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I. Todos los compositores de música con o sin letra, clásica, semiclásica y popular, son esencialmente poetas. Sus musas son el amor, la amistad, la pasión, el odio, la desilusión… Son poetas de los sentimientos que inspiran, por ejemplo, las creaciones de Mozart, Beethoven, Strauss, Tchaikovski, Verdi, Bizet y un gran número de prodigiosos artistas. Tenemos a los poetas que crean versos. Los hay quienes crean –componen, dice el hablar popular– poemas para ser cantados con arreglos musicales. El himno a la alegría, de Schiller, con arreglo musical de Beethoven, es un canto a la humanidad. Entre nuestros compositores están Agustín Lara, José Alfredo Jiménez (quien sólo escribía sus versos y le hacían los arreglos musicales para ser cantados) y el huésped de esta nota: Álvaro Carrillo (1921-1969). De apellido Morales por su madre biológica, pero Alarcón por la segunda esposa de su padre viudo, quien lo cuidó como a un hijo. Nació en Oaxaca y nos dejó canciones de amor a la mujer… A las mujeres que viven en sus versos. Y si bien su auténtica biografía es su cancionero, no sobran los datos personales en el Diccionario enciclopédico de México, de Humberto Musacchio. Y en el libro-cancionero Las canciones con “sabor a mí” de Álvaro Carrillo, recopilado por Mario Arturo Ramos.

II. Leer y escuchar los poemas-canciones de Álvaro Carrillo es vivir con él sus versos de amor, y revivir, con el título de la novela de Elena Garro Los recuerdos del porvenir, en el presente. Son 122 páginas más el álbum fotográfico. Son 122 poesías que se pueden leer como tales o escucharlas en el disco compacto incluido, donde sus mejores intérpretes –como Pepe Jara– les dan vida con sus voces. Carrillo mismo las cantaba ayudado con su guitarra. Muchos fueron los motivos de sus poemas: “Unos ojos bañados de luz” o “unos labios queriendo besar”, que como pétalos de flores despiden el perfume de su romanticismo (como en los versos de Enrique Heine: “Las rosas cuentan cuentos perfumados…”). En versos libres, con rima o sin ella, ya con sus arreglos musicales o sólo al servicio de la lectura, son un atractivo singular, donde el binomio mujer-amor vibra sensual-sexualmente en la música que acompaña al poema. Los mismos títulos son un verso en sí: Amor mío, Cancionero, Como un lunar, Te doy dos horas, Se te olvida, Sabor a mí, Sabrá Dios, Seguiré mi viaje, El último amor, Un poco más, etcétera.

III. Son versos que se hilan para ser forma y contenido de emociones vividas, imaginadas, soñadas y deseadas, como la titulada Un minuto de amor: “Hay un solo corazón/ que llegaría al sacrificio por ti/ si tú le dieras un minuto de amor/ lo dejarías tan feliz/ Un minuto de tu amor/ yo sé que mi canción/ te lo puede robar/ Un minuto de tu amor/con siglos de dolor te lo puedo pagar…” Este libro-cancionero enriquece el sentimiento por el amor: este niño que todos llevamos dentro y al crecer, en el tránsito del otoño al invierno de nuestras vidas, esas canciones nos recuerdan los amores que dejamos atrás: “Un poco más/ y a lo mejor nos comprendemos luego/ Un poco más/ que tengo aromas de cariño nuevo/ Volvamos al camino del amor/ no importa lo que tenga que olvidar/ si vamos a sufrir por un error/es preferible a un ruego…” O esta otra: “Hoy lo sé/ y qué torpe y qué ciego fui/ pero ya te creí/ y espero que respetes la promesa/ que del alma te salió…”

Ficha bibliográfica:

Autor: Álvaro Carrillo

Título: Las canciones con “sabor a mí” de Álvaro Carrillo

Editorial: Océano de México

*Periodista

 

 

Álvaro Cepeda Neri*

 

 

Contralínea 396 / 27 de Julio al 2 de Agosto

 

 

 

 

 

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