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Centro de Colaboraciones Solidarias

Muchos medios publicaron recientemente que los asentamientos judíos en Cisjordania aumentaron un 123 por ciento con respecto de 2012. Según la Oficina Central de Estadísticas de Israel, se han asentado en territorio palestino 350 mil israelíes. Incluso el presidente de Estados Unidos, Barack Obama –que ya es decir– hizo algún comentario crítico ante el empecinamiento israelí en promover asentamiento en tierras palestinas. Y hace unas semanas, Amnistía Internacional denunciaba las muertes de civiles palestinos por las Fuerzas Armadas israelíes en el informe Gatillo fácil: uso excesivo de la fuerza por Israel en Cisjordania. Amnistía destaca el asesinato de 22 civiles en 2013, de los cuales cuatro eran niños. Y acusa a Israel de la muerte de docenas de adultos y niños palestinos en los últimos 3 años, además de miles de heridos. Hechos relacionados porque los asentamientos judíos en tierra palestina no serían posibles sin la letal ocupación militar por Israel. Pero conviene conocer que esta grave situación viene de lejos. De las reuniones de dirigentes judíos antes de la partición de Palestina, acordada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1947 y cumplida en mayo de 1948.

En marzo de ese año, 11 hombres reunidos en la Casa Roja de Tel Aviv remataron un plan para la expulsión sistemática de los palestinos. Plan que se había empezado a elaborar en 1947. El historiador israelí Ilan Pappé explica que “la política sionista armada que en 1947 eran represalias por posibles ataques de palestinos a asentamientos judíos se transformó en limpieza étnica del país en marzo de 1948”.

Fue el Plan Dalet, que pretendía asegurar que la Palestina histórica, rebautizada Israel por el movimiento sionista, fuera habitada sólo por judíos. Y, en 6 meses, las tropas israelíes expulsaron con tácticas y medios diversos a más de 800 mil palestinos, se destruyeron 531 poblaciones rurales y aldeas y se vaciaron 11 grandes barrios urbanos. Lo cuenta Pappé en La limpieza étnica de Palestina (Crítica, Barcelona, 2008).

Pappé forma parte de los “nuevos historiadores” israelíes que, basándose en miles de documentos tras la masiva desclasificación de archivos en Israel y países occidentales, han desmantelado los mitos creados por Israel y sostenidos por la mayoría de medios occidentales sobre la “heroica” fundación de Israel. Y han destapado que, desde antes de la partición decretada por la ONU y el primer conflicto armado que enfrentó al nuevo Estado con tropas árabes, estaba en marcha un plan de limpieza étnica. No hubo ninguna defensa heroica ante ataques masivos árabes, sino una expulsión sistemática de palestinos inermes.

El propio Ben-Gurion (primer presidente de Israel) escribió a su compañero Sharet el 14 de abril de 1948, 1 mes antes de la primera guerra arabo-israelí: “Día a día ampliamos nuestra ocupación. Ocupamos nuevas aldeas y apenas hemos empezado”. La ocupación era expulsar a los palestinos cuando no masacrarlos.

Pappé explica que hay 31 masacres de palestinos confirmadas, desde la de Tirat Haifa el 11 de diciembre de 1947 hasta la de Kirbat Ilin, en la zona de Hebrón, el 19 de enero de 1949. Y cuenta que las masacres no han cesado después, desde la matanza de Kfar Qasim el 29 de octubre de 1956, cuando 49 aldeanos que volvían de sus campos fueron asesinados. Luego fueron la matanza de las aldeas de Galilea en 1976; Sabra y Chatila en 1982; Kfar Kana en 1999; Wadi Sora en 2000 y el campo de refugiados de Yenín en 2002. Y concluye Pappé que “la matanza de palestinos por Israel no ha terminado nunca”. Ahí están, por ejemplo, los informes de Amnistía Internacional sobre las muertes de civiles en la Franja de Gaza.

¿Cómo explicar que el Estado de un pueblo que sufrió la más cruel y abyecta persecución y muerte se haya convertido en implacable victimario? Pappé apunta que el problema de los palestinos con Israel no es su carácter judío, pues el judaísmo tiene muchas facetas y muchas de ellas son base para la paz. El problema es su carácter étnico y sionista, pues “el sionismo no cuenta con los márgenes de pluralidad del judaísmo, y, en particular, no para los palestinos”.

Mientras el sionismo y el delirio de ser un “pueblo elegido” primen en Israel y, sobre todo, en su clase dirigente, la paz no será posible. Ni el pueblo palestino alcanzará la justicia que se le debe.

*Periodista y escritor

 

 

 

Contralínea 378 / 17 al 23 de marzo de 2014

 

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