapa hay dos trabajos de gran mérito: Por la izquierda. Medio siglo de historias en el periodismo mexicano contadas por Granados Chapa, escrito por Silvia Cherem S, con el sello editorial Khalida. La otra biografía es de Humberto Musacchio: Granados Chapa: un periodista en contexto, publicada por Temas de Hoy.

Pero claro, nada hay como repasar lo escrito por este Francisco Zarco contemporáneo, que gira en torno a su célebre columna Plaza Pública, que fue el Areópago, la Areopagítica de John Milton, quien defendió la libertad de prensa con alegatos constitucionales, democráticos y republicanos, igual que Francisco Zarco. Ésta es, me parece, la obra principalísima en cuyo honor se ha implantado la Cátedra que ha de ir de la libertad de imprenta a la libertad de prensa, de información y de crítica. Abogado que fue toda su vida de periodista abogó por las libertades en general –ahora derechos humanos–, combatiendo por ellas con la cultura, los razonamientos y la hidalguía que poseía para el desempeño incansable de su trabajo, de la actividad de periodista.

Hilando sustantivos y raramente adjetivos, Granados Chapa fue un lector incansable con una memoria prodigiosa, filosa, capaz de recordar e invocar, en cualquier momento (y particularmente al redactar su columna, sus reportajes, sus notas y para corregir textos), los detalles más ínfimos de algún suceso. Fue profesor de periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México, a la que veneró con el espíritu laico que siempre practicó. Y de una austeridad republicana para vivir y convivir en un ambiente no precisamente de honradez, que lo convirtió en un periodista como lo fue Francisco Zarco.

La Cátedra Granados Chapa ha de ser un crisol donde nuevos periodistas continúen los ejemplos de Francisco Zarco y Miguel Ángel Granados Chapa que nuestro país-nación necesita, y de la que ellos dos fueron defensores que sin concesiones ejercieron las libertades de prensa, de información y crítica, con democracia y republicanismo en un Estado de imperio de la ley, para gobernar en beneficio del pueblo con un periodismo como contrapoder.

Álvaro Cepeda Neri*

*Periodista

 

 

 

Contralínea 409 / del 27 de Octubre al 01 de Noviembre 2014

 

 

 

 

 

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