Autor:

Más de 7 mil millones de seres humanos –y toda la vida animal y vegetal del planeta– penden de un puñado de gobiernos: aquellos que cuentan con armas nucleares y que se oponen a su prohibición definitiva. La política que buscan impulsar las naciones más poderosas –que basan gran parte de su poder en su fuerza militar– es la de la “no proliferación” de tales armas. Es decir, que nadie más las produzca, las comercialice ni las posea. Sólo ellos. La política que promueven países del llamado tercer mundo –con Cuba a la cabeza– es la de la total eliminación del armamento nuclear para que ningún régimen pueda someter a otro –o al mundo entero– mediante la amenaza de más bombardeos como los de Hiroshima y Nagasaki

Waldo Mendiluza/Prensa Latina

Organización de las Naciones Unidas, Nueva York, Estados Unidos. Pese a décadas de reclamos, la humanidad sigue sin encontrar el camino hacia la total eliminación de las armas nucleares, un anhelo bloqueado por la falta de voluntad política de algunas potencias poseedoras de los letales artefactos.

Desde la tragedia de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, cuando las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos provocaron más de 220 mil muertes, la comunidad internacional ha vivido bajo una creciente amenaza de peligro, potenciado con la modernización de los arsenales nucleares.

Científicos estiman que bastarían 100 de las alrededor de 25 mil armas estratégicas existentes para destruir la vida en el planeta, cálculo que refuerza la teoría del invierno nuclear, surgida en plena Guerra Fría.

Una nueva oportunidad de avanzar hacia acciones concretas se abre con la Conferencia de Revisión del cumplimiento del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), prevista el año próximo.

Si bien la tercera reunión del Comité Preparatorio del foro, celebrada del 28 de abril al 9 de mayo en la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), no dejó un escenario optimista, muchos países esperan que se imponga la razón y que la especie humana se aleje del riesgo del exterminio masivo.

Sin consenso

El encuentro preparatorio concluyó sin acuerdos para alcanzar un documento con las recomendaciones y propuestas de los miembros del TNP, mecanismo integrado por 189 estados, abierto a la firma en 1968 y puesto en vigor 2 años después.

Según el coordinador del Comité, el embajador peruano ante la ONU, Enrique Román-Morey, tras 2 semanas de debates no se logró consenso “por falta de tiempo y la complejidad de algunos temas abordados”, como el desarme nuclear y el establecimiento en el Oriente Medio de una zona libre de los letales artefactos, para lo cual Israel ha representado por años un obstáculo infranqueable.

“No se trata de una cuestión vinculada a la falta de voluntad política, ya que en la reunión apreciamos un ambiente positivo en los asuntos tratados: la no proliferación, el desarme, el uso pacífico de la energía nuclear y las consecuencias para la humanidad del empleo de medios atómicos”, declaró a periodistas.

Sin embargo, fuentes consultadas por Prensa Latina advierten que en el foro sí faltó una vez más el compromiso de potencias nucleares de dejar el camino listo para que en la Conferencia de Revisión del TNP se ofreciera a la humanidad esperanzas de un futuro seguro.

Entre los argumentos esgrimidos por naciones poseedoras del arma atómica está la supuesta necesidad de “ir paso a paso” en materia de desarme, postura interpretada por no pocos como una estrategia para ganar tiempo, de quienes basan su doctrina militar en el poderío nuclear.

Román-Morey explicó que, ante la falta de acuerdos, decidió circular en su capacidad de líder del Comité un texto fruto de las visiones comunes de los participantes en el evento preparatorio, al que acudieron 149 de los 189 miembros del Tratado.

“Espero que sea tenido en cuenta para la Conferencia de 2015”, dijo al referirse a la nueva revisión que se realizará del TNP, el cual establece la revisión cada 5 años de los avances y desafíos.

Propuesta cubana

Ante el Comité, Cuba propuso un plan con 10 acciones concretas destinadas al desarme nuclear, entre ellas el comienzo de negociaciones, inmediatamente después de la Conferencia de Revisión, sobre un convenio que prohíba la posesión, producción, compra, prueba, almacenamiento y transferencia de los artefactos.

Además, instó a la erradicación del uso o la amenaza del uso de los medios atómicos de exterminio masivo y al compromiso legalmente vinculante, incondicional e irrevocable de las potencias poseedores de armas nucleares de no utilizar sus arsenales.

También demandó un inmediato cese de los ensayos nucleares y el cierre de los lugares dedicados a los mismos, del empleo de nuevas tecnologías para mejorar las armas disponibles y de las investigaciones y proyectos encaminados a modernizarlos, todo esto de forma irreversible y verificable.

La iniciativa cubana refleja la prohibición de la carrera armamentista en el espacio exterior y la exclusión de las políticas y doctrinas de seguridad del uso o la amenaza del uso de estos medios de exterminio.

Cuba además llamó en su plan al pleno respaldo de la Resolución 68/32 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que siguió a la Reunión de Alto Nivel sobre Desarme Nuclear celebrada el año pasado, encuentro desarrollado a partir de una propuesta de La Habana, apoyada por el Movimiento de Países No Alineados.

La citada Resolución llama a negociaciones urgentes para una convención que prohíba la posesión, producción, compra, prueba, almacenamiento y transferencia de armas nucleares; convoca a realizar antes de 2018 una conferencia internacional de alto nivel de la ONU para revisar los avances en materia de desarme; y ha designado el 26 de septiembre el Día para la Total Eliminación de las Armas Nucleares.

No proliferación o eliminación

El concepto de la no proliferación es mucho más mencionado que el de la eliminación, una realidad lamentada no por pocos.

“La no proliferación de las armas de exterminio masivo es importante, pero es una visión limitada, lo que hace falta es eliminarlas”, señaló el representante permanente brasileño ante la ONU, Antonio de Aguiar Patriota, al intervenir a principios de mayo en un debate abierto del Consejo de Seguridad.

El órgano de 15 miembros acogió un foro enmarcado en el décimo aniversario de la Resolución 1540, aprobada unánimemente el 28 de abril de 2004, que fijó obligaciones de los Estados para evitar la proliferación de armas de exterminio masivo y el acceso a las mismas por terroristas.

Para el diplomático brasileño, urge la adopción de medidas concretas con vistas al desarme efectivo de los Estados poseedores de medios químicos, biológicos y nucleares.

Mientras existan los mortales artefactos, habrá países y actores no gubernamentales –entre ellos los terroristas– interesados en obtenerlos, alertó.

Por su parte, la embajadora de Argentina ante la ONU, María Cristina Perceval, reiteró que la propia existencia en el planeta de medios de exterminio en masa constituye un riesgo, sin importar en poder de quién estén.

La representante de Buenos Aires destacó en el Consejo de Seguridad los esfuerzos para la no proliferación de esas armas, como la protección física, el control de las exportaciones y el enfrentamiento al tráfico ilícito de tecnologías de uso dual.

Sin embargo, llamó la atención sobre el alcance limitado de esas acciones a nivel global, mientras sigan existiendo arsenales de poderosos medios de destrucción.

El embajador cubano Rodolfo Reyes también resaltó que sólo la prohibición y la eliminación total de las armas nucleares, químicas y biológicas, constituye una garantía de no proliferación y de que las mismas no caigan en manos de terroristas.

Reyes además manifestó el rechazo de la isla a las manipulaciones y el doble rasero que caracterizan las posturas de potencias bélicas en temas de desarme y no proliferación de armas de exterminio masivo.

 “Este enfoque privilegia las medidas contra la proliferación horizontal y hace caso omiso a la proliferación vertical, es decir, el mejoramiento cualitativo del armamento nuclear por parte de los Estados poseedores de esas armas. También ignora el objetivo de la eliminación total de las armas de exterminio en masa”, afirmó.

La mayor de las Antillas defendió el multilateralismo y la no discriminación como único modo eficaz para poner fin al peligro generado por los letales medios.

Las posiciones latinoamericanas, en el Comité Preparatorio sobre el TNP y en el Consejo de Seguridad, ratificaron el papel de vanguardia de la región en la lucha por erradicar las armas nucleares y otras capaces de exterminar al ser humano.

América Latina y el Caribe se declararon en 1967, mediante el Tratado para la Prohibición de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe o Tratado de Tlatelolco, la primera zona libre de armas nucleares del planeta.

Más reciente, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños proclamó a la región una Zona de Paz, durante la realización en La Habana, Cuba, de su segunda cumbre, a finales de enero pasado.

 

 

 

Contralínea 388  / 02 de Junio al 07 de Junio

 

 

 

Comments

comments