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Lucky Luciano […] era enjuto y tenía en su mejilla derecha una larga cicatriz que contribuía a darle un aspecto siniestro…

Tim Newark, Aliados de la mafia

Tras su receso como exjefe –no de la mafia que busca postularlo (¿o buscaba?) para presidente de lo que va quedando del Partido de la Revolución Democrática tribal– del gobierno del Distrito Federal y delirando con ser precandidato presidencial, Marcelo Luis Ebrard Casaubón, formado y deformado políticamente a la sombra doble de Carlos Salinas y Manuel Camacho, regresó a la escena pública, amenazante, retador y, como es su manía, mirando de soslayo. Regresa desempacado de andar de turista con el pretexto de cumplir una encomienda sobre grandes urbes; y de su nuevo matrimonio, presumiendo los gemelos que alumbró su esposa, hija de un defenestrado presidente latinoamericano. Como Vicente Fox, hablaba y hablaba y hablaba buscando notoriedad, dispuesto a desenvainar su enojo contra su sucesor Miguel Ángel Mancera, quien –decía– lo había traicionado y hasta se convirtió en su enemigo y adversario. Ya que soñar no cuesta nada salvo hacer el ridículo, Mancera también sueña con la postulación presidencial de las ruinas perredistas que dejen los Atila del chuchismo y su pacto con el peñismo, de manita sudada con el panismo maderista.

Todo iba sobre rieles del Sistema de Transporte Colectivo Metro hasta que éste casi se descarrila por la corrupción de su Línea 12 que, al ser suspendida, ha dejado sin transporte a más de 400 mil usuarios diariamente. Alguien del cerrado grupo de Ebrard (o Ebrard mismo) se había robado 489 millones de pesos de aportación federal para la construcción de ese tramo del transporte colectivo. Ebrard y los suyos fueron cómplices de las empresas que hicieron el diseño, construcción y pruebas, ya que todos a una: funcionarios y empresarios, restaron calidad a la llamada ¡Línea Dorada!, para robarse gran parte del presupuesto, poniendo en riesgo a cientos de miles de defeños. En un país donde en 7 años y medio –del calderonismo al peñismo– llevamos más de 120 mil asesinados, los que estuvieron a punto de ingresar a esa lista eran lo de menos para Ebrard… Y también para Mancera, que esperó más de 1 año para sacar a la luz pública lo que seguramente sabía desde la inauguración de ese tramo del Metro, ya que éste era el procurador de justicia del Distrito Federal.

El catálogo de (más que presuntos) delitos seguramente cometidos por Ebrard y sus socios son: ejercicio indebido de servicio público, abuso de autoridad, coalición de servidores públicos, uso indebido de atribuciones y facultades, colusión, ejercicio abusivo de funciones, tráfico de influencias, peculado y enriquecimiento ilícito. Si son llevados ante los tribunales –y los jueces, magistrados y ministros no venden la justicia como en los poderes judiciales se estila cada vez más–, por acumulación de sanciones serían merecedores de no menos de 350 años de prisión, y pasarían el resto de sus vidas en la cárcel. Ha sido un robo de empresarios y funcionarios.

El sector privado y el público otra vez fueron pillados en atracar al pueblo, quien con sus impuestos, pago de bienes y servicios, pagará los 489 millones de pesos (a reserva de que la cifra aumente por los gastos de reparación), que de una partida federal no se ejercieron; éstos no desaparecieron, sino que los ebradoristas y algunos manceristas se los embolsaron para tener la otra cara del robo de Oceanografía. Salvo excepciones, ya no hay políticos, funcionarios ni servidores públicos; tampoco empresarios, patrones ni banqueros… Únicamente tenemos rateros y ladrones enmascarados con esos nombres que abusan del poder gubernamental y del poder económico. Funcionarios y empresarios no se diferencian. Son lo mismo: roban, estafan, timan y saquean con toda impunidad para enriquecerse a costa de la pobreza, el hambre y la miseria de los mexicanos que acumulan desesperación para levantarse –con armas o sin ellas– contra el mal gobierno y los capitalistas.

De los más de 114 millones de mexicanos, restando a los delincuentes, los funcionarios y ricos encabezados por Carlos Slim y Emilio Azcárraga que se pelean por el botín de las telecomunicaciones, al menos 100 millones van a ejercer todos sus derechos con el apoyo del Artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: “la soberanía nacional reside en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. Y al estar funcionarios y empresarios, poder público y poder privado, interrumpiendo la observancia constitucional y estableciendo un gobierno contrario a los principios que la Constitución sanciona, el pueblo tiene la última palabra.

Mientras tanto: Marcelo Ebrard, ¿dónde están los 489 millones de pesos?

 

Álvaro Cepeda Neri*

*Periodista

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  Contralínea 398 / 10 agosto de 2014

 

 

 

 

 

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