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Pero el crimen tiene una jerarquía propia e invertida, en la cual el orden de los villanos no dicta la infamia […] la práctica de matar por diversión y para robar […] aquí los famosos se codean con los maleantes
Oliver Cyriax, Diccionario del crimen
 
Sin descartar al Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Adolfo López Mateos por sus brutales represiones campesinas y obreras, parecía que el priísmo de Gustavo Díaz Ordaz en 1968 había llevado el abuso del poder presidencial a su peor etapa de criminalidad. Empero, las alianzas y complicidades –a cambio de dinero– de Carlos Salinas y su mafia comandada por su hermano Raúl; y Ernesto Zedillo con sus genocidios en Acteal, El Charco y Aguas Blancas, unidos por el homicidio inducido de Luis Donaldo Colosio, más sus ramales con el narcotráfico, demostraron que ese priísmo –resucitado ahora con el peñismo vía las contrarreformas anticonstitucionales– sólo podía mantenerse asido a esa tradición autoritariamente sangrienta, depredadora y que llevó al poder presidencial, en las gubernaturas, en las presidencias municipales, no a políticos, sino a auténticos rateros que hicieron de esos poderes “el poder para matar”.
 
Ya que desde López Portillo hasta Zedillo no eran priístas verdaderos, la maniobra para hacer perder a ese priísmo fue tan simple como cerrar las llaves de los dineros. Con esto hizo perder a esa mediocridad de Francisco Labastida, para elevar al trono sexenal, más a Marta Sahagún que a Vicente Fox, en lo que se presentó como la “alternancia”, y que resultó un priísmo empanizado: la derecha con piel de oveja. Y entrados en gastos, como dijo el cínico de Fox: “Gané mi elección y la de [Felipe] Calderón”, con lo que se inauguró el segundo periodo del Partido Acción Nacional (PAN), con ese Calderón que lleva sobre sus hombros los homicidios del saqueador de Petróleos Mexicanos: Juan Camilo Mouriño; y Francisco Blake, con los cuales el PRI de Salinas-Zedillo continuaba como más de los mismo con la mancuerna criminal de Fox-Calderón.
 
Y vino la fuga, con facilidades desde el foxismo. La gestoría de los Bribiesca a la sombra de mamá Marta y el padrastro Fox. Y en el sexenio de Calderón, más de 100 mil homicidios y el auge del narcotráfico. Esos dos priísmo y esos dos panismos desgraciaron al país. Y ahora tenemos más de 60 millones de pobres, 40 millones sin empleo, 10 millones de indígenas en la miseria, 9 millones de jóvenes sin encontrar trabajo ni acceso a estudios superiores, víctimas de la drogadicción a cambio de ser vendedores de grapas y sicarios.
 
Y así hemos llegado a los nuevos capos en la Presidencia durante el PAN: Fox peor que el Chapo; Calderón peor que el Chayo; los Bribiesca peores que Los Caballeros Templarios. Los delincuentes superados en criminalidad y raterías por ese par de panistas y los hijastros. Los mismos priístas matones y ladrones que Salinas y Zedillo (uno hasta se robó la partida secreta con miles de millones de pesos; el otro, los fideicomisos y vendió los ferrocarriles con su asesoría encubierta con una “cátedra” en la Universidad de Yale sobre cómo reprimir a los globalifóbicos; como Calderón, cobijado en Hard-Bar, como pago a sus donativos salidos del erario).
 
El priísmo peñista no se ha deslindado ni del PRI de Salinas y Zedillo ni del PAN de Fox y Calderón, ya que del arsenal de esos 24 años se ha valido, junto con la basura del Partido de la Revolución Democrática chuchista, para reconstruir su nuevo “moviendo” al PRI que, en los supuestos 85 años de ese Partido, se dijo que “el PRI no rehúye los cambios”. A este priísmo de Atlacomulco le ha tocado lo de Mexicana de Aviación, con el ratero Gastón Azcárraga; y el robo, fraude, más lo que se acumule, de Oceanografía y sus capos-empresariales con sus cómplices: los Bribiesca, César Nava y Mouriño. Y encabezando este abuso, corrupción y crímenes: Vicente Fox y Felipe Calderón, el par de delincuentes que deberían ser llevados a los tribunales como traficantes de influencias, encubridores de ladrones y jefes de cárteles peores que el del Chapo Guzmán, que el de Los Caballeros Templarios o del Chayo.
 
Han desgobernado al Estado y a la sociedad unos hampones de mucha peor calaña que los narcotraficantes. Los Bribiesca, de los que se deslindó el hermano menor y que como concesión a Elba Esther Gordillo (otra del clan de la delincuencia organizada desde el poder que le dieron Salinas, Zedillo, Fox y Calderón), cobra como diputete federal, son un cártel de aquella camada del grito: “¡ratero!”, y la respuesta de: “¡pruebas!”, a lo que le reviraron: “¡Te acuso de ratero, no de pendejo!”.
 
En el asunto de Oceanografía está involucrado un sobrino del exsecretario de Hacienda y Crédito Público Francisco Gil Díaz (alias el Chicago Boy), un director financiero de Banamex; y no hay la menor duda de que Fox, Marta Sahagún y Felipe Calderón hayan sido los padrinos de la mafia panista que ahora se desgarra las vestiduras blanquiazules para disputarse el botín de un partido corruptísimo por el ala de Calderón-Cordero como por Madero-Peña. Un partido con los Genaro García Luna, los César Nava, los Mouriño (muertos y vivos), las Alejandra Sota, los Adolfo Blanco (de Pronósticos para la Asistencia Pública para robar a los que creyeron en los sorteos), etcétera. Son pues, peores que el Chapo, la Tuta, el Chayo, Los Caballeros Templarios, Los Zetas, porque con la impunidad del poder del Estado son delincuentes, mafiosos, capos. Manuel Bribiesca, Martín Díaz, César Nava, Vicente Fox y Felipe Calderón representan al PAN que se bate en las raterías, los moches y el saqueo a Petróleos Mexicanos con su factor común: Amado Yáñez.
 
El Chapo, el Chayo y Los Caballeros Templarios son, en todos sentidos, la otra cara de Fox, Calderón y los Bribiesca con sus respectivos cárteles.
 
*Periodista
 
 
 

 Contralínea 378 / 

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