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Castigar a los pobres. El gobierno neoliberal de la inseguridad social es un libro de 450 páginas del sociólogo y profesor de la Universidad de Berkeley (California) Loïc Wacquant, traducido por Margarita Polo, Diego P Roldán y Cecilia Pascual. Dice en su contraportada: “el giro punitivo adoptado por las políticas penales en las sociedades avanzadas no se limita al simple binomio de ‘crimen y castigo’ […] anuncia el establecimiento de un nuevo gobierno dominado por la inseguridad social y orientado a contener los desórdenes urbanos provocados por la desregulación económica y la conversión de las políticas de bienestar en un trampolín hacia el empleo precario. Dentro de este aparato liberal-paternalista, la policía y la cárcel han recuperado su misión original: amoldar [domesticar] a las masas, a las poblaciones, y a los territorios rebeldes dentro del orden económico y moral emergentes”.

Ese doble neoliberalismo es el nuevo Leviatán, y penetrar sus entrañas es “entrar en el laboratorio viviente de la revolución neoliberal [que] también tiene la virtud de revelar […] el colosal coste social y la degradación irreversible de los ideales de libertad e igualdad que conlleva la criminalización de la inseguridad social […]. El análisis comparativo de la evolución de la penalidad en los países avanzados en la última década revela un estrecho vínculo entre el ascenso del neoliberalismo […] y la adopción de políticas […] impulsoras del mantenimiento del orden callejero y las categorías que quedan en los márgenes”.

Así, las políticas sociales son políticas penales, donde el Código Penal –y no la Constitución– tipifica nuevos delitos y mayores sanciones. Es un Estado penal, policiaco, el Estado gendarme resucitado de Lassalle… Son 10 capítulos con el apoyo de una poderosa bibliografía sobre cómo el capitalismo salvaje disfrazado de neoliberalismo económico tiene como único objetivo castigar a los pobres en lo laboral, lo social, lo educativo, lo cultural, lo económico y lo político porque sobran, pues el neocapitalismo es para pocos y éstos “son los que importan”; y hacer prevalecer la democracia representativa, castigando las manifestaciones callejeras contra la autoridad. Más cárceles y escuelas privadas y menos escuelas públicas. Menos derechos y más obligaciones para surtir a los mercados neoliberales. Meter a los pobres en cintura y privatizar los bienes y servicios públicos.

Los pobres son criminales y deben ser castigados; reducirles la seguridad médica, laboral, escolar; encarecer los productos para alimentarse y encarcelar indígenas e indigentes. Y que el gobierno neoliberal económico maneje el Estado penal, para que lo que no le convenga sea tomado como vandalismo y como exageradas las protestas y peticiones de los pobres, tachándolos de impacientes, flojos y enemigos del capitalismo. “El nuevo gesto de la ley y el orden transmuta la lucha contra el delito de un teatro burocrático periodístico titilante que, simultáneamente, reprime y alimenta fantasías de orden electoral, reafirma la autoridad del Estado a través de su lenguaje y sus gestos viriles y hace de la cárcel la verdadera protección contra los desórdenes que, cuando se producen fuera de su submundo, son acusados de amenazar las bases de la sociedad”. Los programas contra la pobreza de los gobiernos neoliberales son otra manera de mantener a raya a los pobres y los marginados.

Ficha bibliográfica:

Autor: Loïc Wacquant

Título: Castigar a los pobres. El gobierno neoliberal de la inseguridad social

Editorial: Gedisa, 2010

 

 

 

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  1. celso gaona / marzo 23, 2014 at 8:58 pm

    Hola, los saludo desde acapulco, he seguido con interés su publicación, siempre con articulos verdaderamente de fondo, respecto al libro de Loïc Wacquant, el gobierno neoliberal y el estado penal, quisiera me informaran donde puedo adquirirlo, me llamo poderosamente la atención, gracias

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