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Una mujer con sombrero y lentes oscuros, de manos regordetas, saca el único billete que hay en su monedero; conserva para sí apenas un suelto. Unos pies tostados reaccionan ante el rosar de esas manos tibias. “Tome señor, aunque para un refresco”, dice la mujer mientras extiende los brazos en dirección al hombre de huaraches de ixtle.

Es 8 de octubre de 2014. Una tarde de consignas y cantares rabiosos. Una extensa manifestación arriba al zócalo capitalino. Los oradores hacen de las suyas, pero los últimos contingentes aún están lejos de culminar su recorrido. De acuerdo con los cálculos oficiales, al menos unas 15 mil personas participaron de la manifestación.

El hombre, padre de uno de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, Guerrero, recibe con humildad el billete de 20 pesos. Desde el templete donde está trepado, agradece con palabras y con espontánea reverencia.

El campesino toma el micrófono. A su lado derecho, guardias presidenciales custodian el Palacio de Gobierno. Su discurso en contundente: “No pedimos plazas en el gobierno o dinero, sólo queremos que nos devuelvan a nuestros hijos desparecidos por la fuerza, que nos los entreguen vivos”. La multitud le responde: “¡No están solos! ¡No están solos!”.

El padre de familia está dolido y desesperado. Así lo manifiesta. La desaparición de los normalistas rurales, entre ellos su hijo, es el motivo. También el asesinato de tres jóvenes, uno de los cuales fue desollado. “El único delito de nuestros hijos es ir a una escuela pública y tener el sueño de estudiar”.

Otro hombre en la misma situación, complementa el mensaje: “Estamos indignados. No es justo que con actos vandálicos las autoridades de Iguala, cuna de la independencia, vuelvan a derramar sangre. No es justo que esa sangre sea de jóvenes que quieren salir adelante y luchar dignamente”.

Integrantes del Comité Ejecutivo Estudiantil Ricardo Flores Magón de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero, encabezan el mitin. Lamentan que “el diálogo de las balas” sea el precio que tienen que pagar en México los hijos de campesinos de escasos recursos.

Lamentan, asimismo, que la lucha interna entre partidos esté desviando la atención de la opinión pública de lo esencial: la demanda de justicia por hechos de violencia del 26 y 27 de septiembre pasados en Iguala, que dejaron como saldo seis muertos, 26 heridos y 43 normalistas desaparecidos.

La marcha, que se sincroniza con diversas protestas a nivel nacional e incluso internacional, es para exigir el castigo de los responsables materiales e intelectuales de estos actos, entre ellos funcionarios públicos, así como la presentación con vida de los estudiantes desaparecidos forzadamente.

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