Obama: “si vis pacem”…

Autor:

Adrián Mac Liman*/Centro de Colaboraciones Solidarias

El presidente de Estados Unidos, Barack Hussein Obama, sorprendió a propios y extraños al afirmar ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas que “…este es el mejor momento de la historia humana”. El mejor momento para nacer, recalcó el actual inquilino de la Casa Blanca, en un acalorado discurso en el que defendió el papel de Estados Unidos, potencia que promueve “la paz y la estabilidad” a nivel planetario.

¿Paz y estabilidad? Si algo se parece a una guerra es el gigantesco operativo “pacificador” del Nóbel de la Paz 2009, Barack Obama. Los ataques aéreos contra los radicales del Estado Islámico, llevados a cabo con el apoyo de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Baréin requieren una intervención terrestre. Curiosamente, ningún país occidental parece dispuesto a mandar tropas a la zona. ¿Serán los gobernantes árabes los artífices de la victoria final contra el Estado Islámico, los verdugos de aquellos desalmados terroristas? No hay que olvidar que algunos regímenes prooccidentales de la región avalaron la creación de agrupaciones radicales islámicas –Al-Qaeda, Estado Islámico, el Frente Al Nusra– financiando, entrenando y armando a los rebeldes. La vocación de Arabia Saudita no es de combatir el Islam, sino de velar por su expansión en el mundo.

Si algo se parece a una guerra es la inestabilidad de Oriente Medio. A la crisis política de Irak, fomentada por los partidarios del enfrentamiento entre chiítas y sunitas, se suma la guerra civil de Siria, desencadenada por quienes deseaban acabar con el régimen autoritario de Bashar al-Assad. Mas la primavera árabe no pudo con el hombre fuerte de Damasco. Quedaba, pues, el viejo y socorrido recurso de la desestabilización. En ese contexto, las víctimas civiles, decenas de miles de víctimas, figuran en el apartado de los daños colaterales, eufemismo ideado por los estrategas militares para no emplear la palabra muertos.

Si algo se parece a una guerra es el interminable enfrentamiento entre israelíes y palestinos, un conflicto en el cual Estados Unidos actúa como juez y parte. En efecto, ninguna administración estadunidense se atrevió a plantar cara a Israel, ninguna se pronunció abiertamente a favor del derecho de autodeterminación del pueblo palestino. Durante la última ofensiva israelí contra la Franja de Gaza, la postura sumamente cauta de Obama provocó la ira de algunos gobiernos árabes, que acostumbran defender a los “hermanos palestinos” con palabras, palabras y más palabras.

Si algo se parece a una guerra son los operativos bélicos llevados a cabo en los últimos 3 lustros en Afganistán, feudo y refugio de Osama bin Laden; Paquistán, donde los ataques con drones causaron la muerte de 4 mil personas; Yemen o Libia. De hecho, la desaparición de Muamar el Gadafi no dio paso a la democracia. Al contrario, el país africano vuelve al tribalismo reinante durante la época de la monarquía.

Si algo se parece a una guerra es la caótica situación generada en Ucrania tras el golpe de palacio que acabó con la Presidencia de Víktor Yanukóvich, el político que se negó a firmar el acuerdo de asociación con la Unión Europea. De hecho, Berlín y Washington parecían muy interesados en que ello sucediera. En el caso de la canciller Angela Merkel, para recuperar una antigua zona de influencia germana en Europa oriental; en el de la administración de Obama, para estrechar el cerco contra Rusia. La insistencia de Moscú en no abandonar su ya de por sí limitada esfera de influencia (sus antiguos aliados del Pacto de Varsovia pertenecen hoy en día a la Organización del Tratado del Atlántico Norte) fue interpretada como una declaración de guerra por la Casa Blanca, el Pentágono y la propia Alianza Atlántica. Una guerra tibia, que desembocó en la adopción de una serie de sanciones contra Rusia. Otro error de cálculo: la reacción de los rusos, sean estos partidarios o detractores de Vladimir Putin, ha sido diametralmente opuesta a las previsiones de Occidente. No, Rusia no deja de ser una gran potencia.

Una gran potencia que, según las palabras de Barack Obama ante la Asamblea General de la ONU es, después de la mortífera epidemia de ébola, la segunda mayor amenaza de la escena mundial. El Estado Islámico ocupa el tercer lugar en la lista. Pero nadie habla, al menos de momento, de una coalición para bombardear a Rusia. De momento…

 

Adrián Mac Liman*/Centro de Colaboraciones Solidarias

*Analista político internacional

 

 

 

 Contralínea 406 / del 05 al 11 de Octubre 2014