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La región de Crimea abandona Ucrania para incorporarse a la Federación de Rusia. La prensa comercial y las capitales occidentales gritan “invasión” y “abuso militar” por parte de Moscú. Sin embargo, son esos mismos occidentales los que fomentaron y aceptaron últimamente la partición de Yugoslavia, la exclusión de Kosovo del territorio de Serbia, el referéndum de las islas Malvinas, la partición del Sur de Sudán. Moscú, con el respaldo de las poblaciones locales de Crimea, ha respondido de manera inteligente, sin ningún disparo o ataque militar, a las provocaciones occidentales que apoyan abiertamente a las facciones neonazis y otras fuerzas de derechas nacionalistas que han tomado el poder en Ucrania por la fuerza, con el apoyo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte

Pepe Escobar/Red Voltaire

La promoción de la excepcionalidad estadunidense de “democracia” entra en acción: Washington ha reconocido un golpe de Estado en Ucrania que cambió el régimen, que –a pesar de sus evidentes faltas– era un gobierno democráticamente elegido.

Y el presidente ruso, Vladimir Putin, ya habló el año pasado sobre cómo Rusia y China decidieron comerciar en rublos y yuanes, y destacó cómo Rusia tiene que abandonar el “excesivo monopolio” del dólar de Estados Unidos. Tenía que saber que el Imperio devolvería el golpe.

Ahora hay más: el consejero presidencial ruso Serguéi Glaziev declaró a RIA Novosti: Rusia abandonará el dólar estadunidense como moneda de reserva si Estados Unidos impone sanciones contra la Federación Rusa.

Por lo tanto, el imperio devolvió el golpe al dar “una pequeña ayuda” al cambio de régimen en Ucrania. Y Moscú contestó al tomar el control de Crimea en menos de 1 día sin disparar un tiro, con o sin brigadas de elite Spetznaz (think tanks basados en el Reino Unido dicen que participan; Putin dice que no).

La evaluación de Putin de lo que ocurrió en Ucrania es realmente correcta: “Una toma anticonstitucional y armada del poder”. Queda abierto un interminable debate, en su mayor parte desagradable, sobre si el Kremlin exageró en su reacción o no. Si se considera el historial de una satanización generalizada de Rusia y Putin que ha tenido lugar durante años –y que ahora llega a un nivel febril– la rápida reacción del Kremlin fue bastante mesurada.

Putin aplicó a Sun Tzu al pie de la letra. Ha dejado en claro que Moscú no necesita “invadir” Ucrania. El tratado de partición de 1997 de Ucrania-Rusia permite específicamente tropas rusas en Crimea. Y, después de todo, Rusia es un activo proponente de soberanía estatal; este principio lleva a que Moscú rechace una “intervención” occidental en Siria.

Dejó abierta la puerta para –¡oh, cósmica ironía de ironías!– una invención/intervención estadunidense, y eso, predeciblemente, no fue detectable por los medios corporativos occidentales: la RP –responsabilidad de proteger– de la Organización de las Naciones Unidas, en caso de que los fascistas y neonazis alineados con Occidente en Ucrania amenazaran a civiles rusos o rusoparlantes con un conflicto armado. Samantha Power debe estar orgullosa de sí misma.

No te metas con la inteligencia rusa

Occidente ha aprendido una vez más que no hay que meterse con la inteligencia rusa, que rápidamente previno en Crimea una réplica del golpe en Kiev, precipitado en gran parte por la Asamblea Nacional Ucraniana-Autodefensa Nacional Ucraniana, una tenebrosa fuerza paramilitar derechista de primera vinculada con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que utiliza Ucrania como base, como lo denuncia William Engdahl.

Y Crimea fue una operación aún más lóbrega, porque esos neonazis de Ucrania Occidental trabajaban en tándem con yihadistas tártaros (la Casa de Saud será fuertemente tentada a financiarlos desde ahora).

En los hechos, el Kremlin tiene razón cuando señala que el golpe fue esencialmente realizado por fascistas y “nacionalistas” de ultraderecha (código occidental para neonazis). El miembro del consejo político del partido Svoboda (Libertad), Yury Noyeby, incluso admitió abiertamente que se utilizó la integración con la Unión Europea “como medio para romper nuestros vínculos con Rusia”.

Los medios corporativos occidentales siempre olvidan convenientemente que Svoboda –así como los fascistas del Sector Derecho– siguen los pasos del fascista-terrorista de Galicia Stepán Bandera, un agente tristemente célebre de un conjunto de agencias de inteligencia “occidentales”. Ahora Svoboda ha logrado incluir no menos que seis mandamases como parte del nuevo régimen en Kiev.

Además, existen los nuevos gobernadores regionales nombrados para el predominantemente rusófono Este y Sur de Ucrania. Son –qué iban a ser– oligarcas, como los multimillonarios Sergei Taruta, instalado en Donetsk, e Ihor Kolomoysky, instalado en Dnipropetrovsk. La gente en la plaza Maidán, en Kiev, protestaban sobre todo –quiénes iban a ser– contra los oligarcas cleptócratas. Una vez más, los medios corporativos occidentales –que hablaron incansablemente de un levantamiento “popular” contra la cleptocracia– no se dieron cuenta.

Una vez más, seguir el dinero

Las reservas de divisas extranjeras de Ucrania cayeron –sólo en las últimas 4 semanas– de 17 mil 800 millones de dólares a 15 mil millones. ¿Quieres comprar grivnas (moneda de curso legal en Ucrania)? No realmente. La moneda nacional ucraniana se encuentra en una caída cósmica frente al dólar. Es una buena noticia sólo para los buitres del capitalismo del desastre.

Y en el momento justo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) está enviando una “misión investigadora” a Ucrania. Los ucranianos de todo tipo tratarán de escapar, pero no se podrán ocultar ante el “ajuste estructural”. Podrán juntar lo necesario para comprar un pasaje con sus despreciables grivnas (ser un candidato para una visa a la llegada a Tailandia siempre es útil).

Los bancos europeos –que según el Banco de Pagos Internacionales se enfrentan a más de 23 mil millones de dólares en préstamos impagos– podrían perder mucho en Ucrania. Los bancos italianos, por ejemplo, han prestado cerca de 6 mil millones.

En el frente y tierras del Oleoductistán, Ucrania depende fuertemente de Rusia: 58 por ciento de su suministro de gas. No puede exactamente diversificar y comenzar a comprar mañana de Catar, con entrega mediante Catar Airways…

E incluso mientras un 66 por ciento del gas ruso exportado a la Unión Europea transita a través de Ucrania, el país está perdiendo rápidamente su importancia como centro de tránsito. Tanto el gasoducto Nord Stream como el South Stream –desde Rusia por vía submarina– soslayan Ucrania. Nord Stream, terminado en 2011, vincula a Rusia con Alemania por el Mar Báltico. South Stream, bajo el Mar Negro, estará listo antes del fin de 2015.

Geoeconómicamente, el imperio necesita que Ucrania esté fuera de la unión económica eurasiática promovida por el Kremlin –que también incluye a Kazajstán y Bielorrusia–. Y geopolíticamente, cuando el secretario general de la OTAN, el engreído títere Anders Fogh Rasmussen, dijo que un paquete Fondo Monetario Internacional-Unión Europea para Ucrania sería un “importante estímulo para la seguridad euro-atlántica”, esto dio el toque final; lo único que importa en todo este juego es que la OTAN “anexe” Ucrania.

Siempre ha tenido que ver con el imperio de bases –igual que el cerco de Irán; igual que el “giro” hacia Asia equivalente al cerco de China; igual que el cerco de Rusia con bases y “defensa de misiles”–, pasando por sobre el cadáver colectivo del Kremlin, por supuesto.

Vamos a saquear esas tierras

La acusación del secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, de que Rusia esté “invadiendo Ucrania”, en “violación del derecho internacional”, y “de vuelta al siglo XIX”, es tan espectacularmente patética en su hipocresía –una vez más considerando el historial de Estados Unidos– que no merece comentarios de ningún observador informado. A propósito, es tan patético como su oferta de miserables 1 mil millones de dólares en “garantías de préstamos” (que apenas pagaría las cuentas de Ucrania durante 2 semanas).

El gobierno de Obama –especialmente los neoconservadores del tipo “que se joda la Unión Europea”– ha perdido su maniobra agresiva. Y en cuanto a Moscú, no tiene ningún interlocutor en Kiev porque considera que el cambio de régimen es ilegal. Moscú también ve a “Europa” como un montón de plañideros perdedores consentidos y sin una política exterior común, para comenzar.

Por lo tanto, cualquier mediación depende de Alemania. Berlín no toma en serio la idea de “sanciones” –el sacrosanto mantra excepcionalista estadunidense– porque Rusia es un excelente mercado para la industria alemana.

Y a pesar de todas las vociferaciones de The Economist y del The Financial Times, la City de Londres tampoco quiere sanciones; el centro financiero cuenta con los pródigos fondos político-oligárquicos rusos. En cuanto al “castigo” occidental a Rusia de expulsarla del Grupo de los Ocho, es un chiste. El G8, que excluye a China, ya no decide nada relevante; el G20 (Grupo de los 20) sí lo hace.

Si se realizara un amplio sondeo, se revelaría que la mayoría de los ucranianos no quieren formar parte de la Unión Europea, así como la mayoría de los europeos no quieren a Ucrania en la Unión Europea. Lo que les queda a los ucranianos son los chupasangre del FMI, recibidos debidamente por Yats (como llaman al primer ministro Yatsenyuk Nuland –“que se joda la Unión Europea”–).

Ucrania se arrastra hacia la federalización. Los cambiadores de régimen de Kiev no tienen influencia en Crimea autónoma, que es casi seguro que seguirá siendo parte de Ucrania (y, a propósito, Rusia se ahorrará los 90 millones de dólares de alquiler que paga por la base de Sebastopol, que hasta ahora tuvo que pagar a Kiev).

La jugada final está prácticamente predeterminada: Moscú controlará gratuitamente una Crimea autónoma, y Estados Unidos-Unión Europea “controlarán” –o tratarán de saquear– al estilo del capitalismo del desastre, un páramo occidental ucraniano “administrado” por un montón de títeres occidentales y oligarcas, con algunos neonazis.

¿Qué hará entonces el dúo estratégico magistral Obama-Kerry?

¿Comenzarán una guerra nuclear?

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