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Se cuenta que los alemanes que huían del nazismo y uno que otro italiano que escapaba del fascismo –pinza nazifascista más despiadada de las autocracias modernas que, después, el stalinismo usó para su perverso autoritarismo–, aprovechando la hospitalidad mexicana y el asilo ofrecido por Lázaro Cárdenas, vinieron con sus respectivas familias y escogieron establecerse en Chiapas. Los alemanes traían a sus cachorros de raza pastor alemán. Y, aunque no todos, los que no se aclimataban, al crecer se hacían tan feroces, que les ponían como nombres Hitler o Mussolini. Así demostraban su desprecio por esos dictadores.

Saco a colación lo anterior para referirme, no como perro (que sería ofender a éstos), sino por su ferocidad derechista-peñista, al expriísta y zedillista, ahora panista que tira al monte del foxismo-calderonista, el senador Javier Lozano Alarcón. Quien por su servilismo, su deformación en derecho natural y doctorado en maldad política, desde 1986 logró escalar cargos en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en Comunicaciones y Transportes, en Gobernación; enemigo número uno de los trabajadores desde la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. Ahora quiere que Enrique Peña lo haga desgobernador de Puebla, lo que se ha ganado ladrando y mordiendo como guardián de Los Pinos y Televisa. Conforme fue ascendiendo, ha ido enseñando más los dientes para defender los cargos que le dan, como un nazifascista dispuesto a llevar a la cámara de gases a quienes se opongan a su terrorismo antidemocrático y a la diarrea verbal que vomita, agregando la mirada de loco de atar que muestra tras sus gafas como antifaz de pirata a bordo de la nave estatal.

Hay que verlo y escucharlo defender sus transas, su corrupción política, la menor pensión a su familia gracias a su conflicto de intereses, porque la madre de sus hijos (que lo repudiaron por loco), cobra en Televisa. Cuentan sus vecinos que cuando monta en cólera le gusta sentarse frente a su destartalado y desafinado piano para aporrear las teclas, sin lograr apaciguar la secreción biliosa que le tiene la cara con palidez de cera. Es Adolfo Javier Hitler Lozano y Mussolini Alarcón de Azcárraga (y pronto a sumarle lo de Peña Nieto) todo un caso de personalidad bipolar y neurosis, porque a un precio mínimo y solamente por odio a los que tacha de enemigos, le fascina servir a la maldad de los poderes fácticos de telecomunicaciones.

 “Lo que más aterroriza de quienes utilizan la maldad política en su racionalidad […] Emprenden actividades políticas para conseguir sus fines […] están carcomidos por el odio y la envidia y ejemplos de una naturaleza humana depravada que han visto su desarrollo atrofiado porque de niños sufrieron abusos, si son sicóticos o sicópatas que ni permiten que aparezca ningún salvador en sus vidas y sufren delirios de grandeza, son obsesivo-compulsivos y tienen desórdenes de personalidad o dependen mucho de medicamentos para pasar el día […] podemos identificar su depravación, pero es su astucia lo que debe preocuparnos […] lo que tenemos que hacer es detenerlos y encauzarlos con sus terapeutas: nosotros tenemos poco que decir en su lucha contra sus demonios” (Alan Wolfe, La maldad política. Qué es y cómo combatirla, Galaxia Gutenberg).

Pronto veremos a este furioso servidor de Azcárraga “a cuadro” en Televisa para sustituir a Laura de América gritando: “¡que pase el desgraciado! Pero el que critica a Peña, a Emilio Azcárraga, a Ricardo Salinas Pliego, a Carlos Slim, a Francisco Gil y a todos los que defienden sus monopolios y duopolios… ¡Que entren los desgraciados!” Es increíble la manera cómo este émulo de Hitler y Mussolini disfraza de racionalidad esa ferocidad para imponer los intereses de la elite presidencial y de comunicaciones; y a toda costa propone la censura en internet alabando violar las libertades de expresión. En suma, su nazifascismo a la Goebbels excreta sobre la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y quiere revertir la reforma peñista (porque Peña y Azcárraga tienen un pacto a la Gatopardo y cambiaron todo, para que todo vuelva estar como antes), para imponer los principios de control, censura y espionaje al estilo del nazifascismo (Leonard W Doob, “Los principios propagandísticos de Goebbels”, ensayo en el libro Sociología de la comunicación de masas, Gustavo Gili).

Se salga o no con su nazifascista propuesta, este remedo de Hitler y Mussolini que ha defendido la contrarreforma peñista en las leyes reglamentarias o “secundarias”, semejante “al mamífero perisodáctilo solípedo, de cuello arqueado, orejas pequeñas, pelo suave y cola cubierta de pelo”, al que Calígula hizo senador, representa la quinta columna en el Poder Legislativo federal de la extrema derecha más reaccionaria del Partido Acción Nacional, incrustado en el Partido Revolucionario Institucional-Peña (no niega la cruz de su parroquia), para como Caballo de Troya seguir insistiendo en hacer prosperar sus consignas dado su aventurerismo ideológico. Adolfo Javier Hitler Lozano y Mussolini Alarcón de Azcárraga es un terrorista que busca hacer autoritariamente gobernable la actual ingobernabilidad del peñismo por su alocado “moviendo a México” con su montón de más contrarreformas que reformas, mientras tiene paralizada la economía pública y la privada con más desempleo y menos consumo, más violencia sangrienta, más empobrecimiento y menos eficacia administrativa, que conduce el peñismo al gobierno fallido, tal y como fueron el foxismo y el calderonismo.

Mientras tanto, copiando el aviso aquel de “¡cuidado con el perro!”, atender el letrero afuera de la Cámara de Senadores: “¡cuidado con Javier Lozano Alarcón!”

*Periodista

 

 

 Contralínea 388  / 02 de Junio al 07 de Junio