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Los montes y cañadas hondureños se convierten en lugares de siembra y procesamiento de enervantes, como la mariguana y la amapola. El país ha dejado de ser sólo lugar de tránsito de drogas: ahora también se producen y se transforman. Las autoridades ya están en alerta: los invernaderos y laboratorios encontrados indican la existencia de cárteles bien organizados y una inminente ola de violencia

Thelma Mejía/IPS

La Honduras. La destrucción de un sofisticado invernadero con cultivos de amapola y mariguana en el occidental cerro La Cumbre alertó a las autoridades de Honduras de que este país dejó de ser sólo de tránsito de drogas ilícitas para ser también productor y procesador.

Es la primera vez que se hallan en el país cultivos de amapola (adormidera), de los que en América Central hasta ahora sólo existían registros en la región guatemalteca de El Petén. La pasta de adormidera sirve de base para la fabricación de heroína, una droga muy adictiva y cuyo consumo ha resurgido.

El 31 de enero pasado, las autoridades anunciaron el hallazgo del invernadero altamente tecnificado en la empinada montaña, a 1 mil 600 metros sobre el nivel del mar y a unos 400 kilómetros de Tegucigalpa, en el caserío La Cumbre, en el municipio de La Iguala, en un lugar que visitó Inter Press Service (IPS) y al que se llega por caminos aptos apenas para algunos vehículos rústicos y las caballerías.

El ascenso atravesó cinco caseríos, entre flores silvestres y cafetales propios del departamento de Lempira, y se dificultó por los caminos agrietados y angostos, de tierra húmeda cuando no lodosa, que se vuelven intransitables en la época lluviosa, a partir de mayo.

Al final del trayecto aparecieron los despojos del invernadero, de 40 metros de ancho por 100 de largo, donde se hallaron 1 mil 800 plantas de amapola y 800 de mariguana (cannabis) de la variedad holandesa.

Era una instalación climatizada gracias a una gran planta eléctrica, con un moderno sistema de riego y equipos de alto rendimiento.

Carlos Mejía, subcomisario de la Policía Nacional en Lempira y quien encabezó la incautación, relata a IPS que “tenemos sospechas de que existen muchas [plantas] más en estas vastas montañas del occidente, por eso estamos peinando toda la región”.

En el operativo se capturaron a dos personas: el colombiano Rubén Darío Pinilla y el hondureño Orlando Jacinto Miranda. Este último era un trabajador de Pinilla, quien además del invernadero producía hortalizas en su finca como “fachada” para la actividad ilegal, asegura Mejía.

Otro policía que estuvo en la acción confía a IPS que la finca está a nombre de alguien de la zona al que ya se investiga, y que podría ser testaferro de alguien más. Se presume, además, que ya hubo aquí otras cosechas de adormidera y cannabis.

En la comunidad de El Matazano, al pie del cerro, una maestra dice bajo anonimato a IPS que “ya era tiempo que agarraran a esa gente”.

Agrega: “Por esos caminos de herradura se veían de un tiempo acá carros [vehículos] de doble tracción por las noches, cargados con barriles plásticos, y la gente decía que en ese cerro sembraban mariguana, pero eso de la amapola es nuevo para nosotros”.

El alcalde de La Iguala, Marcio Orlando Miranda, revela a IPS que Pinilla había sido capturado en julio de 2013 por la tala ilegal de bosque, justo en la zona donde se encontró el invernadero, pero extrañamente fue liberado. “Hubo colusión con la autoridad”, señala.

Pinilla está en prisión a la espera de un juicio por el delito de narcotráfico, mientras se investiga a los responsables de su liberación en 2013 y ya un fiscal fue suspendido por esta causa.

El alcalde Miranda dice que desde hace un tiempo “está viniendo gente extraña, y se asegura que muchas fincas de por acá están siendo sembradas de mariguana y de esa tal amapola, de la que nunca antes había oído hablar”.

La Iguala es un municipio de 27 mil habitantes, que se dedica al cultivo de maíz, frijol y especialmente café. Para atender a sus 26 aldeas y 86 caseríos, cuenta sólo con un destacamento policial de unos cinco efectivos mal pertrechados.

El operativo que desmanteló el vivero lo organizó desde Tegucigalpa el equipo antidroga de la Policía Nacional, y lo comandó su delegación de Lempira, también muy precaria en efectivos, equipos y vehículos para enfrentar el poderío de los narcotraficantes.

Las autoridades sospechan que en departamentos vecinos, como Ocotepeque y Copán, fronterizos con Guatemala y El Salvador, se encuentren otros sembradíos de amapola. También Lempira tiene a El Salvador como su límite sureño.

En febrero, en la región de Nueva Arcadia, en Copán, la policía encontró un supuesto laboratorio clandestino que sería utilizado para el procesamiento de droga, junto con túneles subterráneos, maquinaria pesada y un presunto helipuerto.

Nueva Arcadia y La Iguala son zonas deprimidas económicamente, incrustadas en frondosas montañas.

Pero no son las únicas con indicios de que el narcotráfico está cambiando de piel en Honduras: desde la década de 1970 es zona de tránsito y ahora un país donde se cultiva, procesa y hasta se comercializa la droga, esto último a menor escala.

Eugenio Sosa, sociólogo y docente universitario, asegura a IPS que Honduras “hace tiempo dejó de ser país de tránsito, aquí hay indicios de que la penetración del narcotráfico es mucho más profunda, y la siembra de amapola sólo refleja una de las tantas modalidades del crimen organizado.

“Las autoridades buscan presentar como éxito esos hallazgos, pero uno se pregunta: ¿se incauta más droga porque pasan mayores cantidades, porque se está produciendo o procesando, o porque las autoridades son más eficientes?”, inquiere. “Sobre esto último, tengo mis dudas”.

La experta en temas de seguridad Mirna Flores atribuye esta expansión del delito al desplazamiento de las rutas del tráfico de drogas, debida a la guerra contra los cárteles en México que lleva a estas mafias a disputarse ahora el territorio centroamericano.

“Por su ubicación geográfica, Honduras es un país apetecido para los cárteles y éstos han sofisticado sus estrategias de expansión, alimentando la corrupción y la impunidad”, asevera a IPS.

A su juicio, “por eso se dan ese tipo de cultivos o laboratorios de procesamiento”.

 

En este país, de 8.5 millones de habitantes, operan sobre todo el Cártel del Atlántico, en el Norte de la costa caribeña, y el Cártel de los Valle, en Occidente.

Los analistas sostienen que el hallazgo de amapola obliga al gobierno a ser más efectivo para golpear a los pequeños cárteles que operan en el país y con ello a sus operadores políticos y económicos.

Las autoridades aseguran que 80 por ciento de las drogas ilegales que transitan por la región centroamericana rumbo al gran mercado consumidor de Estados Unidos pasa por Honduras, y vinculan este hecho a uno de los índices de violencia más altos del mundo, con un promedio de 19 homicidios diarios.

Datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito indican que, en 2012, Honduras fue el país latinoamericano con mayor proporción de homicidios: 81.9 por cada 100 mil habitantes.

La mayoría de estas muertes violentas son de jóvenes y, aunque la investigación penal es muy débil, por la forma en que se dan la mayor parte de estos asesinatos, los expertos en criminalidad consideran que obedecen a batallas por control territorial y ajustes de cuentas.

 

  Contralínea 380 / 6 al 12 de abril de 2014

 

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