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Corrupción, discriminación y miseria se conjuntan para violentar los derechos humanos de las personas que padecen el VIH/sida. Pero tales factores tienen una consecuencia más: la propagación masiva de la enfermedad. En 2013 se contaban 3 millones 400 mil personas infectadas en Nigeria; entre ellas, 400 mil menores de 14 años

Sam Olukoya/IPS*

Lagos, Nigeria. El matrimonio de Tope Tayo se rompió hace 11 años, cuando dio positivo en el análisis del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), causante del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (sida). Su marido, enojado y avergonzado, la dejó y se llevó al único hijo de la pareja. Tres meses después, cuando descubrió que el niño de 1 año también era portador del virus, lo dejó con ella y desapareció.

“Nos abandonó como si hubiéramos cometido un delito, pero le dije que tener VIH no era ningún crimen”, cuenta Tayo a Inter Press Service (IPS).

Ella no tenía trabajo y el exmarido nunca le pasó dinero. “Caminaba por las calles llorando, vivía gracias a la caridad”, añade.

Un hombre que desaparece abandonando a su esposa e hijos con VIH y sida es un esquema que se repite en Nigeria, explica Rosemary Hua, coordinadora de First Step Action, una organización dedicada a defender los derechos de niños y niñas.

“Los padres no ayudan porque creen que no hay necesidad de invertir en un niño que probablemente muera pronto”, explica a IPS.

La tasa de infección en Nigeria es de 3.2 por ciento; parece poco comparado con otros países de África austral, pero con una población de 173 millones de habitantes, eso se traduce en 3.4 millones de personas con VIH, según datos de 2013.

Entre ellas hay 430 mil menores de 14 años, según el último informe del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (Onusida). En Nigeria contraen el virus uno de cada tres niños y niñas que se infectan en los 20 países del África subsahariana más afectados por la enfermedad.

El documento también señala que Nigeria “afronta una triple amenaza: una gran carga de VIH, baja cobertura de tratamientos y ninguna o ligera disminución en las nuevas infecciones”.

Además, la tasa nacional de VIH esconde profundas disparidades entre los 36 estados africanos. En cuatro de ellos, la prevalencia se ubica entre 8 y 15 por ciento.

Por qué las mujeres no se hacen el análisis de VIH

Tayo y su hijo toman antirretrovirales desde hace 11 años. Tienen suerte. Son de los menos de 600 mil nigerianos y nigerianas que reciben atención médica, o 20 por ciento de quienes la necesitan.

La baja cobertura de tratamiento perpetúa ideas erróneas y la discriminación, como lo prueba la historia de Tayo.

Cuando el marido abandona a su esposa, ésta tiene problemas económicos, pues la mitad de la población femenina en edad de trabajar está desempleada en Nigeria.

“La desesperación por mantenerse y hacerse cargo de su hijo puede hacer que estas mujeres se dediquen a actividades sexuales para ganar dinero, y aumenta el riesgo de que se propague más el VIH”, explica Lucy Attah, quien trabaja en cuestiones de género y es portadora del virus. Además es directora ejecutiva de la Fundación Hope de Mujeres y Niños, que asiste a mujeres seropositivas.

Allí IPS conoció a Tayo, quien cuenta que evitó hacerse el análisis durante el embarazo. Los hospitales públicos de Nigeria hacen la prueba de forma rutinaria, pero ella decidió atenderse en uno privado, donde no es obligatorio, por miedo a la discriminación.

“Es de lo que más me arrepiento en la vida”, confiesa.

Una de las razones por las cuales las mujeres embarazadas evitan hacerse el análisis, explica Hua, es la “falta de profesionalismo del personal de la salud, que no respeta la confidencialidad de los análisis”.

“A veces tenemos que trasladar pacientes a otros hospitales, lejos de donde viven, debido a que se filtra su condición de portadores del VIH”, explica.

Algunos profesionales evitan tener contacto con las mujeres seropositivas porque creen de forma errónea que se van a contagiar con sólo tocarlas, apunta Attah.

“A primera vista parece que hay mucha conciencia entre los profesionales de la salud, pero en realidad hay mucho estigma”, se lamenta.

Un proyecto de ley de confidencialidad y contra la discriminación ya fue aprobada por ambas cámaras legislativas y espera ser promulgada por el presidente Goodluck Jonathan.

Pero Nigeria necesita más que leyes para atender la epidemia.

En 2013, Onusida describió la respuesta del país a la enfermedad como “estancada” y dijo que se necesita de un “esfuerzo masivo” para combatirla. En Nigeria vive el 13 por ciento de las personas con VIH del África subsahariana y se registra el 19 por ciento de las muertes por causas derivadas del sida, según la agencia de la Organización de las Naciones Unidas.

Solo Chad está mejor que Nigeria en la cobertura de tratamiento de mujeres embarazadas con VIH.

Buenas noticias

En esta coyuntura, el gobierno tomó medidas para reducir la transmisión de madre a hijo en los 12 estados más afectados por la enfermedad.

La prevención del contagio de madre a hijo aumentó 27 por ciento en 2013, un aumento significativo respecto del 19 por ciento registrado en 2012, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Algunos estados duplicaron o triplicaron la cantidad de centros de salud que ofrecen tratamiento contra la transmisión de madre a hijo, gracias a lo cual hay 2 mil 216 clínicas, aunque todavía se está lejos de las 16 mil 400 necesarias para ofrecer una cobertura adecuada.

La cantidad de nuevas infecciones entre niños y niñas disminuyó de 60 mil en 2012 a 51 mil en 2013.

Pero como entre 2 y 3 por ciento de las mujeres embarazadas no reciben atención prenatal, el gran desafío es llegar a ellas mejorando los servicios.

“Tenemos que ir hacia ellas en vez de esperar a que vengan a los centros de salud”, remarca Arjan de Wagt, del departamento de infancia y VIH de la oficina del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia en Nigeria, al ser consultada por IPS. “De lo contrario, los niños seguirán muriendo de Sida sin razón”, añade.

Sam Olukoya/IPS*

 

*Editado por Mercedes Sayagues/Traducido por Verónica Firme

 

 

  Contralínea 401 / 31 agosto de 2014

 

 

 

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