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Hojeo el periódico y me doy cuenta de que las prisiones del país se pueblan de presos políticos, tanto por lo que José Revueltas llamaba “valentía desesperada” de luchadores y líderes sociales como por la virulencia de esa especie de tiña arraigada que es el poder corrompido, y que periódicamente recrudece en este México al que él se refería, con tino, como “reo”, o también llamándole “abominable país”. Si además de esto constatamos un incremento en la cantidad de asesinatos políticos, cómo no evocar las palabras de Eduardo Galeano al referirse precisamente a Revueltas: “en México el poder asimila o aniquila, fulmina de un abrazo o de un balazo: a los respondones que no se dejan meter en el presupuesto, los mete en la tumba o a la cárcel”.

La cifra es aún mayor si asumimos la definición más generosa de “presos políticos” como aquellos que cometen, más allá de sus escrúpulos “pequeñoburgueses”, actos “delictivos, criminales”, con fines políticos, tal como siempre los han considerado las leyes de amnistía habidas en nuestro país desde la década de 1970, y como también los considera la política interna de Amnistía Internacional, según lo ha señalado Julian Assange, fundador de WikiLeaks.

Y es que la rapiña expoliadora, la desenfrenada actividad predatoria por parte de los representantes y ejecutores del neoliberalismo campante es, en realidad, una guerra declarada a los más oprimidos, a esos desposeídos con los que Revueltas alcanzó una identificación y comunicación sólo posible por la congruencia que le permitió su heroica militancia. Permítaseme, pues, una breve evocación de este carnal canero:

Ciertamente se requiere algún grado de insensatez quijotesca para sacrificar comodidad, reconocimiento y “éxito” social en aras de un apostolado tan ejemplar como el de los santos, cuyas vidas tanto gustaba de leer en su infancia, siendo, en palabras de Octavio Paz, “uno de los hombres más puros en México”; sin embargo, fue olvidado y marginado pese a que fue un parte aguas en la literatura nacional, renovando el costumbrismo y el realismo de la novela de la Revolución. Su obra (en especial El luto humano) influyó en El laberinto de la soledad, de Octavio Paz, y en Pedro Páramo, de Juan Rulfo.

El vía crucis de este entrañable místico de la Revolución, este personaje dostoievskiano de carne y sangre, que tan bien supo describir el submundo, sórdido y hermético, empezó desde que lo obligaron a “festejar” sus 15 años en la Correccional por haber participado en un mitin de protesta, así como cuando 2 años después lo enviaran a las Islas Marías, a donde volvió a sus 20 años y de donde regresaría con su justificada fobia a insectos, pitufos y tiras de toda laya.

Congruente hasta el aislamiento y el ostracismo, apuesta por una novela realista crítica, o como él decía, “de realismo dialéctico”, teñido de una visión apocalíptica (marcando sana distancia del “realismo socialista” del arte soviético). Esa postura lo condujo a notorios encuentros y desencuentros con otros escritores marxistas mexicanos: Abreu Gómez, De la Cabada, Huerta, Henestrosa, Lizalde, González Rojo… Ejerció así una lúcida crítica tanto a tirios como troyanos no sólo en sus novelas (destacándose El luto humano, Los días terrenales, Los errores y El apando), sino incluso en sus textos teóricos, en especial el Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, donde no escatima fundados cuestionamientos a la izquierda autóctona, a las oscilaciones ideológicas del Partido Comunista Mexicano (PCM) y sobre todo disecciona al Partido Revolucionario Institucional (PRI), no ya como un producto de la Revolución de principios de siglo, sino como una pieza fundamental, un órgano degenerativo del sistema social de opresión y de componendas corrompidas que traicionó la cuna de su primigenia ideología. Aún más, en sus crónicas y notas policiacas, en las que se anticipa por cierto al “nuevo periodismo”, emplea la pluma como fusil.

Sus incursiones en el cine y el teatro (su guión sobre Zapata o la puesta en escena de El cuadrante de la soledad) fueron también acompañadas del escándalo exitoso, escándalo que se extendió a su vida privada, ya que al ser un dipsómano solía ser aquejado de fuertes remordimientos al más puro estilo dostoievskiano, padeciendo en sus últimos años una real pobreza, describiéndose a sí mismo como un “trashumante” desde sus 50 años, alojándose ocasionalmente en casa de algún cuate, luego de otro, y así, sufriendo incluso de nuevo la chirona, ahora en Lecumberri, a sus 54 años, de donde saldría 3 años después, en 1971, ya con la salud quebrantada, irreversiblemente. Prolongó aún el martirio que sufría por la falta de dinero (teniendo que sostener a una numerosa familia), contrayendo matrimonio por tercera ocasión. No cesó, sin embargo, el naufragio existencial, económico, moral, partidista y familiar que había iniciado al menos 5 lustros atrás. Revueltas estaba persuadido de que existe un tipo de sufrimiento que trasciende la conciencia individual, que se constituye en un eficaz medio de liberación, transitando así siempre por “el lado moridor” de la vida.

Así pues, pese a sus 27 tomos escritos y el Premio Xavier Villaurrutia (entregado irónicamente 1 año antes de su última cana por Agustín Yáñez, quien siempre le escamoteó todo apoyo y cuya bella prosa deslustró con su rol de solícito oficiante del poder constituido) fue ingratamente retribuido, expulsado incluso dos veces del PCM y de la propia Liga Leninista Espartaco, de la cual fue fundador y de la que algunos miembros salieron para engrosar la guerrilla sesentera y setentera. Vivió, qué duda cabe, situaciones extremas de la condición humana, tal y como lo hicieron sus personajes.

Respecto a mi propio testimonio como preso político podría decirles que, considerado subversivo de siete suelas, me acusan junto con mi hermano Adrián del secuestro de una de las hijas de Dionisio Pérez-Jácome, prinosaurio de la vieja guardia, hermana del cómplice y secretario de Comunicaciones y Transportes del usurpador de triste memoria Calderón Hinojosa, cuñada de Martín Díaz Álvarez, uno de los principales responsables del gran fraude de Oceanografía… En fin, también somos acusados de intentar el plagio de una prima hermana de Margarita Zavala, prima hermana también de la conocida panista Mariana Gómez del Campo, y de Marcia Gómez del Campo, dueña de la siniestrada Guardería ABC de ignominiosa memoria; es decir, miembros conspicuos de una clase político-empresarial que en la impunidad comete grandes delitos que afectan no a dos familias sino a millones de ellas, que saquean sistemáticamente al país e infringen la ley con total despreocupación, sin que usualmente se les moleste ni con el pétalo de una averiguación previa, según lo puedan rastrear en la red. Después de padecer junto con la familia más de 18 años de una lucha notoriamente desigual, francamente no considero una deshonra el que me atribuyan estos hechos, después de todo ya hemos pagado con creces lo que se nos imputa, rebasando los dos tercios de nuestra sentencia, por lo que por ley tenemos derecho ya a beneficios de preliberación, máxime que contamos con reconocimientos excepcionales de parte de diversas autoridades (incluidas las penitenciarias), instituciones y organismos.

En un desliz más autobiográfico me gustaría mencionar que mi currículum “subversivo” dio inicio, públicamente, desde mi alma mater, la Universidad Iberoamericana, donde fui máximo representante estudiantil como coordinador general de la Asamblea de Sociedades de Alumnos (ASA), con un equipo inquieto de izquierdosos, fundador de una célula del Partido Comunista ahí, junto con dos compañeros mexicanos, un sudamericano, y una lúcida compañera que fue asesinada en circunstancias no del todo aclaradas. Debido en parte a un premio nacional de sicología por mi tesis de licenciatura fui impulsado por algunos jesuitas teñidos un tanto por la llamada Teología de la Liberación, en todo caso partidarios de la “opción preferencial por los pobres”, para ser presidente del Colegio Mexicano de Sicólogos, AC, y como tal, uno de los siete integrantes originales del Comité Mexicano para la Práctica Internacional de la Sicología, cuestionando la pertinencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte; y después criticándolo abiertamente, incluso en mis cátedras universitarias, llegando al grado de intentar la formación de un frente, no público ni oficial, de oposición a dicho Tratado, quedándome corto en mis lúgubres predicciones sobre sus funestos efectos, como pueden confirmarlo en mi artículo en Contralínea del 31 de marzo pasado, donde retomo la batalla. En fin, en la Universidad Iberoamericana cíclicamente se manifiestan grupos atípicos que contrastan con la gélida apatía imperante en ese recinto, razón por la cual saludo con orgullo al movimiento #YoSoy132.

Desde aquí he enviado algunas ponencias que se leen en estrados donde he tenido el honor de que estén otros presos políticos como el general Gallardo (¡vaya antonomasia!), los hermanos Cerezo, Érika Zamora, David Cabañas, Felipe Canseco (ambos miembros de Izquierda Democrática Popular junto con personalidades como el catedrático Alberto Híjar y el doctor Martínez Soriano, organización que tanto a Adrián como a mí nos han reconocido formal y públicamente desde hace años como miembros de la misma y que lucha por un mejor país) entre otros; asimismo, con dinero de los premios literarios, he mandado a repartir volantes coloridos a los legisladores que en su momento impulsaron una prometida e incumplida Ley de Amnistía de Presos Políticos. Pese a los galardones literarios y culturales, de haber fundado un Libro Club (al que puse, claro, José Revueltas, mismo nombre del Premio Nacional de Cuento que se me llegó a otorgar), de haber publicado en la Gaceta del Fondo de Cultura Económica, así como haber escrito siete libros, aún inéditos, durante mi reclusión, actualmente las autoridades del Reclusorio me han retirado la vieja máquina y el espacio en los que elaboraba mis textos, así como colaboraciones incluso para la misma Gaceta local o donde preparaba algún material para las clases que imparto, sin devolvérseme aún, a más de medio año de haberse llevado, con la máquina, mis archivos literarios, teniendo que suspender también mis incipientes colaboraciones en Contralínea.

Finalizo mencionando que tanto Adrián (que teniendo ya una carrera profesional ha concluido otra desde aquí) como yo iniciamos desde hace más de 1 año y medio los trámites para que se nos conceda la remisión parcial de la pena, a la que por ley tenemos derecho, poniéndosenos tantas trabas, demoras burocráticas e incluso chicanadas, que en su momento ni al comandante Antonio   y a la coronela Aurora  les pusieron cuando emprendieron la misma ruta jurídica estos líderes del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente. Actualmente el ping pong se lleva a cabo entre el Quinto Tribunal Colegiado del Primer Circuito, el Juzgado 11 de Distrito de Amparo y la Primera Sala del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, la más reacia.

El compañero Revueltas decía que sus estancias en prisión eran como “becas” para estudiar; no obstante terminan saliendo muy costosas, como su propia vida lo corrobora. Tras casi 2 décadas en cautiverio siento haber ya cursado dos doctorados, además del diplomado impartido por el Sikh Center para formar maestros de Kundalini Yoga, lo que por otra parte me ha sanado de cualquier rencor, llevándome venturosamente a un plano mayor de desapego y perdón (propio y ajeno).

Deseoso estoy de compartir estos conocimientos y hallazgos, verdaderos tesoros del inframundo que según las mitologías antiguas sólo se encuentran en tal lugar, al que nadie quiere ir –por cierto– y donde los posgrados, compañero mayor José Revueltas, resultan muy onerosos después de tanto tiempo, y no sólo económicamente, sino para uno y la familia.

Enrique Aranda Ochoa*

*Escritor y poeta; maestro en literatura mexicana y en sicología clínica; considerado preso político por el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, OP, AC, y Amnistía Internacional, entre otros organismos defensores de derechos humanos nacionales e internacionales; actualmente encarcelado en el Reclusorio Sur

 

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Contralínea 407 / del 12 al 18 de Octubre 2014

 

 

 

 

 

 

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