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La política exterior de Barack Obama ha regalado una impagable publicidad a los comúnmente denominados drones. En consecuencia, la atención de la industria aeronáutica mundial se ha centrado crecientemente en esas ágiles y flexibles aeronaves no tripuladas cuya demanda parece llamada a aumentar espectacularmente en muy breve plazo.

Esa publicidad tan eficaz entre los países occidentales más avanzados no es vista con análogo optimismo entre los pueblos que han sufrido sus efectos como armas de guerra: yemeníes, afganos, paquistaníes y palestinos, entre otros. Pueblos que han vivido de cerca los violentos torbellinos de fuego que desde el cielo se han batido contra supuestos terroristas, pero también han conocido en carne propia los llamados “efectos colaterales” que en ocasiones han diezmado a los asistentes a bodas y ceremonias y han multiplicado el número de víctimas inocentes, entre las que los niños suman ya varios centenares.
 
A principios de julio, también el gobierno español ha dado un importante paso en la regulación provisional del uso de estos aparatos por las empresas civiles, aplicable a los drones que pesen menos de 150 kilogramos al despegue, lo que descarta a los modelos de guerra y, en cierto modo, atenúa notablemente el rechazo que suscita esa palabra.
 
El texto oficial alude a su uso en operaciones de investigación y desarrollo, extinción de incendios, levantamientos aéreos, filmación y actividades de vigilancia, publicidad aérea y operaciones de emergencia, búsqueda y salvamento. De momento se les prohibirá sobrevolar núcleos urbanos hasta que se apruebe la regulación definitiva, que tendrá que coordinar con la administración aeronáutica el modo como hayan de operar.
 
En Estados Unidos, la primera potencia en fabricación de drones, el sector se concentra en cuatro grandes empresas: Boeing, General Atomics, Lockheed y Northrop, donde se marcan las pautas con las que evolucionará este nuevo y provechoso mercado. Mismo que fue impulsado al principio por la actividad del Pentágono y de la Agencia Central de Inteligencia estadunidense, para la que se desarrollaron los temibles Predator y Reaper, los drones que cuentan con más víctimas inocentes en su historial y los más frecuentemente utilizados en la guerra antiterrorista ejecutada por Obama.
 
Pero la actividad militar de Estados Unidos está sufriendo restricciones presupuestarias que, combinadas con el inminente fin de la guerra en Afganistán, cierran bastantes perspectivas de ampliación del negocio. Por eso, la industria estadunidense de los drones avizora nuevos mercados exteriores.
 
Aparecen posibilidades muy atractivas en China, India y Japón. Cualquier intento de regulación internacional de este comercio se enfrenta al ciego empuje de los mercados. Por otro lado, como no existen limitaciones internacionales que regulen el uso de estos aparatos, no podrá evitarse que algunos lleguen a estar en poder de sujetos indeseables.
 
Se prevé que hacia 2016 los cuatro grandes fabricantes estadunidenses habrán tenido que cerrar contratos con Rusia y China para seguir obteniendo beneficios análogos o superiores a los actuales.
 
El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (España) identifica a 11 países como poseedores de aeronaves de combate no tripuladas: Alemania, China, Estados Unidos, Francia, India, Irán, Israel, Italia, Turquía, Reino Unido y Rusia.
 
No todos los drones son armas de guerra, como explica el presidente de la Asociación Española Remotely Piloted Aircraft Systems que reúne a los fabricantes de esos aparatos, al recordar que en Francia son mayoría los drones que tienen menos de 25 kilogramos de peso y se dedican a actividades no militares. Recuerda también que en España hay unas 20 empresas relacionadas con la fabricación de estos artefactos, número que crecerá a tenor de las previsiones de la Comisión Europea, donde se estima que esta rama de la industria alcanzará el 10 por ciento del mercado aeronáutico en los próximos 10 años.
 
Estos aparatos son en sí mismos neutrales e inocentes. Son sus usuarios los que pueden utilizarlos en tareas beneficiosas, como detectar incendios o combatir plagas; o repulsivas, como los asesinatos clandestinos o el terrorismo. El texto constitucional de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura afirma que “las guerras nacen en las mentes de los hombres”, y es en ellas donde se decide el modo de usar todos los instrumentos creados por la humanidad, desde la mitológica quijada de burro en manos de Caín hasta los más refinados drones de hoy.
 
Alberto Piris*/Centro de Colaboraciones Solidarias
*General de artillería en reserva del Ejército de Tierra (Fuerzas Armadas Españolas)
 
 
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Contralínea 397 / 3 – 9 agosto de 2014
 

 

 

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