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El cambio climático no es un asunto del futuro. Los países del Caribe ya padecen escasez de lluvias y la anegación de campos de cultivo con agua del mar. El reto ahora es producir alimentos en un contexto caracterizado por altas temperaturas, poca agua y contaminación por sal

Desmond Brown/IPS

Saint John’s, Antigua y Barbuda. Los esfuerzos del Caribe de garantizar su seguridad alimentaria están en riesgo porque los agricultores no logran producir la cantidad necesaria de alimentos básicos, debido a la severa sequía que atraviesa la región a raíz del cambio climático.

Pero los científicos tratan de afrontar la situación creando una variedad de semillas tolerantes a la falta de agua, las que distribuyen entre los agricultores en los países más afectados.

 “Nos afecta principalmente la sequía”, dice Gregory Robin, representante del Instituto de Desarrollo e Investigación Agrícola del Caribe (CARDI, por su sigla en inglés) y coordinador técnico de la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECS, por su sigla en inglés).

El CARDI, con sede en Trinidad y Tobago, “busca métodos de gestión sostenible para la producción usando variedades que toleran las condiciones secas. Trabajamos con algunos productos básicos y hacemos investigación aplicada para producirlos en la estación seca”, explica Robin a Inter Pres Service (IPS).

La organización, que trabaja desde hace más de 30 años para fortalecer el sector agrícola de los países miembros de la Comunidad del Caribe (Caricom, por su acrónimo en inglés) está al frente de estas investigaciones.

 “Comenzamos primero con los cultivos que se vieron más significativamente afectados por la sequía. Tomamos, por ejemplo, el taro [o malanga], que requiere mucha humedad, y me dedico a él en San Vicente y Santa Lucía”, explica.

 “La validación le servirá a Jamaica, Granada, República Dominicana, todas las islas que producen taro. A veces no es rentable hacer actividades en todas las islas, así que a veces el trabajo con boniato [camotes] que se hace acá se usa en San Cristóbal y Nieves, Barbados y otras islas con similares zonas agroecológicas y patrones de lluvias”, añade.

 “EL CARDI tiene un grupo de profesionales en la región, así que si tenemos cualquier cuestión de cambio climático y sequía, el Instituto tiene un cuerpo de científicos que está disponible en todas las islas de la Caricom”, precisa Robin.

El cultivo al que se le dedica especial atención es el boniato. Robin señala que éste es muy importante y básico para la seguridad alimentaria, y también como fuente de divisas.

 “Trabajamos con los cultivos que creemos que se verán más afectados. Los boniatos pueden aguantar una gran cantidad de estrés hídrico, pero el taro y otros que requieren gran cantidad de humedad no lo van a soportar tan bien, así que primero comenzamos con los que requieren una gran cantidad de agua”, explica.

Al señalar que la irrigación es clave para la productividad, el especialista del CARDI explica: “Hace 7 años que trabajo aquí y es la primera vez que lo veo tan seco, lo que subraya la necesidad de mirar a nuestros sistemas para cosechar el agua de lluvia”, puntualiza.

El cambio climático también obligó a Guyana, considerado el granero del Caribe, a desarrollar nuevas variedades.

 “También plantamos diferentes variedades de cultivos resistentes al agua salada, porque uno de los impactos del cambio climático es que ésta invade la tierra, así que buscamos arroz resistente a la sal, por ejemplo. También buscamos cultivos que sean mucho más resistentes a un clima seco y que puedan tolerar periodos de inundaciones”, dice a IPS el ministro de Agricultura de Guyana, Leslie Ramsammy.

 “Hemos hecho cosas como riego por goteo, utilizando tecnología y métodos, así como animales y cultivos que son mucho más resistentes a las condiciones climáticas extremas”, apunta.

Además de crear variedades tolerantes a la sequía, el CARDI también desarrolla nuevas tecnologías para ayudar a los agricultores con la irrigación.

 “Recuerdo cuando comencé en la agricultura, probablemente hace unos 20 años, los cultivadores solían irrigar con bidones y baldes”, dice Bradbury Browne a IPS.

Pero dice también que, con los años, el CARDI introdujo la tecnología de irrigación por goteo y otro tipo de métodos.

 “Por ejemplo, si quiero aplicar 3 mil galones de agua a 1 acre de boniato, puedo programar [el sistema de irrigación] para no tener que estar físicamente presente para abrir el grifo y no habrá problemas de inundación si me llaman por una emergencia”, explica Browne, quien ahora trabaja como técnico de campo en el CARDI.

Mientras, el legislador de Antigua y Barbuda, Baldwin Spencer, dice que se prevé que las sequías extremas y frecuentes se conviertan en una característica del clima del Caribe.

También dice que el impacto de las condiciones secas aumentará el estrés calórico, en particular para la población más vulnerable, como las personas mayores.

 “A pesar del declive en la producción y la exportación de importantes productos básicos del sector agrícola de la OECS, la agricultura sigue siendo un sector importante en el desarrollo social y económico de la región desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, la estabilidad rural y los aportes a otros sectores productivos”, indica Spencer, quien fue primer ministro de Antigua y Barbuda entre marzo de 2004 y el 12 junio de este año.

 “Estos beneficios están en riesgo por eventos climáticos, los que aumentan a medida que el clima sigue cambiando”, remarca.

Los especialistas proyectan que la disminución en la producción de importantes cultivos, combinado con el aumento en la demanda de alimentos, supone grandes riesgos en todos los aspectos de la seguridad alimentaria en el mundo y en la región, incluyendo el acceso a los alimentos, el aprovechamiento y la estabilidad de precios.

El Banco Mundial señaló que la seguridad alimentaria se considera de forma consistente uno de los desafíos clave para las próximas décadas y que, para 2050, el mundo deberá producir suficientes alimentos para satisfacer la demanda de más de 2 mil millones de personas más que las 7 mil 200 millones de ahora.

También dijo que la mayoría del crecimiento poblacional se concentrará en los países en desarrollo, lo que aumentará las presiones sobre sus necesidades de desarrollo.

El Banco Mundial agregó que para cumplir las demandas alimentarias, la producción agrícola necesitará aumentar entre 50 y 70 por ciento, según las diferentes estimaciones. Y esto ocurrirá pues se proyecta que el impacto del cambio climático se intensificará, en particular golpeando a los países más pobres y vulnerables.

 

Desmond Brown/IPS

 

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Contralínea 397 / 3 – 9 agosto de 2014
 
 
 
 
 

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