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¿Qué tiene usted que ver con el destino?, le preguntó Napoleón a Goethe, y éste respondió: la política es el destino

 Emil Ludwing entrevistando a José Stalin, en

Las grandes entrevistas de la historia

Ni Enrique Peña ni sus peñistas del primer círculo tienen una formación política y mucho menos democrática, con todo y que se sirvieron del método electoral hacia la democracia representativa echando mano de chapuzas que marcaron de corrupto el proceso en las urnas que los llevó al poder presidencial. No hay, entre sus 20 principales integrantes, una cabeza política. Y si se abrieron paso a uno de los poderes del Estado fue porque la derecha y ultraderecha panista fracasó como alternancia cancelando el tránsito para “resolver, con más democracia, los problemas de la [nuestra elemental, todavía] democracia” (Alfred Smith), así como la exigencia de la transición a más democracia representativa y democracia directa por la vía de plena vigencia de los derechos y sus garantías, con sustento en los Artículos 25, 39, 40, 41, 87 y 136 constitucionales.

Toda la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es una conquista de la nación y somete a límites a los gobernantes que ejercen sus obligaciones en el esquema de “poderes y contrapoder” de la división del poder e imperio del Estado como estructura de medios y fines jurídico-políticos. En palabras de Hannah Arendt: “La distinción entre gobernar y ser gobernado, y la ley como limitación de dicho poder” (La promesa de la política, Paidós, 2008).

El caso es que en el núcleo peñista, donde privan las ambiciones mexiquenses, deformados todos por Televisa que les hace creer en la imagen y la manipulación de los medios, no ejercieron la política como información mínima en la literatura de las ideas y teorías políticas (William Ebenstein, Pensamiento político moderno, ediciones Taurus; y “Los grandes pensadores políticos”, en Revista de Occidente; y de Salvo Mastellone, “Historia de la democracia en Europa, de Montesquieu a Kelsen”, Revista de Derecho Privado). Y es que en la Universidad Panamericana, donde asegura Peña haber obtenido su licenciatura en derecho (debió ser derecho natural, no derecho positivo histórico constitucional), reciben cursos de teología, ya que es un colegio del Opus Dei. Y menos se han adentrado en la historia política, económica y social mexicana y por eso desprecian autocráticamente las conquistas del pueblo y sus dirigentes, como José María Morelos y Lázaro Cárdenas.

Con su jerga amenazante y de prepotente servilismo a Peña, Miguel Ángel Osorio Chong se atrevió a comparar a éste, con todo y su enanismo, con el autor de Los Sentimientos de la Nación, el gigante José María Morelos y Pavón, Siervo de la Nación. Ha sido un atrevimiento de la estupidez y de quien nada sabe de la historia mexicana. Dijo el hidalguense que “el peñismo es tolerante”, pero intolerante y con resabios nazifascistas agregó que el uso de la fuerza es sinónimo de tolerancia; y en su servilismo abyecto, adulador, rastrero y vil, comparó a su jefe, sin ningún mérito, con el Siervo de la Nación. Fue la total lambisconería. Y una muestra del analfabetismo histórico del señor Osorio, quien sabrá mucho de sus orígenes chinos pero absolutamente nada de Morelos (Ernesto Lemoine, Morelos: su vida revolucionaria a través de sus escritos y otros testimonios de la época; y de Ernesto de la Torre Villar, La constitución de Apatzingán; ambos editados por la Universidad Nacional Autónoma de México).

El representante del peñismo Enrique Peña Nieto, admirador del Obregón autoritario y arbitrario como consta en su tesis para obtener el grado de licenciatura (El presidencialismo de Álvaro Obregón), con su neoliberalismo económico, sus contrarreformas constitucionales y su cuestionado ascenso a la Presidencia, es la antítesis de Morelos. Este último fue un revolucionario consecuente con las demandas del pueblo y estratega de la democracia directa para instaurar el imperio de la ley constitucional. Peña y Osorio Chong están caminando sobre su contrarrevolución. Morelos luchó por la Independencia. Peña está por la dependencia. Morelos tuvo por guía a Hidalgo. Peña hizo de Carlos Salinas de Gortari su mentor.

Así que Osorio Chong, arrastrándose a los pies de su ídolo de barro, desbordándose en lacayismo y enseñando su ignorancia histórica, se atrevió a comparar al Morelos que encabezó las demandas del pueblo con un Peña que lidera a los empresarios nativos y extranjeros contra los intereses nacionales, porque aun suponiendo que sus contrarreformas sirvieran para al menos bajar los costos del gas, la electricidad, gasolina y diésel, se opuso a una consulta popular en los términos de la Constitución Política, que tiene sus raíces en la Constitución de Apatzingán (Felipe Tena Ramírez, Leyes fundamentales de México: 1808-2010, editorial Porrúa). Y no es que la Constitución no deba ser reformada en sus fines –la nuestra abre la puerta para ser “adicionada o reformada” en su Artículo 135–, “pues la Constitución, por difícil que sea su reforma, es continuamente renovada para ponerla de acuerdo con las necesidades del tiempo” (Hans Kelsen, Teoría general del Estado y Compendio de teoría general del Estado).

Solamente que el peñismo y el lacayo Osorio Chong impulsaron contrarreformas para derogar los principios fundamentales y han establecido un gobierno contrario a la Constitución, lo que equivale a un golpe de Estado al interrumpir la observancia constitucional en sus términos históricos. Mejor hubiera sido si el señor Chong identifica a Peña con Salinas, con Santa Anna, con Manuel de la Peña y Peña, con ErnestoZedillo, Vicente Fox o Felipe Calderón… Morelos fue Siervo de la Nación. Peña y Chong son serviles del neoliberalismo económico y enemigos de la democracia directa al servicio del pueblo.

*Periodista

 

 Contralínea 376: del 10 al 16 marzo de 2014

 

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