Se cae el mundo

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Época de tormentas: ¡quién lo duda! Para el ciudadano de a pie, las lloviznas que no cesan en una parte del territorio nacional. En otras, las consabidas matazones a pesar de que las cifras oficiales nos digan que todo mejora. Para quienes reciben huracanes, de nada sirven los anuncios de Claudia Ruiz Massieu: lo importante es que los cimientos están sólidos y todo volverá a la normalidad pronto, pues cuando menos en 3 meses no tendrán los elementos básicos: luz y agua potable.

Pero incluso para los aparentes triunfadores, las calamidades se suceden a ritmo de música moderna o con vistas a agotar el Tafil para los nervios y poder dormir. Entre estos últimos tenemos al galardonado al máximo en el extranjero: Enrique Peña Nieto.

El Ejecutivo iba a tomar un avión a Guerrero y suspendió el viaje por el secuestro de normalistas, el asesinato de varios ciudadanos incluidos futbolistas y el cinismo de las autoridades que andaban en la fiesta o ausentes de sus funciones.

Estaba invitado por Miguel Barbosa –quien ya no es parte de los Chuchos–, más halagador del Ejecutivo que los priístas mismos; y envió en su lugar a Miguel Ángel Osorio Chong, ya que los panistas le hicieron el feo y Javier Corral, junto con otros senadores, quería interpelar a Enrique (cómo te recordamos, Porfirio Muñoz Ledo).

Prefirió el hombre de Los Pinos, una vez más, ir al Estado de México. Ya sabemos de las ineptitudes de Eruviel Ávila, quien no obstante las Fuerzas Armadas a su servicio no puede controlar a los cárteles, pero el antaño gobernador de la entidad se siente, sicológicamente, como en familia cerca de Atlacomulco.

Antes tuvo que aceptar que fueran a un tribunal ocho soldados, siete rasos y un teniente, para que respondan acerca de la matanza en Tlatlaya, precisamente en el Estado de México; aunque únicamente tres serán consignados ante la autoridad (¡insólito!). Asunto que habían minimizado Eruviel Ávila, la Procuraduría General de la República, las fuerzas –llamadas– del orden y hasta los informativos nacionales, hasta que medios internacionales investigaron y sacaron una versión que pone en entredicho la lucha contra el narcotráfico. Ese análisis le fue mostrado a Peña Nieto en Estados Unidos y necesariamente tomó medidas, aunque no sean contundentes.

En Jalisco, por cierto, hace varios días que secuestraron y asesinaron al diputado priísta de aquella entidad, Gabriel Gómez Michel. Pero el gobernador Aristóteles Sandoval –cuyo padre hace negocios constantes a nombre de su vástago– está en la nada.

De repente, por la impericia de sus subordinados –ya que la exdirectora del Instituto Politécnico Nacional, Yoloxóchitl Bustamante lo fue– se desata una rebelión en uno de los centros que fundó e impulsó Lázaro Cárdenas. “¡Justicia divina!”, exclamaría un nacionalista, ya que si bien la reforma energética no concitó una gran manifestación, ahora los estudiantes mostraron que no están dormidos, sino listos para reivindicarse como auténticos ciudadanos (Raúl Álvarez y su ejemplo).

Para agregarle agua a los frijoles, el peso ha llegado a niveles de cambio por dólar inimaginables, y hasta el financiero del año –según Euromoney–, Luis Videgaray, reconoce ahora que la situación económica del país no está para echar cuetes sino recoger varas.

Así pues, los problemas se acumulan sin parar y las soluciones se postergan, algo común en una administración que sedujo a las cúpulas de sus proyectos y desdeñó a las bases de cualquier apoyo serio, responsable. Tanto así que hasta Rosario Robles, quien no tenía por qué angustiarse (dicho peñista), ahora tiene reclamos en la legislatura y hasta al otro extremo del Continente, en este caso de parte de su otrora “querido”, Carlos Ahumada.

Frente a esas tormentas no naturales sino totalmente políticas, Peña Nieto ha tenido que reaccionar para no asumir todas las culpas.

Por un lado, ha dicho que es legítima la protesta de los estudiantes. Y ellos, antes de la marcha del pasado 30 de septiembre, a la cual asistieron 50 mil alumnos, habían dado a conocer su pliego petitorio: fuera Yoloxóchitl Bustamante, derogación del reglamento interno y no a los nuevos planes en los Centros de Estudios Científicos y Tecnológicos. Tuvieron los manifestantes una primera victoria, hicieron que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, leyera (mal) sus reclamos.

Si no hay alguna provocación gubernamental, como intentara la tramposa Bustamante, ganarán los muchachos rápidamente, ya que no es posible tener más fierros en la lumbre.

En Guerrero, Peña Nieto llamó al gobernador Ángel Heladio Aguirre a asumir su responsabilidad e intentar resolver cuestiones importantes: encontrar a los normalistas desaparecidos, dar con el asesino del secretario general del Partido Acción Nacional en la entidad, Braulio Zaragoza, y evitar que la explosividad en Acapulco continúe.

Por lo pronto, el alcalde de Iguala, donde ocurrieron los increíbles acontecimientos de 57 secuestrados y seis muertos, José Luis Abarca, quien bailaba mientras ocurrían estos inconcebibles sucesos, ya pidió licencia. Pero quien llegó a la gubernatura por medio del Partido de la Revolución Democrática y tienen entre sus colaboradores a hijos de exmilitantes del Partido Comunista de México, simplemente continúa viajando a costillas del presupuesto oficial.

¿Qué ocurrirá con el explosivo coctel?

Veremos el siguiente capítulo de esta serie que ha pasado de la felicidad a la angustia.

Hace tiempo el subcomandante Marcos les dijo a los políticos, “bienvenidos al infierno”, y no hicieron caso de la conseja.

Jorge Meléndez Preciado*

*Periodista

 

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Contralínea 407 / del 12 al 18 de Octubre 2014

 

 

 

 

 

 

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