Autor:

Luego de que en 1979 Estados Unidos cancelara abruptamente su nueva generación de reactores nucleares, hasta este año se retoman los proyectos detenidos por un accidente y la incapacidad de asegurar que no ocurriera un desastre ambiental y social. Hoy ya la administración de Obama ha comprometido créditos por 6 mil 500 millones de dólares. Ambientalistas rechazan el discurso del gobierno estadunidense, que se justifica diciendo que busca generar energía verde. Aseguran que los reactores son altamente contaminantes y nada puede descartar completamente un colapso con altos costos sociales. Lo que en verdad se busca, afirman, es rescatar económicamente a la industria atómica

Carey L Biron/IPS

Washington, Estados Unidos. El gobierno de este país anunció que otorgará sustanciales garantías de crédito a dos nuevos reactores nucleares, en lo que representa un gran impulso al primer proyecto de energía atómica en esta nación en más de 3 décadas.

La industria nuclear, preocupada por su viabilidad en el actual panorama energético mundial, celebró de inmediato el anuncio.

Pero organizaciones ambientalistas lo condenaron y advirtieron que las autoridades no habían aprendido las lecciones dadas por los últimos desastres nucleares y señalaron que ese tipo de proyectos eran demasiado riesgosos para los contribuyentes.

Las garantías de crédito, por 6 mil 500 millones de dólares, tienen el objetivo de revitalizar la industria nuclear, explicó el secretario de Energía, Ernest Moniz, quien el 20 de febrero pasado visitó al suroriental estado de Georgia, donde se construirán las dos plantas.

“La construcción de nuevas instalaciones de energía nuclear […] no sólo es un gran hito en el compromiso de la administración [de Barack Obama] con el impulso de la industria de energía atómica”, dijo Moniz a periodistas.

“También es parte importante de nuestro enfoque integral de la energía estadunidense, conforme avanzamos hacia un futuro bajo en carbono”, explicó.

El gobierno aprobó provisionalmente los préstamos hace 4 años, y se esperaba que fueran concretados en 2012. Un crédito para un tercer proyecto continúa en la etapa de negociación.

Sin embargo, el polémico fracaso de una compañía de energía solar que había recibido apoyo del gobierno federal llevó a las autoridades a detener los planes.

El capital privado mostró en general poco interés en esos proyectos, debido a que aún intenta recuperarse de la recesión de 2008 y también de los ecos del desastre en la central nuclear japonesa de Fukushima en 2011.

El Departamento de Energía promueve ahora un nuevo diseño de reactor que será usado en los dos proyectos, y que en parte se distingue por tener un sistema de apagado automático en caso de emergencia.

No obstante, organizaciones ambientalistas sostienen que las iniciativas siguen siendo peligrosas.

“Tenemos especial preocupación por este diseño. Fuimos parte de una iniciativa en su contra luego del desastre de Fukushima, y Estados Unidos todavía no ha incorporado las lecciones de esa experiencia”, dice a Inter Press Service (IPS) la activista Katherine Fuchs, de Amigos de la Tierra.

“Apenas [a principios de febrero] tuvimos un terremoto en Georgia y en [el cercano estado de] Carolina del Sur, lo que denota los continuos riesgos que debemos tener en cuenta”, añade la responsable de campañas contra los subsidios a la energía nuclear.

A su juicio, “es significativo que se trate de las dos primeras plantas construidas en décadas. Hay muchas buenas razones para esto, en especial cuestiones económicas y de seguridad”.

Gasto prohibitivo

Aunque la energía nuclear sigue produciendo alrededor de una quinta parte de la electricidad en Estados Unidos, el último ciclo de construcciones de reactores terminó abruptamente en 1979.

En marzo de ese año, un reactor del nororiental estado de Pennsylvania se derritió parcialmente por una confluencia de factores: diseño deficiente, mal funcionamiento técnico y errores humanos en su manejo.

Oficialmente nunca se reportó ningún efecto en la salud pública luego de la liberación del material radiactivo, pero el incidente motivó importantes cambios en las regulaciones y en los sistemas de vigilancia a las plantas nucleares.

Desde entonces entraron en funcionamiento otras plantas nucleares, la última de ellas a mediados de la década de 1990, aunque como parte de un proyecto que comenzó en la de 1970.

Pero tanto el gobierno federal como el sector privado se han enfocado en otras fuentes de energía.

En un contexto de auge de las nuevas tecnologías de fracking (fractura hidráulica), que permiten acceder a depósitos de gas natural antes inalcanzables, las inversiones requeridas para construir un nuevo reactor atómico, estimadas por algunos en unos 9 mil millones de dólares, se consideran prohibitivas cada vez más.

Sólo el año pasado se clausuraron cuatro plantas de energía atómica en Estados Unidos debido a problemas de viabilidad financiera, y Fuchs señala que varios planes para nuevos reactores fueron archivados.

Inversores de Wall Street se habrían negado a participar de los proyectos de Georgia, lo que tornó crítico el apoyo del gobierno. Pero algunos advierten que las plantas suponen un riesgo demasiado grande para los contribuyentes.

“La construcción de los dos nuevos reactores […] tiene 21 meses de retraso y se excedió 1 mil 600 millones de dólares en el presupuesto”, dice Allison Fisher, directora de extensión para el programa de energía del grupo independiente Public Citizen.

Esto “pone en cuestión la decisión de asegurar este riesgoso proyecto con dólares de los contribuyentes”, señala, y advierte que la tecnología usada “sigue presentando numerosos problemas de seguridad y produce desechos tóxicos para los cuales aún no hay soluciones”.

“Difícilmente se trata de una tecnología que el gobierno deba promocionar y apoyar con fondos de los contribuyentes”, añade.

¿Energía limpia y verde?

La reacción de la industria nuclear subrayó la importancia del apoyo del Departamento de Energía estadunidense para estos proyectos.

El 20 de febrero de este año, el Instituto de Energía Nuclear, una asociación comercial, calificó el anuncio de “histórico”.

“El acuerdo demuestra el reconocimiento de la administración de Obama al papel clave que debe desempeñar el sector nuclear en una exitosa política de energías limpias”, dice el presidente del Instituto, Marvin Fertel, en una declaración enviada a IPS.

“El programa de garantía de préstamos […] actuará como catalizador para acelerar la construcción de fuentes de electricidad no emisoras o con bajas emisiones [de carbono], como las plantas atómicas”, agrega.

Como señala Fertel, las nuevas garantías de préstamos proceden de una partida de dinero creada por el Congreso estadunidense en 2005 para apoyar “innovadoras” tecnologías en el sector energético.

Al anunciar el acuerdo, el gobierno lo presentó como una forma de promocionar las energías limpias.

Los nuevos reactores “producirán suficiente electricidad limpia para más de 1.5 millones de hogares”, analizó en un blog Peter W Davidson, funcionario de esa cartera.

“Al mismo tiempo, este proyecto ayudará a combatir el cambio climático, al mantener unas 10 millones de toneladas de dióxido de carbono fuera de la atmósfera. Es como sacar de las calles a 2 millones de automóviles”, añadió.

El debate sobre el impacto de la energía nuclear en el recalentamiento planetario creció dentro la comunidad ambientalista en los últimos años. Para algunos grupos es engañoso presentar a la energía atómica como una alternativa no contaminante.

“La energía atómica no es limpia”, afirma Fuch. “No hay forma de manejar los desechos y todavía no contamos con diseños seguros o regulaciones adecuadas. Es por completo equivocado incluir a la energía nuclear en las energías verdes, y es increíble que la administración diga tal cosa”, sentencia.

 

 

 

Contralínea 376: del 10 al 16 marzo de 2014

 

 

 

 

 

Comments

comments