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La actual legislatura federal estadunidense es la menos productiva de su historia. La impopularidad de los legisladores podría desmotivar la participación ciudadana en las elecciones de noviembre próximo, cuando Barack Obama se esté jugando el futuro de su administración

Roberto García Hernández/Prensa Latina

El Congreso de Estados Unidos regresó el 8 de septiembre de sus largas vacaciones estivales de 5 semanas, y en lo que le queda de trabajo hasta finales del presente mes tiene ante sí tareas pendientes que debe abordar, al menos en parte, antes de iniciar un nuevo receso para la campaña con vista a las elecciones de noviembre próximo.

En esos comicios estarán en juego los 435 asientos de la Cámara de Representantes –ahora con mayoría republicana– y un tercio de los cargos del Senado, dominado por los demócratas.

Una de las tareas esenciales en esos días será la aprobación de un proyecto de ley con el fin de asignar fondos de emergencia y evitar el cierre de agencias federales por falta de dinero el 1 de octubre próximo –cuando se inicia oficialmente el año fiscal 2015–, así como el plan del presidente Barack Obama para elevar el salario mínimo.

La polémica en torno a la pospuesta reforma migratoria integral, bloqueada por la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, es uno de los asuntos que una buena parte de los electores ansía sea abordado por sus congresistas, pero todo parece indicar que por ahora no será posible.

Obama criticó repetidamente al Congreso en agosto pasado por tomarse unas vacaciones demasiado largas sin actuar sobre aspectos clave como el financiamiento para enfrentar el arribo masivo de niños indocumentados a través de la frontera con México y otros proyectos importantes.

Ante la inacción legislativa sobre la inmigración en general, el jefe de la Casa Blanca dijo el 5 de septiembre que “muy pronto” usará sus facultades ejecutivas y tomará una decisión sobre la base de recomendaciones recibidas del fiscal general, Eric Holder, sin consultar con el Capitolio.

Pero en esta corta sesión del Congreso hasta finales de septiembre, algunos legisladores pretenden analizar una temática de política exterior que mantiene en jaque a Obama y al Partido Demócrata: el debate en torno a la expansión del uso de la fuerza contra las agrupaciones del Estado Islámico en Irak y Siria.

La decapitación de dos periodistas estadunidenses y las constantes informaciones que detallan atrocidades cometidas por los yihadistas en esas dos naciones árabes, son tomadas como bandera por quienes presionan al mandatario para que adopte nuevas medidas de fuerza contra el Estado Islámico.

Durante el receso estival, varios legisladores declararon a medios de prensa sus intenciones de que el Congreso discuta una resolución que autorice al mandatario a emplear más a fondo los servicios armados en esa lucha.

El presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, estima que el Capitolio tomará decisiones respecto del combate contra los yihadistas en Irak después de que la Casa Blanca detalle su estrategia sobre el tema, pero considera cuestionable que esa autoridad se extienda a acciones contra las fuerzas de dicho grupo en Siria.

En ese contexto, en las pocas semanas que quedan de trabajo congresista existen dudas de que haya tiempo para resolver éstas y otras tareas pendientes, en momentos en que los índices de popularidad del Legislativo están en sus peores niveles.

Según una encuesta reciente de la empresa Gallup, apenas el 16 por ciento de los estadunidenses aprueba la labor del Congreso federal, el índice más bajo desde 1974, para 1 año de elecciones de medio término.

El sondeo mostró un descenso de ese parámetro con relación a 2010, año en que la tasa de aceptación del trabajo del Capitolio llegó al 21 por ciento, mientras que en 2002 fue del 50 por ciento.

Otras pesquisas señalan que más del 80 por ciento de los estadunidenses considera incorrecto que los miembros del Congreso pasen 1 mes de vacaciones, fuera de sus oficinas legislativas, porque no trabajan lo suficiente como para merecer tal descanso de verano.

Pero el rechazo de los electores va más allá de lo que sienten por el Congreso. Y, en ese sentido, una pesquisa realizada por el diario The Wall Street Journal y la cadena televisiva NBC News mostró que casi el 80 por ciento de los estadunidenses está insatisfecho con el sistema político de su país.

El 70 por ciento de ellos culpa a sus gobernantes de las dificultades económicas de la nación, mientras que el 71 por ciento cree que el país va por el camino equivocado.

Expertos citados por The Wall Street Journal señalan que esta investigación subraya las dificultades que enfrentarán Obama y sus correligionarios para buscar apoyo del electorado con vista a las elecciones de medio término, que tendrán lugar el 4 de noviembre próximo.

A tal estado de opinión negativo se suma que, según estudios recientes, los congresistas estadunidenses reciben tres veces más dinero en salarios que el promedio que perciben los trabajadores de tiempo completo en Estados Unidos, pero obtienen muy baja productividad en cuanto a la discusión y aprobación de leyes.

Según la organización privada Alianza para la Protección de los Contribuyentes (APC), cada legislador gana alrededor de 286 mil dólares al año entre beneficios y compensaciones, incluyendo unos 174 mil dólares en salarios, en comparación con los 55 mil que reciben los empleados con puesto de trabajo fijo en igual periodo.

 “Las entradas financieras de los legisladores los colocan entre los empleados mejor pagados en el país, por lo que ellos mismos deben reducir su presupuesto y contribuir así a la disminución de la deuda pública nacional, que supera los 17 billones (millones de millones) de dólares”, dijo el presidente de la APC, David Williams.

 “Con una deuda nacional sin precedentes y un Congreso más disfuncional que nunca, los contribuyentes merecen muchos más resultados por lo que están pagando a sus representantes”, señaló MacMillin Slobodien, director ejecutivo de la organización sin fines de lucro Nuestra Generación, que participó también en la pesquisa.

A pesar de sus altos niveles de retribución, la actual legislatura estadunidense es la más improductiva en la historia del país.

Esa rama del gobierno ha aprobado sólo 56 leyes públicas este año, para un total de 121 desde comienzos de 2013, la mayoría de poca importancia, como una de las más recientes cuyo fin es: “…especificar el tamaño del metal precioso que será utilizado en la producción de las medallas conmemorativas del Salón Nacional de la Fama”.

Otro ejemplo de la baja productividad, según el diario The Washington Post, es el hecho de que la Cámara de Representantes no analizó el tema de la reforma migratoria integral ni los seguros por desempleo, pero a la vez aprobó varias propuestas que Obama se niega a firmar y que los demócratas en el Senado no aprobarán.

Los senadores sólo acordaron este año nueve proyectos de leyes en votación directa, mientras avalaron media docena más de iniciativas importantes por consenso unánime, pero ninguno de los 13 proyectos de asignaciones de fondos.

Para la mayoría de los expertos en estos temas, los pocos días que trabajará el Congreso antes de cesar sus sesiones una vez más, estarán a tono con la baja productividad y la ausencia de discusiones serias que interesan a los electores, quienes intentarán alguna forma de ajustar cuentas con sus representantes el próximo 4 de noviembre.

Roberto García Hernández/Prensa Latina

 

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