Autor:

Los soberanistas escoceses lejos están de haber perdido en el pasado plebiscito en el que se rechazó la independencia de Escocia del Reino Unido. Ahora contarán con mayor autonomía y prerrogativas, y pronto crearán nuevas condiciones para volver a someter a los electores otra consulta en la que se vote la independencia de esa nación. Los más jóvenes, quienes más votan por la libertad. El ejemplo escocés resuena en otras regiones de Europa, las cuales también demandarán soberanía

Antonio Rondón/Prensa Latina

El rechazo a la soberanía escocesa en un reciente referendo parece dejar esfumados los sueños de los independentistas, aunque las condiciones a cumplir por Londres para conceder más autonomía podrían crear una base para futuras batallas separatistas.

La victoria de los unionistas, con el 55. 3 por ciento de los votos, pero con el 44.7 por ciento de los soberanistas, demostró por sobre otras cosas la división creada en torno a un tema crucial para Escocia y todo el Reino Unido, que de seguro irá más lejos.

Edimburgo abrió una caja de Pandora que, aunque será defendida como un puro ejercicio de la democracia en Occidente, crea serios problemas para la monarquía constitucional británica de varios siglos de existencia.

Las cuatro naciones del Reino Unido (Escocia, Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte) podrían buscar más autonomía, ante las promesas a cumplir por el gobierno de coalición entre conservadores y liberal-demócratas de entregar más prerrogativas a Escocia.

El ministro principal Alexander Salmond expresó su intención de no presentarse en noviembre próximo para la reelección al frente del Partido Nacional Escocés (SNP, por su sigla en inglés) y, por tanto, de tampoco continuar al frente del Ejecutivo autónomo.

Sin embargo, la salida de Salmond, con 20 años al frente del SNP y desde 2011 el principal promotor del referendo soberanista, para nada pondrá fin a las aspiraciones de independencia de los escoceses.

Curiosamente, la mayoría de los 120 mil jóvenes de 16 años que votaron por primera vez en el plebiscito favoreció el “sí” y pueden convertirse en un futuro en los promotores de un proceso similar.

El 57 por ciento de los interpelados por la firma ICM antes de la consulta popular del 18 de septiembre de este año entre los jóvenes y trabajadores respaldaba las ideas que Salmond defendió cuando firmó el acuerdo para el plebiscito, en octubre de 2012.

Muchos medios consideraron que el primer ministro David Cameron obtuvo una victoria pírrica en las urnas, pues aunque dejó atrás el susto de la amenaza de un triunfo independentista, deberá enfrentar riesgos separatistas en el futuro.

Cameron ya prometió más autonomía para los ingleses, galeses y norirlandeses, aunque la página canadiense Global Research considera que alejado del ojo público el Ejecutivo conservador pudiera estar, por el contrario, enfrascado en blindar al gobierno y evitar la repetición de votos como el escocés.

De momento, la mirada de Edimburgo, aunque no sea la de Salmond, estará puesta en la discusión y adopción de leyes para enero de 2015 relacionadas con la autonomía.

La discusión del tema de la soberanía dejó en una profunda crisis al Partido Laborista de Escocia, pues el apoyo de casi la mitad de sus miembros al voto soberano creó una profunda división.

El laborista de origen escocés y exprimer ministro Gordon Brown se convirtió en uno de los principales promotores de Juntos Podemos, la campaña de Londres para evitar la separación de Escocia.

Brown salió fortalecido desde el punto de vista político, después de estar varios años fuera del centro de las decisiones nacionales, destaca la revista Newsweek.

Global Research explica que el avance de los partidarios del “sí” obligó al gobierno británico a dedicar sumas millonarias a organizar una campaña para defender la unión.

Los argumentos pasaron por la amenaza de quedar sin la libra esterlina en una Escocia soberana, la reducción de las jubilaciones o hasta llegar al punto de reclamar que la idea de la separación no era buena y apelar al corazón de los escoceses.

Además, se utilizó el argumento de que votar por la independencia era un paso que no era digno de riesgos y se llamaba a mantener el estatu quo, en lugar de desafiar a Londres y a toda Europa con la independencia.

Un incómodo ejemplo

La celebración del referendo en Escocia, aun cuando dejó a los soberanistas con un sueño a primera vista esfumado, fue seguida por la Unión Europea con mucha preocupación, pues considera que ese ejemplo puede dar otros dolores de cabeza a Europa.

De hecho, muchos políticos catalanes viajaron a Escocia para observar de cerca cómo se organizó la consulta popular, qué argumentos se ofrecieron a favor de esa práctica, las vías legales para hacerlo y los retos a afrontar en caso de separación.

Cataluña representa la segunda ocasión en España en que se intentaría una separación, pues la primera ocurrió en 2008, cuando se intentó un plebiscito en el País Vasco.

En ambos casos, a diferencia del Reino Unido, el gobierno español evitó en todo momento la realización del referendo. De hecho, Madrid amenaza a la Generalitat con poner todas las trabas posibles para impedir un plebiscito el 9 de noviembre de este año.

Además, Flandes también podría imitar a Escocia cuando la historia muestra varios casos de separación, como ocurrió en 1922, en Irlanda; en la India, en 1947; el de Kosovo y Serbia o el de Sudán del Sur en 2013, mientras que está pendiente el de la nación kurda.

Por otro lado, la celebración de plebiscitos está lejos de satisfacer a la dirección del bloque comunitario, pues para nada está interesada en la participación de los europeos en decisiones mediante consultas populares.

Tales prácticas son capaces de fracturar la unidad comunitaria, por lo que la realización del referendo es visto como beneficioso para el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP, por su sigla en inglés), de tendencia antiinmigrante y euroescéptica.

Precisamente, el negativo ejemplo brindado por Cameron de buscar la ruptura con la Unión Europea para repatriar prerrogativas en materia de inmigración, jurisdicción, movimiento de fuerza laboral y otras áreas, reforzó las posiciones de los soberanistas escoceses.

El 15 de octubre de 2012, Cameron no pudo poner objeciones a Salmond para pactar un acuerdo con el fin de permitir la consulta popular.

La ampliación de la legión de euroescépticos en el Reino Unido llevó al UKIP, como ocurrió con otros partidos ultraderechistas en Europa, a convertirse en una importante fuerza política, por encima de los liberal-demócratas, socios menores de los conservadores.

Ello aumentó la presión sobre Cameron para arreciar su discurso contra las instituciones del bloque comunitario, del cual el Reino Unido es un Estado fundador.

La victoria del “no” podría adicionar adeptos al UKIP, pues la discusión de la soberanía y la de poner en duda el control central de Londres puede compararse con la relación entre el Reino Unido y la UE, especula The Economist.

El reto para Cameron podría consistir ahora en dispersar los aires separatistas que empiezan a soplar con más fuerza en el Reino Unido, sumido en una de sus peores crisis constitucionales desde su creación.

Antonio Rondón/Prensa Latina

 

 

 Contralínea 406 / del 05 al 11 de Octubre 2014

 

 

Comments

comments