Autor:

I. Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz eligió el nombre de Amado Nervo para escribir sus versos-poesías-prosas, iniciándose como periodista. Nayarita y mexicano universal (1870-1919), permanece inmortal por sus canciones de amor a la mujer que sublimó en su Ana: “A quien le leía mis versos […] gracias, idolatrada mía, desde el fondo de mis entrañas, por los 10 años de amor que me diste”. Con el chileno Pablo Neruda y el nicaragüense Rubén Darío, Nervo escribió electrizantes poemas, conmovedores y sencillos en su lenguaje que muestran la veneración a lo femenino. En tres palabras nos dejó su autobiografía como un testamento: “Amé, fui amado…” Y sus casi 20 libros de versos se siguen editando, porque sin ellos la literatura latinoamericana y universal estaría huérfana, pues “hizo camino al andar” (como dijo Antonio Machado: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”) para nuevos poetas que han ido sembrado versos y cosechado amoríos.

II. En su libro La amada inmóvil rinde pleitesía al amor de su vida: Ana Cecilia Luisa Dailliez. En vibrante prólogo recuerda a su amada en el ataúd (que nos hace invocar el poema de Manuel Acuña: Ante un cadáver). Dentro del libro está el estremecedor verso En paz, donde Nervo hace la suma y resta de una vida: “Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida/Porque nunca me diste ni esperanza fallida/Ni trabajos injustos, ni pena inmerecida/Porque veo al final de mi rudo camino/Que yo fui el arquitecto de mi propio destino/Que si extraje las mieles o la hiel de las cosas/Fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas/Cuando planté rosales coseché siempre rosas/Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:/¡Más tú no me dijiste que mayo fuera eterno!/ Hallé sin duda largas las noches de mis penas/Más no me prometiste tú sólo noches buenas/Y en cambio tuve algunas santamente serenas…/Amé, fui amado, el sol acarició mi faz/¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”.

III. Románticos poemas que se leen o declaman con la frescura sentimental de cuando fueron escritos. Publicó su primer libro, Perlas negras, en 1898. Es autor de la novela El bachiller, género literario que no volvió a cultivar, pues era esencialmente poeta. Así lo demuestran sus creaciones: “Musa, a los cuarenta y cinco/Hagamos, con más ahínco que nunca: versos de amor/Cubriendo los otoños (y los inviernos)/Con más retoños/De primaveral verdor”. Como un ilusionista nos maravilla sacando flores de colores, mascadas vistosas y un pajarillo que echa a volar. “¡Síguela!, gritaron cuerpo y alma al par/Pero tuve miedo de amar con locura/De abrir mis heridas que suelen sangrar/¡Y no obstante toda mi sed de ternura/Cerrando los ojos, la deje pasar!”. Leer, releer a Nervo es cultivar el sentimiento con sus versos, cuyo arte pensaba que agonizaba: “Dicen que el arte de los versos/Está llamado a perecer/Que pronto no se oirá una estrofa/Ni para mal ni para bien/Que ni en la faz de las mujeres/Habrá poesía (por más que Bécquer opine lo contrario…)” Sin embargo, sus libros siguen editándose, señal de que alguien los está leyendo. Así que sigue vigente la poesía de quien en su obra tiene la entrega fugaz del amor carnal y la permanente devoción del amor para convivir y seguir caminando por la vida, hasta que digamos: “¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”.

Ficha bibliográfica:

Autor: Amado Nervo

Título: La amada inmóvil y Poesías completas

Editorial: Porrúa, colección Sepan Cuántos…
 

Álvaro Cepeda Neri*

*Periodista

 

 

Contralínea 405 / del 28 de Septiembre al 04 de Octubre2014

 

 

 

 

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