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Más impulsos al negocio bélico en Estados Unidos. A pesar de las promesas de reducir los gastos militares, la administración de Barack Obama autoriza un gasto por varios miles de millones de dólares para instalar escudos antimisiles en su propio territorio y en Europa. La “amenaza” de un hipotético ataque de Irán sirve para promover los intereses de la industria armamentista

Roberto García Hernández/Prensa Latina

El Pentágono estadunidense avanza en el establecimiento de escudos antimisiles en territorio de Estados Unidos y Europa, a un costo de miles de millones de dólares, a pesar del debate en torno a la necesidad de recortes presupuestarios.

Los militares estadunidenses pedirán al Congreso de aquel país para el año fiscal 2015 más de 4 mil 500 millones de dólares adicionales, con el propósito de financiar el programa de defensa anticoheteril en zonas costeras estadunidenses durante el próximo lustro.

El Departamento de Defensa usará este dinero adicional ante la preocupación creciente de Washington por las supuestas amenazas de algunos de sus adversarios que poseen cohetes de gran alcance, señala un artículo reciente del diario The Wall Street Journal.

La administración del presidente Barack Obama prevé instalar 14 plataformas de interceptores en varias demarcaciones de Estados Unidos para incrementar esas capacidades, planes que al parecer tendrán un apoyo bipartidista en el Capitolio.

Pero una  veintena de las casi 30 plataformas de cohetes antibalísticos que ahora existen tienen como elemento básico el recién creado CE-2, llamado “vehículo asesino”, diseñado para destruir cohetes adversarios que se acerquen al territorio estadunidense.

Cerca de 1 mil millones de dólares financiarán un radar de vigilancia que será ubicado en el estado de Alaska, y otros 560 millones para los trabajos del interceptor CE-2, a pesar de que este medio ha fracasado en varias pruebas, la última de las cuales fue en julio de 2013.

Otras piezas de este sistema integrado son los aeróstatos que instalará a manera de prueba el Pentágono en los próximos meses para la defensa contra cohetes crucero en el polígono del Ejército, en Aberdeen, estado de Maryland, a unos 80 kilómetros al Noreste de la ciudad capital, como parte de la defensa antiaérea de esa urbe.

Estos artefactos podrán detectar la aproximación de cohetes crucero o aviones enemigos desde más de 600 kilómetros, señala un artículo del diario The Washington Post.

El Pentágono gastó cerca de 7 mil millones de dólares en varios de estos equipos denominados como “menos pesados que el aire” entre 2007 y 2012, aunque la mayoría de ellos sufren serios problemas técnicos, demoras en la entrega y costos excesivamente altos, reconoció la Oficina de Supervisión del Gobierno.

Estos artefactos se añaden a otros que ya existen en localidades de los estados de Nueva York y Virginia, a lo largo de la costa y zonas adyacentes, que actúan como escudos antimisiles para proteger, en particular, los principales objetivos gubernamentales en Washington y sus alrededores.

Desde 2005 funciona el llamado Sistema Nacional Avanzado de Cohetes Superficie Aire (NASAMS), que protege a la capital estadunidense y también integra toda una estructura mayor bajo la dirección del Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD, por su sigla en inglés), y que incluye a Canadá.

El jefe del Comando Espacial de la Fuerza Aérea, general William Shelton, dijo en enero pasado que es necesario desarrollar modernos sistemas para la defensa estratégica de Estados Unidos, ante las nuevas capacidades que adquieren los “países adversarios” en cuanto a misiles balísticos.

Detrás de estos planes se mueven los intereses de los congresistas estadunidenses, que pretenden que alguna de esas plataformas se instale en los territorios representados por ellos.

En ese sentido, legisladores republicanos han presionado a la administración del presidente Obama para que construya una plataforma de defensa antimisil en la Costa Este, similar a la que ahora existe en Fort Greely, estado de Alaska, y en la base aérea de Vandenberg, en California.

Quienes proponen la medida argumentan que Estados Unidos necesita mejorar sus defensas antibalísticas para contrarrestar un supuesto ataque por parte de Irán, pero quienes se oponen al proyecto señalan que las autoridades de ese país [Irán] no pretenden hacerlo ni cuentan con cohetes capaces de llegar a territorio continental estadunidense.

Otros afirman que en caso de que el supuesto ataque tuviera lugar, las instalaciones que ahora existen en la Costa Occidental estadunidense serían capaces de interceptarlos y destruirlos.

En cuanto a los planes para el escudo antimisil en Europa, el 10 de febrero pasado arribó a la base naval de Rota, España, procedente de Norfolk, estado de Virginia, el destructor coheteril USS Donald Cook, equipado con los sistemas de radares antiaéreos Aegis.

Éste es el primero de cuatro buques similares de la Marina de Guerra de Estados Unidos que estarán involucrados en ese plan, pues al USS Donald Cook se le unirán en los próximos 2 años otros tres buques similares: el USS Ross, el USS Porter y el USS Carney, todos de la clase Arleigh Burke.

Éstas y otras unidades navales realizarán despliegues por toda la cuenca del Mar Mediterráneo durante periodos alternos de 4 meses, y además de sus misiones como barreras antimisiles, estarán disponibles para realizar maniobras y cumplir disímiles tareas en la zona, de acuerdo con el anuncio oficial del Pentágono.

Otras piezas que también integran este escudo contra cohetes balísticos incluyen baterías interceptoras en Rumania y Polonia, sistemas de radares en Turquía y un centro de mando en la base estadunidense en Ramstein, Alemania.

El plan provocó fricciones con el gobierno de Rusia, que lo percibe como una amenaza contra su arsenal nuclear, y rechaza los argumentos de Washington y sus aliados, de que el sistema es netamente defensivo.

Al respecto, un artículo recientemente publicado en el sitio digital de la entidad académica canadiense Global Research señala que el llamado “escudo antimisil” que Estados Unidos desplegará en Rumania y Polonia, en 2015 y 2018, tiene como único propósito destruir los cohetes intercontinentales de Rusia.

La supuesta defensa contra la amenaza de los cohetes balísticos de Irán fue el pretexto de Washington para su instalación, pero ésa es una misión ya asignada a los sistemas que mantienen tanto  Estados Unidos como sus aliados en Oriente Medio, señala el texto.

El canciller ruso Serguei Lavrov calificó este escudo antimisil de Washington y la Organización del Tratado del Atlántico Norte como “un acto de hostilidad en momentos en que es impensable una confrontación militar en Europa”.

Pero con la colocación de éstos y otros escudos antimisiles, Estados Unidos no parece resolver los problemas de seguridad que enfrenta en varias regiones del mundo. De esta situación dan cuenta algunas de las principales figuras del Congreso de ese país.

Un ejemplo de ello son las declaraciones del senador republicano Rob Portman, quien dijo a la cadena televisiva MSNBC que Estados Unidos tiene actualmente una posición más débil ante el mundo que hace 4 años, y llamó al presidente Obama a ser consistente en su política exterior.

“No puedo pensar en un sólo lugar en el planeta donde estemos en una situación más ventajosa ahora, y no se trata de tener mayor o menor poderío militar, sino de acatar los principios de nuestro rol como potencia”, agregó el legislador.

 

Contralínea 377 / 17 al 22 de marzo de 2014

 

 

 

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