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La marcha siguió sus pasos. Cada lugar recorrido. La terminal de donde se llevaron los autobuses; la calle en que fueron embestidos; la clínica que les negó la atención médica (Hospital Cristina); el lugar que vio perecer a dos de ellos.

 
Con altavoces, los caminantes pedían a los vecinos del lugar que les reportaran cualquier rastro de los jóvenes de Ayotzinapa detenidos-desaparecidos desde hace ya 26 días. Nadie dijo nada.
 
Con los ojos húmedos, los pobladores de Iguala recordaban, entre murmullos, que nada pudieron hacer por los muchachos normalistas que aquella noche fueron cazados por policías y criminales. “¡Cómo íbamos a salir, si había gente armada!”, se lamenta una mujer de cabellos grisáceos.
 
De nuevo los recintos del poder político fueron blancos de furia. Antes, ardieron el palacio de gobierno y la sede del Partido de la Revolución Democrática, en Chilpancingo. Ahora, al fin, el ayuntamiento de Iguala, guarida del ex alcalde José Luis Abarca, aliado del grupo delincuencial Guerreros Unidos y quien habría ordenado el ataque contra los ayotzinapos, como él mismo los nombraba, siempre con desprecio.
 
 

Minutos después de las 13 horas, la sede del ayuntamiento ya desprendía una negra y espesa nube que se alzaba sobre el símbolo tricolor de su fachada. Antes, el estruendo de decenas de cristales estrellados con palos, tubos y resorteras.
 
Sin duda, una jornada de ajusticiamiento popular. Durante el trayecto, dos policías infiltrados fueron detectados y, en consecuencia, exhibidos. Se les obligó a caminar descalzos a la vanguardia de la manifestación, con los zapatos colgados en el cuello. Uno más trepo con destreza por una barda y escapó. Al final, los dos hombres fueron entregados a personal de la Comisión de los Derechos Humanos del Estado de Guerrero.
 
La manifestación dio inicio el 22 de octubre poco después de las 11 horas, luego de que los 22 autobuses que transportaban a padres de familia, profesores, estudiantes e integrantes de organizaciones sociales arribaran al punto de partida. Este es el primer recorrido colectivo en Iguala, luego de los hechos violentos del 26 y 27 de septiembre pasado, que arrebataron al vida a seis personas –tres de ellas, alumnos de Ayotzinapa–, hirieron de gravedad a otras dos y culminaron con la desaparición forzada de 43 estudiantes.
 
Sobre el periférico norte, justo en el lugar en donde perdieron el aliento Daniel Solís Gallardo y Jhosivani Guerrero de la Cruz, se alza un modesto altar. Veladoras, la figura de un cristo, dos floreros, uno de ellos improvisado con una botella de detergente. Ahí concluyó el mitin de esta tarde.
 
La voz de un hombre provocó el llanto de los presentes. No quiso identificarse; tampoco decir el nombre de su hijo. Tan sólo se presentó como el padre de uno de los muchachos desparecidos. “Somos padres. Sentimos este dolor. Mucho se ha dicho de tantas fuerzas federales y estales. De que en este lugar se está llevando a cabo la búsqueda. Para nosotros que somos padres, para los que estamos sufriendo el dolor no es fácil aceptar que cuando a nuestros hijos los mandamos a una escuela para superar y lograr mejorar nuestro país, a nuestros pueblos, que el gobierno acabe con nuestra sangre, acabe con nuestra generación, acabe con nuestros hijos”, pronunció siempre con voz entrecortada.
 
Y remató: “Desde aquí, espero en Dios, que nuestros hijos, entre ellos está uno de los míos, estén con vida en el lugar en que los tenga secuestrados el gobierno. Nosotros como padres, daremos la vida por estos hijos”.
 

Como ocurrió durante la marcha del pasado 17 de octubre en Acapulco  , la población mostró apoyo al movimiento de Ayotzinapa. Decenas de familias salieron a las calles a repartir agua, naranjas y también globos blancos. Otras, simplemente, exhibieron carteles con trazos solidarios.
 
De acuerdo con información vertida por integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en Guerrero, del 13 de octubre a la fecha, han sido tomadas 19 alcaldías, de las 81 que existen en el estado: Tlapa, Huamuxtitlán, Xochihuehuetlán, Alpoyeca, Olinalá, Xalpatláhuac, Cualac, Chilpancingo de los Bravo, Tixtla de Guerrero, Mártir de Cuilapa, Apango, Ayutla, San Luis Acatlán, Chilapa de Álvarez, Atoyac de Álvarez, Tecpan de Galeana, Petatlán, Zihuatanejo e Iguala de la Independencia.
 
Otros cuatro ayuntamientos también fueron tomados aunque sólo durante 24, “por cuestiones de seguridad”: Unión de Isidro Montes de Oca, Ometepec, San Marcos y Marquelia.
 
 
 
 
 
 
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