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Dos sistemas de educación pública básica operan de facto en México: uno con profesores de carrera egresados de las escuelas normales del país y otro con instructores esforzados y comprometidos pero improvisados. El primero se ejecuta en las ciudades y en las zonas rurales de fácil acceso. El segundo es para las poblaciones alejadas de las metrópolis, habitadas por los sectores más pobres y vulnerables del país: indígenas y campesinos mestizos. El Conafe, que nació sólo como auxiliar de las direcciones de Educación Básica y General de Educación Indígena de la SEP, ahora es la instancia que primordialmente se encarga de educar a los niños de las regiones más agrestes de la República

La estadística del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) revela que el número de las escuelas primarias y preescolares a cargo del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) es mayor que el de las dependientes de la Dirección General de Educación Indígena. Esto a pesar de que el Conafe carece de un modelo propio de educación indígena.

De acuerdo con el documento Panorama educativo de México. Indicadores del sistema educativo nacional 2012. Educación básica y media superior, para el ciclo escolar 2011-2012 el servicio indígena operó en 19 mil 669 centros escolares (9 mil 607 de preescolar y 10 mil 62 de primaria); en tanto, el comunitario lo hizo en 31 mil 625 (20 mil 245 de preescolar y 11 mil 380 de primaria), es decir, en 62 por ciento más.

Lo que pudiera interpretarse como un logro para el Conafe, organismo público descentralizado de la Secretaría de Educación Pública (SEP), resulta preocupante para César Navarro Gallegos, especialista en educación contemporánea mexicana.

El investigador del Instituto Mora manifiesta que si bien el Conafe surgió en la década de 1970 como una respuesta emergente para llevar la educación básica a las comunidades que entonces no contaban con servicios educativos, ha devenido en una instancia que en la práctica ha “adquirido una responsabilidad que no le compete”.

Y es que si bien los servicios educativos a cargo del Conafe, identificados como comunitarios, van dirigidos, entre otras, a poblaciones indígenas por operar en comunidades de difícil acceso y con altos y muy altos niveles de marginación y rezago social, esto no justifica que sus servicios hayan llegado a superar, por mucho, los del sistema indígena.

—¿Considera que esta expansión del Conafe es casual o que obedece a una política educativa deliberada de Estado?

—Quizá en un momento dado fue utilizado como una cosa emergente, como un paliativo. Pero cuando uno ve que esto ha sido una constante, un elemento regular dentro del sistema educativo que, incluso, amplía sus funciones a sabiendas de lo que esto significa, no es un equívoco; es una decisión de ahorro de maestros prescindibles para niños prescindibles, desde la lógica oficial.

El también docente de la Universidad Pedagógica Nacional comenta que el modelo del Conafe, en contraste con el que caracteriza a las normales del país, se corresponde con la nueva concepción institucional de la educación: “Educar para ser competitivo, de calidad, para tener competencias”. Es por ello, asevera, que el Conafe ha devenido también en una institución que ataca de manera consciente al normalismo, que concibe a la educación, sobre todo, como una “tarea de libertad”.

“El Conafe no surgió para eso; pero se ha convertido en una institución que justifica la posibilidad de ir decreciendo la matrícula en las normales; de decir que no hace falta ampliarlas, que las normales rurales o las regionales no tienen razón de ser puesto que están los instructores del Conafe”, remata Navarro Gallegos.

Sin embargo, no todos opinan igual. Alma Carolina Viggiano Austria, directora general del Conafe desde diciembre de 2012, resalta que la institución tiene presencia en poco más de 23 mil comunidades ubicadas en los 31 estados de la República.

En entrevista con Contralínea, indica que se trata de las localidades más alejadas, marginadas y con reducido número de habitantes. Su cobertura se extiende también a grupos minoritarios como los niños migrantes, cirqueros e indígenas.

La exdiputada federal devela sus planes de ampliar la cobertura del Conafe, sobre todo en educación inicial, puesto que de los 10 millones de niños de entre 0 y 4 años de edad que hay en el país, el Estado sólo está atendiendo a 1 millón. Por ahora, dice, ya han logrado abarcar un 5 por ciento más en educación básica y un porcentaje similar en preescolar.

Respecto de la labor que realizan los líderes comunitarios frente a grupo (alrededor de 42 mil jóvenes con secundaria concluida o nivel bachillerato que reciben una capacitación de 6 semanas así como tutorías mensuales), Viggiano Austria considera que no están en absoluta desventaja por carecer de la formación pedagógica que se les brinda a los normalistas y por su corta edad; a cambio, dice, poseen diversas ventajas como “entusiasmo, ganas, compromiso y un modelo multigrado que es extraordinario”.

Necesarias, las escuelas tradicionales

—¿Considera que en vez de ampliar las funciones del Conafe, el Estado mexicano debiera construir más escuelas tradicionales atendidas por profesores formados? –se le pregunta al priísta Roy Argel Gómez Olguín, secretario de la Comisión de Educación Púbica y Servicios Educativos de la Cámara de Diputados.

—Totalmente. Eso es lo ideal, pero desafortunadamente, para lograrlo, se necesita un gran presupuesto destinado específicamente a cubrir todo el país con infraestructura educativa, y que profesionales de la educación sean los que estén yendo a las comunidades para poder combatir el rezago educativo. El problema es el recurso económico: construir de la noche a la mañana infraestructura educativa en las zonas más alejadas es prácticamente imposible. Por eso, sin hacer a un lado la responsabilidad que tiene el Estado sobre su compromiso para dotar de infraestructura educativa, se está cubriendo la cuestión educativa en las zonas más alejadas con nuestros instructores del Conafe.

“Lo ideal es que haya infraestructura y que los profesionales egresados de las normales sean quienes estén ofreciendo educación de calidad, pero mientras esto se pueda lograr, la función que están cubriendo los instructores del Conafe es de gran importancia, es de reconocerse. Sin duda están contribuyendo al desarrollo, a la educación en nuestro país, aunque no con la calidad que se merecen los mexicanos, porque son jóvenes que muchas veces reciben instrucciones rápidas sin tener la profesionalidad que tienen los maestros egresados de la normal o de alguna carrera dirigida a la educación; pero sí están cumpliendo con lo básico”, dice.

Jorge Federico de la Vega Membrillo, diputado por el Partido de la Revolución Democrática, asegura estar consciente de las problemáticas que aquejan al Conafe. No obstante, reconoce que el tema no ha sido abordado por la Comisión de Educación, que él preside.

El expresidente municipal de Texcoco opina que la solución no está en extender la carta de defunción a este organismo, sino en un replanteamiento de su naturaleza y en su fortalecimiento. Enseguida alude a una estrategia sustentada en “lo justo”, que brinde espacios tanto a los egresados de las normales como a los líderes para la educación comunitaria del Conafe. Y es que, destaca, el Conafe es una de las pocas alternativas de ocupación que tienen los jóvenes.

—Es una alternativa en donde los involucramos en la formación de otras personas. Si el Estado no tiene la capacidad de dar atención a todos los jóvenes, la alternativa del Conafe, aunque limitada, debería ser un instrumento para canalizarlos y darles una fortaleza.

Conafe: “las migajas” del sistema educativo

El informe anual del INEE, Panorama educativo de México. Indicadores del sistema educativo nacional 2012. Educación básica y media superior, indica que los estudiantes de los cursos comunitarios del Conafe se encuentran entre los que obtienen las más bajas puntuaciones en la prueba ENLACE (Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares).

Señala además que, al no existir una normatividad federal que regule la conectividad de internet en las escuelas, los centros escolares dependientes del Conafe han sido relegados en la provisión de estos auxiliares pedagógicos. Tanto, que durante el ciclo escolar 2011-2012 tan sólo el 8.2 por ciento de éstos tuvo computadoras con acceso a internet.

Respecto de la infraestructura educativa en general, Alma Carolina Viggiano Austria reconoce que es “pobre” y obsoleta, al grado de que no “es digna para que albergue a los niños y niñas más desfavorecidas del país […]. No se les da un mensaje de que ellos tienen derecho a una buena educación, a un buen espacio con las mejores condiciones. Se les da un mensaje de ‘eres niño pobre, marginado, te mereces una escuela pobre’”.

A decir de César Navarro Gallegos, las condiciones de los centros a cargo del Conafe se contraponen, incluso, con las recomendaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que señalan que las comunidades escolares con mayores carencias son las que deben recibir más apoyos en infraestructura, servicios, materiales y personal docente.

El especialista en educación considera que, lejos de este ideal, el Conafe, por su tipo de escuelas y docencia, representa un “profundo acto de discriminación y racismo” hacia las poblaciones más desfavorecidas. Se trata, continúa, de un tipo de educación que reproduce las condiciones de marginación propias de la sociedad.

Para el doctor en historia, es vergonzoso que el Conafe y sus escuelas formen parte de un sistema educativo que supuestamente pretende garantizar la educación como un derecho con equidad y de calidad.

—¿Considera, entonces, que la solución es desparecer al Conafe?

—No. Yo creo que el Conafe puede desarrollar muchas tareas: ha editado libros, cartillas; puede ser un espacio de fomento a la formación de los docentes; puede hacer muchas tareas. Pero lo que no puede es suplir a las normales ni convertirse en un espacio cuya misión sea desarrollar una tarea educativa de segunda mano o de una tercera categoría.

“Este tipo de educación no es la que debe darse a nuestra población que requiere más apoyo. Dizque se quiere combatir la pobreza, pero el Conafe pareciera como la Cruzada Nacional contra el Hambre: unas cuantas migajas educativas para los más pobres.”

El diputado Roy Argel Gómez Olguín considera que este trato diferenciado dentro del sistema educativo hacia las poblaciones más desfavorecidas no es necesariamente un acto discriminatorio. El secretario de la Comisión de Educación y Servicios Educativos de la Cámara de Diputados, invita a verlo, más bien, como un “esfuerzo extra” del Estado para llevar educación e infraestructura educativa a las zonas más alejadas.

Líderes para la educación comunitaria: sostén del Conafe

El baño de tierra es inevitable. Espesas polvaredas se cuelan entre los resquicios de la carrocería. Veredas de tierra suelta son accidentadas con cada roce neumático. El viaje es largo y de curvas pronunciadas. Los pobladores del lugar confirman que el transporte público no corre por esos lares.

Mineral de Chico es un pueblo minero, tal cual lo advierte su nombre. Está enclavado en la Sierra de Pachuca de Soto, capital del estado de Hidalgo. Ahí están Santa Inés y San Simón lo de Rojas, pequeñas localidades rurales de alto grado de marginación que desde hace décadas han requerido los servicios del Conafe.

Benjamín, Rebeca y Abril, de 19, 20 y 18 años, respectivamente, son tres de los líderes para la educación comunitaria que operan en esta zona de extremo temporal: punzantes rayos solares en el día; hirientes heladeras con la puesta lunar. Ellos están de paso; ninguno pretende hacer de la docencia su profesión. La arquitectura, la cultura de belleza y el diseño gráfico son sus verdaderas vocaciones.

Abril, quien atiende a siete pequeños de nivel preescolar con rezago educativo, lo expresa abiertamente. Pretende hacer de la beca que el Conafe le brindará un trampolín para cursar la carrera de diseño gráfico en la Universidad Nacional Autónoma de México. Su familia es pobre y no cuenta con los recursos para financiarle una carrera universitaria.

Los alrededor de 42 mil líderes para la educación comunitaria con que cuenta el Conafe (en su mayoría mujeres) son, sin duda, la columna vertebral de este organismo. Sin ellos nada sería posible. Se trata de jóvenes de entre 16 y 29 años de edad que en su afán de emplearse y financiarse una carrera se adhieren a estas filas. Para ello deberán pernoctar, comer, convivir y vivir fuera de su hogar: en la comunidad que les fue asignada para brindar el servicio educativo.

“Gracias a estos chavos que hacen realmente un apostolado en su servicio social, que caminan horas, que viven en las comunidades, que renuncian a muchas cosas propias de su edad, gracias a ellos podemos hacer llegar el servicio educativo desde preescolar, primaria y secundaria a cuatro, cinco, siete, ocho, 15 niños que no tienen un docente”, dice Silvia Arleth Austria Escamilla, directora de Delegaciones y Concertación con el Sector Público y Privado del Conafe.

Aunque en estricto sentido la labor de los líderes para la educación comunitaria consiste en impartir educación de nivel básico a través de un sistema de educación comunitaria y un método multigrado (tarea para la que son capacitados durante 6 semanas), estas juventudes participan activamente de otras labores. Por ejemplo, apoyan al Instituto Nacional de Estadística y Geografía en el levantamiento de encuestas, realizan campañas de alfabetización y coadyuvan con las sociedades de padres de familia.

A cambio de todo esto el Conafe les otorga una beca que oscila entre los 1 mil 200 y los 1 mil 600 pesos mensuales, dependiendo de la región. Si su estancia es de 1 año, recibirán una beca durante 30 meses; si es de 2, el periodo será de 60 meses.

Austria Escamilla explica que, dado que los líderes comunitarios no sostienen una relación laboral con el Conafe, éstos carecen de seguridad social; tampoco cuentan con un seguro de vida. No obstante, asegura que, en caso de accidente o defunción, la institución los apoya a través de convenios.

Los riesgos son muchos y la labor tan ardua que, a decir de Alma Carolina Viggiano Austria, directora general del Conafe, la deserción es “un tema de urgente atención”. Entre las causas de deserción de líderes para la educación comunitaria se encuentran la inseguridad, la sensación de soledad, la lejanía, el alcoholismo que priva en algunas comunidades, el acoso sexual, el hambre, la falta de lugares seguros y dignos donde dormir y los problemas familiares.

Respecto del tema de inseguridad, la funcionaria aclara que éste sólo incide en regiones muy focalizadas de Michoacán y Guerrero. Refiere que la deserción en estos casos generalmente deriva del temor y desaliento que los padres de familia transmiten a sus hijos, mas no de las amenazas que pudieran recibir por parte de elementos de la delincuencia organizada.

La directora de Delegaciones y Concertación con el Sector Público y Privado del Conafe asevera que esa gestión trabaja por mejorar las condiciones de vida y servicio de sus principales figuras educativas a partir de una nueva mirada: “mirar al líder educativo comunitario como un fin en sí mismo y no sólo como un medio”.

Los diputados Jorge Federico de la Vega Membrillo y Roy Argel Gómez Olguín se dicen dispuestos a analizar y colaborar con este asunto. En su carácter de presidente y secretario de la Comisión de Educación Púbica y Servicios Educativos de la Cámara de Diputados, se manifiestan a favor de un mayor respaldo hacia estos jóvenes. “Es cierto. Tenemos que respaldar a los instructores; buscar la forma en que se mejoren sus condiciones”. “Protegerlos”, comenta el segundo.

Conafe: sin el “brillo” de antaño

Con la silueta entre dos símbolos –la bandera nacional y la del organismo que preside– Alma Carolina Viggiano Austria se muestra optimista a pesar del rezago en que encontró al Conafe.

Refiere que el abandono fue casi total durante los 2 sexenios del Partido Acción Nacional. Luego matiza: “No quisiera decirlo así porque probablemente desde antes ya traíamos rezago”.

Hoy el Conafe carece del “especial brillo” que antaño lo caracterizó, reconoce. No obstante, agrega, “el diagnóstico es para eso: para que sepamos en dónde estamos, con qué y cómo lo vamos a enfrentar o qué tenemos al alcance para lograrlo”.

A decir de la licenciada en derecho, a sus 42 años el Conafe se encuentra estancado en muchos temas que convergen básicamente en la falta de actualización de sus herramientas pedagógicas y tecnológicas; en su “pobre” y “obsoleta” infraestructura educativa, y en la carencia, desde hace ya 1 década, de un modelo propio de educación indígena. Esto, aunado al hecho de que más del 40 por ciento de las comunidades en donde opera no cuentan aún con energía eléctrica.

La funcionaria destaca, asimismo, lo insuficiente que resulta el monto de las becas que reciben los líderes para la educación comunitaria (antes instructores) por la labor que desempeñan. Se trata de jóvenes entre 16 y 29 años de edad “que han salido de su casa para ir a vivir a una comunidad apartada y marginada”, y que con un promedio de 1 mil 600 pesos mensuales deben intentar sufragar, como mínimo, sus necesidades básicas y de transporte.

En materia de presupuesto, la exdiputada federal comenta que los poco más de 5 mil 800 millones de pesos con que cuenta el Conafe resultan, igualmente, insuficientes. De este monto, detalla, cerca de 5 mil millones se destinan al subsidio de las figuras educativas, al material que utilizan y a su formación; el resto, a otros programas y a los pagos de nómina de las oficinas centrales, delegaciones y área editorial.

“Como se puede ver, los retos son muchos porque si la educación regular que conocemos tiene rezago, la del Conafe tiene mucho más por las condiciones geográficas que tienen nuestras propias comunidades”, apunta Viggiano Austria.

La directora del Conafe refiere algunas de las acciones que su equipo ha emprendido en aras de enfrentar con rapidez los “rezagos de muchas décadas”. Destacan el establecimiento de un convenio con Diconsa para garantizar la alimentación de los líderes para la educación comunitaria y las alianzas con diversos gobernadores para sumar apoyos adicionales a las figuras educativas.

Silvia Arleth Austria Escamilla, directora de Delegaciones y Concertación con el Sector Público y Privado del Conafe, también comenta al respecto. Revela que este organismo, en conjunto con la SEP y Conocer (Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales, entidad paraestatal del gobierno federal sectorizada en la SEP, con un órgano de gobierno de “alta relevancia” y con participación tripartita, a saber: sectores gobierno, empresarial y laboral), se prepara, incluso, para certificar a los líderes para la educación comunitaria. Puntualiza que este proceso que busca validar la competencia desarrollada similar a lo que ocurre con una carrera técnica, se encuentra ya en la fase final, es decir, de pilotaje.

Austria Escamilla repara, asimismo, en los apoyos que los sectores público y privado brindan al Conafe: desde los del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (federal y sus equivalentes estatales), hasta el del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo. Especifica que durante 2013 firmaron 28 convenios con empresas, fundaciones y organizaciones internacionales, tales como IBM, Compaq Computer Corporation, Telefónica Movistar, Fondo Unido, Cruz de Malta, Minera Autlán y Fundación Michou y Mau.

—¿Qué da el Conafe a cambio de estos apoyos? –se le pregunta.

—Una institución que nos apoya obviamente tiene un sector importante de atención al desarrollo social, y lo que ellos te piden a cambio es transparencia y resultados, y es lo que ofrecemos a las instituciones –asegura.

 

Contralínea 385  / 11  de Mayo  al 17 de Mayo