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Ante la persecución desatada contra los cristianos en la ciudad irakí de Mosul, Francia propone acogerlos en su territorio, renunciando así a defenderlos y uniéndose de hecho al proyecto de Estados Unidos e Israel contra los cristianos del Oriente. Se mantiene así una tendencia histórica: los cristianos del Oriente nunca han podido contar con la ayuda de sus correligionarios de Occidente, quienes en cambio trataron de ocupar sus países en tiempos de las Cruzadas y durante la colonización. Bajo un discurso paternalista, Occidente se suma a la expulsión de los cristianos para convertir la región en teatro de un enfrentamiento entre judíos y árabes

André Chamy

París, Francia. Los cristianos de Irak, una de las comunidades cristianas más antiguas del Levante, representan casi el 2 por ciento de la población del país. En 1980 todavía eran 1 millón de personas, pero en este momento la supervivencia de esa comunidad corre grave peligro.

Después de recibir un ultimátum de los yihadistas del Estado Islámico [antes Emirato Islámico de Irak y el Levante, EIIL] intimándolos a convertirse al islam o a pagar el impuesto implantado para los no musulmanes, la comunidad cristiana de Mosul tuvo que huir al Kurdistán irakí.

En este momento es difícil saber con precisión cuántos cristianos se han quedado en Irak. Pero existen algunas cifras, dadas a conocer por las propias comunidades religiosas: eran todavía 1 millón en el momento de la primera Guerra del Golfo –en 1991– y en el momento de la invasión estadunidense –en 2003– eran unos 800 mil. Desde hace 11 años, 1 millar de cristianos han resultado muertos y se estima en alrededor de 400 mil el número de los que abandonaron el país. Actualmente quedarían en Irak 400 mil cristianos, incluyendo la importante comunidad cristiana de Bagdad, que cuenta entre 100 mil y 150 mil personas.

Ante esa situación, Francia –por boca de sus ministros de Relaciones Exteriores y del Interior– se declara dispuesta a “favorecer la acogida” de los cristianos que huyen de Irak. De hecho, en un supuesto gesto de generosidad, con el pretexto de proteger a los cristianos del Oriente, Francia… los invita a abandonar su país.

¡Extraño gesto! porque ninguno de esos cristianos ha pedido renunciar a su tierra sino que les ayuden a mantenerse en ella. Y es ese el quid de la cuestión, ¡ésa es su tierra! Ser cristiano no es una nacionalidad, aunque eso no les guste a los señores Laurent Fabius y Bernard Cazeneuve (los ministros franceses de Relaciones Exteriores y del Interior, respectivamente). Estamos hablando de libaneses, sirios, iraquíes, palestinos, egipcios, etcétera.

Hace más de 2 mil años que estas personas viven en esa parte del mundo y han tenido una participación activa en su historia, su cultura y su civilización. Nunca tuvieron necesidad de protectores y las únicas veces que han vivido bajo un protectorado… no fue precisamente para su propio bien. Hay que recordar el caso específico de los cristianos del Líbano, donde algunos creyeron que Occidente podía protegerlos, cuando lo que en realidad hizo fue sacrificarlos en beneficio de los intereses particulares de las grandes potencias.

Doble rasero

Esta falsa generosidad dividirá nuevamente a los franceses. Unos repetirán que no hay cabida para más extranjeros en Francia y otros sostendrán que Francia está obligada a proteger a los cristianos del Oriente. Un tercer grupo se interrogará sobre la hipocresía que significaría el hecho de acoger en Francia 1 millón de irakíes cristianos mientras que otros irakíes –no cristianos– son masacrados en otros lugares del Oriente… ¿Cómo tener entonces la conciencia tranquila?

Justo antes de entrar en guerra contra Siria, Francia tenía previsto acoger a los cristianos de ese país. El entonces presidente de Francia Nicolas Sarkozy había encargado la redacción de un informe que aconsejaba facilitarles la obtención del asilo en Francia. El 5 de septiembre de 2011, al recibir al nuevo patriarca maronita Bechara Rai, Sarkozy le ordenó de forma perentoria que empezara a hacer las maletas. Pero Francia cambió bruscamente de idea cuando se comprobó el respaldo inquebrantable de los cristianos de Siria a su país, que estaba siendo blanco de una agresión externa.

Así que los cristianos de Siria fueron perseguidos, masacrados o expulsados de sus casas y propiedades en todas las ciudades donde logró entrar la famosa “oposición armada”, sobre todo en Raqqa, en Deir ez-Zor, en Alepo, en Homs e incluso en Kassab. Por cierto, ¿no fue en esa última ciudad donde –gracias al apoyo de Francia, Estados Unidos y Turquía– los cristianos armenios fueron víctimas de un verdadero exterminio, al extremo que hubo quienes se preguntaron si no se trataba de permitir que el gobierno turco terminara el genocidio iniciado en 1915?

La tarea de “liquidar” a los cristianos estaba compartida entre las diferentes facciones de esas bandas armadas, principalmente el EIIL (Emirato Islámico en Irak y el Levante, recientemente rebautizado “Emirato Islámico” después de proclamar el califato en una amplia extensión de territorios sirios e irakíes) y el Frente al-Nusra (vinculado a Al-Qaeda). Refiriéndose a este último, el ministro francés de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, no halló nada mejor que decir que sus “muchachos” estaban “haciendo un buen trabajo”. Por cierto, Francia sigue entregando municiones a al-Nusra, incluso después de haber abogado por su inclusión en la lista de organizaciones terroristas reconocida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Mientras tanto, quien ha velado por el regreso de los cristianos a Kassab a Maalula, dos ciudades sirias milenarias y cargadas de emoción y de historia; quien ha actuado para que los sitios sagrados de los cristianos sirios y sus lugares dedicados al culto sean protegidos por el Ejército Árabe Sirio –el ejército de la república laica que es Siria– es precisamente el presidente sirio Bachar al-Assad, vilipendiado por todos y, claro está, por el propio Fabius.

Los cristianos de Egipto, quienes tanto han sufrido y siguen sufriendo los ataques sanguinarios de los grupos vinculados a la Hermandad Musulmana, tampoco han tenido derecho a la compasión de los ministros franceses anteriormente mencionados, demasiados ocupados en aquel momento en aplaudir al hoy derrocado presidente islamista egipcio Mohamed Morsi.

Entrometiéndose en los asuntos internos de un país independiente, el ministro francés de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, incluso llamó a la liberación del expresidente Morsi, el 30 de julio de 2013: “La situación es muy crítica. Llamamos al rechazo de la violencia y a la liberación de los presos políticos, incluyendo el expresidente Morsi”, declaró.

¿Por qué los coptos egipcios no gozaron de la misma simpatía de parte de Laurent Fabius en momentos en que los partidarios de Morsi los masacraban? ¿Son más dignos de compasión los que incitan a la violencia contra los coptos que quienes sufren esa violencia?

Tampoco podemos olvidar a los cristianos palestinos, impedidos cada día de practicar su religión y sometidos a todo tipo de violencias, tanto por parte de las Fuerzas Armadas de Israel como por los colonos israelíes, en cuanto muestran la menor voluntad de resistencia contra el ocupante.

¿Es posible olvidar el intento de desarraigar a los cristianos del Líbano perpetrado durante la guerra iniciada en 1975 en ese país? El secretario de Estado estadunidense propuso en aquel entonces facilitar el traslado de los cristianos a Estados Unidos, Canadá y Europa, mientras que el Pentágono enviaba a las aguas libanesas un portaviones destinado a transportarlos. Pero el proyecto encontró el rechazo del presidente libanés Suleiman Frangieh, conocedor del papel de los cristianos en el conjunto de la región y particularmente en Líbano. Por supuesto, Suleiman Frangieh era por demás hostil a aquella noción de “patria de sustitución”…

El porqué

¿Existen razones ocultas tras esta declaración del gobierno de Francia, evidentemente engañosa?

Busquemos los verdaderos motivos que lo han llevado a tratar de impresionar al público con este anuncio, porque es evidente que los cristianos de Irak no van refugiarse masivamente en Francia. Sencillamente, no tienen ningunas ganas de hacerlo.

¿Por qué se hace ese ofrecimiento a los cristianos de Irak cuando son sólo los cristianos de Mosul los que se hayan bajo la amenaza del Emirato Islámico?

Es importante recordar que ya en junio de 2007 un artículo publicado en la publicación mensual del Vaticano, 30 Giorni Nella Chiesa, describía la situación de los cristianos irakíes, específicamente en el barrio de Dora –de mayoría cristiana y a unos 10 kilómetros al sudeste de Bagdad. “Grupos vinculados a Al-Qaeda han instaurado un llamado ‘Emirato Islámico de Irak’” (el mismo Emirato Islámico, ex EIIL, tan mencionado últimamente) y cobran la yizia (tributo impuesto a los infieles), que se eleva hasta 200 dólares anuales, o sea una suma capaz de satisfacer durante 1 mes las necesidades de una familia de seis personas.

Algunas familias cristianas son obligadas a casar a una de sus hijas con un musulmán para que se les permita seguir viviendo en el lugar.

 “Una fatwa prohíbe portar la cruz al cuello. En cuanto a las iglesias, a golpe de granadas de mano fueron obligadas a quitar las cruces de sus cúpulas y fachadas. A mediados de mayo, la iglesia asiria de San Jorge fue incendiada.”

El 31 de octubre de 2010, en vísperas del Día de Todos los Santos, 42 personas fueron asesinadas y otras 60 heridas en la catedral del Perpetuo Socorro de Bagdad. Los dos sacerdotes fueron asesinados. Ya desde entonces Francia expresó preocupación por los cristianos de Irak.

Entonces, ¿por qué es ahora cuando se hace esta invitación a los cristianos de Irak? Y ¿por qué se mantienen las evasivas sobre el número de refugiados que Francia estaría dispuesta a recibir cuando sabemos que en el caso de los sirios, estimulados por París a luchar contra el gobierno de su país, Francia ha aceptado acoger sólo 500? El lector notará enseguida que esta última cifra es ridícula en relación con el millón de cristianos irakíes o con los cerca de 2 millones de cristianos sirios.

¿Por qué en este momento, cuando la franja de Gaza es blanco de una nueva agresión?, agresión que se produce cuando los cristianos de Gaza han sido ejemplarmente solidarios, ayudando a sus compatriotas musulmanes, acogiéndolos en sus propias casas, en sus escuelas y lugares de culto, permitiéndoles incluso hacer sus plegarias en sus iglesias.

Haciendo gala de su habitual sinceridad, que dio lugar a su célebre frase “responsable pero no culpable”, el ministro francés de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, podría decir que no hay ninguna relación entre esos hechos.

Pero la realidad es muy diferente. El hecho es que es necesario acelerar un proceso ya iniciado que apunta a la desintegración de los países laicos del Levante. La proposición del éxodo forzoso es presentada como un deber de asistencia únicamente para disimular ese objetivo –el verdadero– y agrandar así la fisura provocada en la región por los últimos acontecimientos.

Francia está tratando de garantizar el servicio postventa de un proyecto que Estados Unidos e Israel ya no logran seguir promoviendo: el proyecto de un “OrienteMedio Ampliado”, fragmentado en una serie de micro Estados de carácter étnico o confesional.

Es innegable que la política del presidente George W Bush logró al menos una cosa en la región: desestabilizarla por largo tiempo. Y eso está muy lejos del Oriente Medio democrático y prooccidental que Estados Unidos decía querer implantar.

El drástico cambio proyectado para la región se inspira en una estrategia israelí descrita en 1982 en el Plan Yinon.

El Plan Yinon sale nuevamente a la luz pública, en 1996, en el informe titulado A clean break. A new strategy for securing the realm (Un corte limpio. Nueva estrategia para garantizar la seguridad del reino [de Israel]), destinado al primer ministro israelí Benyamin Netanyahu, seguido de Coping with crumbling States. A western and israeli balance of power strategy for the Levant (Acompañando Estados en ruinas. Una estrategia occidental e israelí de equilibrio de las potencias en el Levante). Ambos documentos fueron redactados por Richard Perle (American Enterprise Institute), James Colbert (Jewish Institute for National Security Affairs), Douglas Feith (Feith and Zell Associates), Jonathan Torop (Washington Institute for Near East Policy), David Wurmser y Robert Loewenberg (Institute for Advanced Strategic and Political Studies).

El Plan Yinon preveía que Israel autorizaría el uso de su territorio para el despliegue de los misiles estadunidenses del proyecto conocido como Guerra de las Galaxias. A cambio, Estados Unidos debía derrocar a Sadam Husein y expulsar a los sirios del Líbano para acabar así con el mito de la nación árabe. En la zona chiíta irakí se crearía un Estado independiente que sería gobernado por una rama de la familia real jordana, para contrarrestar la influencia de la revolución islámica iraní.

Pero aquello no funcionó como los neoconservadores esperaban. El desastre absoluto de la guerra contra Irak, el fin del nacionalismo laico árabe y el alza de los precios del petróleo y el gas provocaron profundos cambios en la región. Desde Damasco hasta Dubai, desde Tel Aviv hasta Teherán, se está forjando un nuevo Oriente Medio, pero no se parece al esquema previsto.

El antiguo Oriente Medio se construyó sobre la base de las fronteras y las identidades políticas que las potencias europeas habían instaurado después de la caída del Imperio Otomano, en 1918. Se basaba en un nacionalismo laico de inspiración europea que se planteaba como objetivo una modernización política y social iniciada por la acción gubernamental. Ese tipo de nacionalismo –el “socialismo árabe”– alcanzó su apogeo durante la Guerra Fría, cuando podía contar con la ayuda militar, política y económica de la Unión Soviética de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Todo aquello se acabó con el derrumbe de la URSS. El fin del imperio soviético también dio lugar a graves crisis militares en muchos países árabes ya que, carentes del apoyo militar soviético, los regímenes nacionalistas no podían seguir modernizando sus ejércitos.

Poco a poco, los regímenes nacionalistas se vieron sometidos a duras pruebas, dejando a menudo un vacío que frecuentemente llenaron actores no estatales. Los casos de Libia e Irak son reveladores de esos drásticos cambios. También cambiaron la correlación de fuerzas ideológicas y la repartición del poder: el islam político se convirtió en sustituto del laicismo y supo integrar hábilmente los temas sociales y un nacionalismo antioccidental.

Por supuesto, como lo demuestran los ejemplos mencionados, “nuevo” no significa necesariamente “mejor” sino diferente. En cuanto al cambio, éste no resuelve en lo absoluto los conflictos que agitan la región, lo cual los hace mucho más peligrosos que en el pasado.

Un aspecto de esa modernización pudo verse en 2006, durante la agresión israelí que enfrentó a las Fuerzas Armadas de Israel con los hombres del Hezbolá y donde los tanques israelíes Merkava fueron impotentes ante los cohetes antitanque RPG-29 y los lanzacohetes del tipo Katiusha. Al mismo tiempo, actores no estatales –como el Hezbolá y el Hamas– tomaron el lugar de los ejércitos tradicionales.

Pero ante tales cambios, Israel creyó adecuado adelantar sus peones para ganar terreno interviniendo en teatros exteriores mucho más frecuente que antes y pasando de unas cuantas operaciones secretas y asesinatos selectivos a intervenciones más profundas en terrenos que lo obligan a exponerse más que en el pasado.

Así hemos visto el Estado hebreo intervenir en Irak a través del Kurdistán para actuar de ambos lados de la frontera entre Irak y Siria. La presencia de Israel es evidente en los acontecimientos que se han sucedido en toda la región, desde Libia hasta Egipto y desde los Emiratos Árabes Unidos o Catar hasta el Líbano, gracias a cómplices locales y al inquebrantable apoyo de Estados Unidos.

Israel parece haber creído que puede triunfar donde los estadunidenses fracasaron. Con ayuda de Turquía se movilizaron expediciones fronterizas para ocupar regiones completas en Siria e Irak. Y mientras tanto se desarrollaban campañas desestabilizadoras contra los gobiernos, a pesar de la legitimidad de estos últimos. El presidente sirio ya era tratado como un paria pero el primer ministro de Irak, recibido pocos días antes en casi todas las cancillerías occidentales, fue súbitamente calificado de déspota.

Se trataba de un contrafuego encendido para desviar la atención de lo que iba a suceder en Gaza. Parecía que con la unión entre el “Eje de la Esperanza” (Irán, Siria y el Líbano, representado por el Hezbolá) y el Eje Pekín-Moscú ya era suficiente trabajo para los diplomáticos occidentales, además de todo lo que estaba pasando en Siria e Irak. Así que era un buen momento para ajustarles las cuentas a las organizaciones palestinas hostiles a los arreglos que quiere negociar Mahmud Abbas, el presidente sin mandato de la Autoridad Palestina.

Sin embargo, desde hace varias semanas estamos descubriendo con sorpresa la impotencia, tanto del poder político como del ejército israelí, ante la lucha de Hamas, de la Yihad Islámica y de las demás organizaciones presentes en el terreno, como el Frente Popular para la Liberación de Palestina-Comando General de Ahmad Jibril.

¿Qué les queda a los israelíes que, a pesar de su fracaso militar, siguen tratando de obtener una rendición incondicional de los combatientes palestinos?, sobre todo con el bloqueo impuesto a esa franja de tierra de 360 kilómetros cuadrados, apenas un poco más grande que la mitad del departamento más pequeño de Francia, el territorio de Belfort.

La invitación de Francia a los cristianos de Irak crea, por consiguiente, un tema de polémica entre los franceses. Pero sobre todo da a entender que si los israelíes liquidan a los palestinos a bombazos… en definitiva es algo aceptable en comparación con los sufrimientos de los cristianos del Oriente, obligados a huir de su país por culpa de los islamistas. Y se estimula a meter los movimientos de resistencia en el mismo saco que los movimientos sectarios.

Según esa perspectiva, un militante del Hamas es lo mismo que un yihadista del Emirato Islámico. Son, en efecto, muchos los que han manifestado –con toda razón– su solidaridad con los cristianos de Irak. Sólo que entre las víctimas de los grupos yihadistas no sólo hay cristianos… también hay kurdos, chiítas, ismaelitas y sunnitas…

Pero los propios cristianos de Irak no suscriben a la visión sesgada que nos quieren imponer. En una declaración reciente, un dignatario cristiano irakí criticaba con vehemencia la acción “humanitaria” de los países occidentales, que consiste únicamente en acoger a los cristianos en Europa, contribuyendo así a acabar con la presencia cristiana en Irak.

Los cristianos de Irak no están interesados en abandonar su país, su patrimonio y su historia. Los cristianos del Oriente aman cada piedra de Irak, de Siria o de Egipto tanto como cualquier ciudadano de cualquier otra confesión. Ellos han participado en todas las luchas, desde la independencia hasta nuestra época. Han sido los primeros en levantar las banderas del nacionalismo árabe y de la causa palestina… mientras que los emires del Golfo financiaban, con la complicidad de Occidente, los grupos yihadistas que hoy vemos en acción.

Señores Fabius y Cazeneuve, los cristianos del Oriente no están interesados en la invitación a instalarse en Francia que ustedes les hacen. Lo que sí quieren es que ustedes los dejen en paz.

 

André Chamy/Red Voltaire

 

 

 Contralínea 399 / 17 agosto de 2014

 

 

 

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