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La otra cara del conservadurismo suele ser la hipocresía y el abuso. Por eso no es extraño que los políticos panistas practiquen exactamente aquello que condenan como contrario a lo que ellos llaman “la moral y las buenas costumbres”.

Hace apenas unas semanas, dos panistas, funcionarios de la delegación Benito Juárez, fueron detenidos en Brasil por recurrir a la violencia y al abuso sexual. Ambos se habían dado a conocer como moralistas intransigentes y radicales antes de cometer sus desmanes que los condujeron a la prisión en el país suramericano.

Ahora, algunos medios han exhibido un video donde se muestra a varios panistas, algunos de ellos bien conocidos como santurrones y mojigatos, nada menos que en una lujosa fiesta en Puerto Vallarta, emborrachándose y divirtiéndose con bailarinas de centros nocturnos.

Tanto ellos como sus defensores se escandalizan no por la incongruencia de su comportamiento, sino porque al difundirse ese material se ha evidenciado su doble moral.

Para que no se les critique, invocan el respeto a su vida privada, precisamente ellos que siempre han negado a la ciudadanía el derecho a tomar decisiones personales en el ámbito de la sexualidad, en temas como el aborto, la educación sexual, los espectáculos eróticos, el uso de anticonceptivos y el matrimonio homosexual.

Esa doble moral panista va más allá del ámbito sexual, y se extiende a la esfera de sus negocios privados y de su quehacer político, como demuestra el hecho de que en la fiesta participó también un personaje vinculado al narcotráfico y sospechoso de un crimen político.

Zapata Perogordo y sus amigos

En enero de este año, los legisladores panistas se corrieron su parranda en la lujosa Villa Balboa, cuya renta cuesta alrededor de 50 mil pesos por noche (noticaribe.com.mx, 11 de agosto de 2014). Uno de los participantes en la fiesta, donde los recatados panistas bailaron con alegres mujeres en minifalda, fue Alejandro Zapata Perogordo, coordinador de Grupos de Enlace del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Partido Acción Nacional (PAN) y miembro de ese partido desde 1982.

Zapata Perogordo, quien ha sido diputado y presidente municipal de la capital potosina, se dio a conocer desde principios de la década de 1990 por comulgar con la sexofobia derechista. En 1992, cuando fungía como secretario del ayuntamiento de San Luis, apoyó la embestida de grupos conservadores contra los proyectos de educación sexual en la entidad; en aquel tiempo amenazó con encarcelar a quien distribuyera en esa ciudad materiales de la Fundación Mexicana para la Planeación Familiar (Mexfam) (El Sol de San Luis, 15 de junio de 1992).

Los grupos conservadores se escandalizaban de que, según ellos, la educación sexual atentaba contra el pudor de los jóvenes, pues les presentaba la masturbación y otros hechos de la vida sexual como algo natural y no como un pecado.

Perogordo fue así uno de los alcaldes mochos que dieron inicio a lo que en esa época sería la furiosa campaña moralista de la derecha, que incluyó desde la oposición al aborto y a los anticonceptivos, hasta la censura de obras de teatro (como La Tarea, precisamente en San Luis), exposiciones fotográficas, espectáculos eróticos y hasta el uso de prendas “impúdicas” como la minifalda, pues así lo dictaron los panistas en Guadalajara en 1995, lo mismo que en reglamentos municipales en Monterrey y en Mérida, así como las persecuciones contra prostitutas en varias ciudades gobernadas por el PAN.

Veinte años después, vemos al pudoroso Zapata Perogordo en compañía de mujeres ataviadas con la demoniaca minifalda, en una costosa fiesta, en compañía de otros panistas.

Zapata Perogordo fue también uno de los derechistas promotores de la reforma al Artículo 24, consumada en 2012, misma que se opone al Estado laico y fortalece la injerencia del clero católico en los asuntos públicos (http://sil.gobernacion.gob.mx/Archivos/Documentos/2011/03/asun_2750408_20110317_1300417043.pdf).

Otros panistas que, en lugar de irse a rezar, asistieron al divertido evento en Puerto Vallarta fueron Martín López Cisneros, de Nuevo León; Máximo Othón Zayas, de Sonora; Jorge Iván Villalobos, de Sinaloa; así como Jorge Alberto Labastida Cuadra y Luis Alberto Villarreal Garza, excoordinador de los diputados panistas.

Luis Alberto Villarreal, de Guanajuato, es uno de los panistas que han defendido las leyes que, por imposición de la jerarquía católica, castigan con penas de prisión a las mujeres que deciden abortar.

Esta situación es especialmente grave en Guanajuato, donde grupos conservadores, como el autodenominado Sumando Vidas, exigen que se castigue con todo rigor a las mujeres que recurren al aborto.

Luego de que la publicación Reporte Índigo diera a conocer, el pasado 11 de agosto, el video donde se muestra a los panistas en su orgía, Luis Alberto Villarreal envió a ese medio una carta en la que, en lugar de mostrarse avergonzado por el hecho de que panistas como él, con su doble moral y su derroche dañan y ofenden al pueblo de México, hasta se permite amenazar a quienes se atreven a dar a conocer el verdadero comportamiento de los panistas.

Dice la misiva: “Lamento el uso en política de una(s) grabaciones ilegales que tienen por objeto dañar a las personas y su vida privada. En su momento exigiré a las autoridades correspondientes la investigación del origen de las propias grabaciones” (www.sexenio.com.mx/articulo. php?id=51024).

Totalmente incongruente, el panista pretende ignorar que las prohibiciones que su partido ha impuesto en estados como Guanajuato atentan contra la libertad y la privacidad de las mujeres y, en general, de la población; pero sí exige respeto a su propia privacidad.

Por su parte, el empresario y legislador Martín López Cisneros, al lado de otros panistas, se opuso en 2007 a la despenalización del aborto en 2007, con el argumento de que “no es la solución de los problemas que enfrentan las mujeres mexicanas” (www.eluniversal.com.mx/ciudad/ 83800.html).

En espacios de internet se ha criticado a quienes “se la dan de integrantes de la Sociedad de Sociedades Pías y de la Vela Perpetua… quienes mientras en sus discursos públicos pontifican en favor de las buenas costumbres, respeto a la persona y demás banderolas, comercian con sexo, interactúan con meretrices y derrochan en francachelas recursos del erario”.

Prosigue el comentario: “Para los efectos de Sonora, uno de los galancetes de pacotilla es nada más y nada menos que el diputado federal Máximo Othón Zayas, integrante destacado de la reserva de talentos del oficialismo panista…” (www.encuentro29.com/vernoticias.php?artid =149735&relacion=&cat=350).

Por añadidura, el diputado se ha ganado el apodo de Máximo Dormilón, por entregarse al sueño durante las sesiones legislativas.

El tercer hombre

En la fiesta de Puerto Vallarta, Martín López al igual que Jorge Iván Villalobos Seáñez, departen con Edelmiro Sánchez Hernández, detenido en Nuevo León en 2004 por llevar 87 kilos de mariguana en su camioneta. Este personaje también estuvo implicado en el crimen de un diputado local del Partdio Acción Nacional en Nuevo León, cometido el 7 de septiembre de 2012.

 “En los videos de la pachanga panista, Edelmiro aparece sonriente, platicando con los diputados Martín López, de Nuevo León, y Jorge Iván Villalobos, legislador por Sinaloa y vicecoordinador de la fracción panista.

 “Incluso, Edelmiro sonríe y se burla de cómo el legislador, López, desliza su mano sobre los glúteos de una de las bailarinas.

 “Luego, cuando pasa una chica, el diputado de Nuevo León toca con su mano los glúteos de la bailarina, a lo que Edelmiro responde con una sonrisa e imita el movimiento de la mano de López, simulando un exceso de delicadeza por parte del legislador neoleonés.

 “El diputado Villalobos se ríe de la broma de Edelmiro y levanta su mano para pedirle a éste un condón, el cual le es entregado” (www. zocalo.com.mx/seccion/articulo/ademas-de-teiboleras…-narcos-en-fiesta-de-diputados-panistas-1407857899).

El panista Jorge Iván Villalobos no sólo ha demostrado su doble moral en el caso de la fiesta de Puerto Vallarta, sino que se ha señalado que en 2011 hizo trámites en favor de un casino vinculado a los diputados guanajuatenses Ricardo y Luis Alberto Villarreal (otro de los asistentes a esa fiesta), según se desprende de grabaciones telefónicas.

 “En una conversación con David Preciado, entonces jefe de oficina de la Subsecretaría de Gobernación, ocurrida entre agosto y septiembre de 2011, Villalobos le pide ayuda para que el negocio de los Villarreal opere con un permiso irregular…” (Reforma, 13 de mayo de 2014).

Asimismo, en noviembre del año pasado, Villalobos Seáñez fue acusado de agredir verbalmente a su esposa, en el aeropuerto internacional de Culiacán. “En entrevista telefónica, el legislador reconoció que tuvo una discusión con su pareja porque ella tenía que estar en la Ciudad de México lo antes posible, y la aerolínea no lo dejó abordar por tener aliento alcohólico”.

Tramposamente, restó importancia al hecho, del que dijo: “Es un incidente menor que no me dejaron abordar porque venía de una comida y traía aliento alcohólico”. Versiones de testigos reportaron que el diputado trató de usar su cargo para no ser detenido por los policías federales que se encuentran de manera permanente en el aeropuerto (Milenio, 27 de noviembre de 2013).

Villalobos es conocido también por la forma grosera y prepotente en que se dirige a sus compinches y subordinados, tema que ameritó un artículo de Humberto Mussachio en la revista Siempre! (“El florido Jorge Iván Villalobos Seáñez”, 31 de mayo de 2013), donde se le atribuyen expresiones como éstas: “Mira, pinche delegado: para empezar, tú a mí me pelas el quiote, cabrón. Para empezar yo te nombré y tú me respetas, cabrón…”

En fin, panista de tan pulcro lenguaje y comportamiento también ha dicho que Andrés Manuel López Obrador no tiene “autoridad moral” para encabezar la oposición a la llamada reforma energética de Enrique Peña.

Según la moral de los panistas.

 

Edgar González Ruiz*

*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México

 

 

 

 

 Contralínea 399 / 17 agosto de 2014

 

 

 

 

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