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Los militares retirados tienen en la memoria el recuerdo de las celebraciones del Día del Ejército en los cuarteles de toda la República Mexicana, fecha en la que el pueblo de México demostraba el cariño y la confianza que guardaba a sus Juanes, como cariñosamente les llamaba a los militares por la década de 1950, quizá hasta la de 1960 en algunos estados. A la Lista de Diana llegaban los alumnos de las escuelas primarias a cantar las mañanitas a los soldados. En sus manos portaban cajetillas de cigarros, jabones, etcétera, pequeños obsequios que ponían en manos de la tropa y los oficiales formados en línea en el patio del cuartel. Algunas ocasiones los sindicatos de maestros, de ferrocarrileros, electricistas o artistas de la radio, por ejemplo, llevaban mariachis, y se ofrecían banquetes a los oficiales, jefes y generales.

Es importante traerlo a la memoria porque ese Ejército del pueblo, de la Revolución Mexicana, recibía la veneración de los mexicanos, porque había liquidado a los terratenientes: la tierra fue para quien la trabaja; sindicalizó a los trabajadores contra el patrón explotador; estableció la educación pública laica, obligatoria y gratuita y la educación rural; nacionalizó la industria petrolera que explotaban los ingleses y estadunidenses tratando como esclavos a los trabajadores mexicanos, ocasión en que los ciudadanos demostraron total confianza en el gobierno de la Revolución del entonces presidente de la República, el general Lázaro Cárdenas, iniciando una colecta nacional para pagar la deuda petrolera. Todos esos logros fueron promulgados por la Revolución en la Constitución de 1917.

Pero el gobierno cayó en manos del Partido Revolucionario Institucional, que inició el embate contra la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, institucionalizó la corrupción durante 7 décadas y consintió a los reaccionarios entregándoles el poder en 2000.

Para este general retirado se impone insistir en las reminiscencias, porque los altos mandos de las Fuerzas Armadas no han respondido al origen revolucionario del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos y Armada de México. Contrariamente, se echaron de bruces ante los gobiernos derechistas sustentados desde el extranjero y se pusieron en manos de poderes fácticos; pretenden soslayar la historia patria y enterrar en el olvido a los patriotas muertos en el movimiento armado por sacudirse la tiranía en 1910.

La nación debe exigir a la Secretaría de la Defensa Nacional y a la Secretaría de Marina, comandados en la actualidad por diplomados de Estado Mayor, que cuando hablen de patriotismo, expliquen por qué se sujetan a mandatos de un presidente falso, impopular, que actúa contra la soberanía nacional, manipulado por Estados Unidos; corrupto y corruptor; vergonzante ante el panorama mundial, ya que las embajadas son para informar la realidad a sus gobiernos, aunque la televisión lo haga parecer un figurín o figurón y sus poderosos patrocinadores extranjeros obliguen a los gobiernos sometidos a rendirle honores.

Ellos no pueden negar la realidad. Nadie cree en el gobierno de la República. La desconfianza reina y la gente, con tantito sentido común, se mofa de la propaganda gubernamental y la de las cámaras legislativas, que además cuestan muchos millones de pesos que van a dar a empresas televisoras y muchos otros medios de comunicación.

Volviendo al tema del Día del Ejército, es preciso que los diplomados de Estado Mayor expliquen también por qué el pueblo repudia ahora a sus soldados. No convence, por las razones ya expuestas, la encuesta entregada a la prensa nacional. Que digan por qué no funciona la Ley de Ascensos y Recompensas, como tampoco la atención médica integral, la dotación de medicamentos, prótesis, aparatos ortopédicos y por qué el Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas obra en contra de su misión. ¿Por qué tantas deserciones, indisciplina, falta de espíritu militar?

A partir de que los egresados de la Escuela Superior de Guerra llegaron a los altos mandos, adoptaron la represión a la que fue desviada la institución armada; o, peor aún, se sometieron a las corrientes regresivas contrarias a las Leyes de Reforma, guardaron silencio ante la ofensiva a la Constitución de 1917 y por fin terminaron apoyando las denominadas reformas estructurales, que entregan a México al neoliberalismo.

La Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Marina no pueden seguir apoyando a un gobierno ilegítimo que atenta contra la Constitución. Traicionan a la patria si olvidan su protesta de ley al causar alta en las filas del Ejército del pueblo: “cumplir y hacer cumplir la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen”.

¿Quién puede aceptar, sin tener que reconocer motivos “extraños”, que los organismos electorales cumplieron con la ley?

Que no aleguen patriotismo.

*General brigadier retirado; presidente de la Federación de Militares Retirados Francisco J Múgica, AC

 

 

Contralínea 376: del 10 al 16 marzo de 2014

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