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Hace 5 años que los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil fueron derrotados en Sri Lanka. Con ello se dio fin a un conflicto militar interno que duró 3 décadas. En poco tiempo, la recuperación de la nación parece ser exitosa: la educación que reciben los jóvenes es de más alta calidad que la de cualquiera de los otros países de la región. Pero el indicador sólo puede ser un espejismo: los muchachos están educados pero no hay fuentes de empleo, la reconciliación en la zona de conflicto no ha iniciado y la calidad de vida de la población se deteriora aceleradamente

Amantha Perera/IPS

Colombo, Sri Lanka. La Provincia Norte de este país, que todavía se recupera de las consecuencias de la guerra civil, tuvo motivos para celebrar cuando se anunciaron, en diciembre de 2013, los resultados de un examen realizado en todo el país.

De los 16 mil 604 estudiantes que participaron en la prueba, 63.8 por ciento obtuvieron las calificaciones necesarias para ingresar a universidades nacionales prestigiosas.

Se trata de un desempeño espectacular para una región azotada durante 3 décadas por un conflicto sectario que llegó a su fin en mayo de 2009, cuando las fuerzas del gobierno derrotaron a los separatistas Tigres para la Liberación de la Patria Tamil.

Desde entonces, la provincia lleva adelante un engorroso esfuerzo de recuperación.

“Es un récord nacional”, dice a Inter Press Service (IPS) el secretario del Ministerio de Educación provincial, Sivalingam Sathyaseelan. “En esta región la enseñanza siempre se consideró una escalera hacia una vida mejor, incluso antes de la guerra. Una vez más, la gente parece estar pensando así”.

Sin embargo, Sathyaseelan aclara que una buena educación no siempre significa un buen empleo.

“Hay muchos graduados que están desempleados. Aquí no hay trabajos. Los graduados tienen que emigrar o contentarse con trabajos manuales. Incluso a veces se convierten en albañiles o asistentes de albañiles”, añade.

El desempleo afecta alrededor del 4 por ciento de la población económicamente activa de Sri Lanka, pero es excepcionalmente alto en la Provincia Norte.

Sólo hay información disponible en dos de los cinco distritos que conforman dicha Provincia, y en ambos casos se duplica la tasa nacional de desocupación. En Mannar llega a 8.1 por ciento, y en Kilinochchi a 9.3 por ciento.

Algunos economistas advierten que, si se tomaran parámetros de cálculo más estrictos, los índices serían aún mayores.

En la Provincia Norte “la tasa de desempleo podría llegar a un pasmoso 32.8 por ciento”, dice a IPS el economista Muttukrishna Saravananthan, director del Instituto Point Petro para el Desarrollo, con sede en la norteña ciudad de Jaffna.

La desocupación entre los que aprobaron el examen para ingresar a la universidad es alta. Según el Departamento de Censo y Estadísticas, alrededor de 10 por ciento de los que completaron exitosamente la prueba siguen sin encontrar empleo.

La falta de trabajo y de ingresos crea un círculo vicioso en el Norte. Expertos señalan que muchos estudiantes de secundaria están abandonando las aulas para conseguir una fuente laboral.

Rupavathi Keetheswaran, agente del gobierno para el distrito de Kilinochchi, explica que, al terminar la asistencia de posguerra y ante la caída de los ingresos, muchas familias se encuentran en difícil situación económica, sobre todo las encabezadas por mujeres o con integrantes discapacitados.

Se estima que en la Provincia Norte hay unos 40 mil hogares encabezados por mujeres.

Ramalingam Sivaparasgam, coordinador nacional de la Organización Internacional del Trabajo, dice a IPS que la crisis estaba llevando a muchos alumnos de secundaria a abandonar los estudios. “La principal razón es la falta de medios de sustento. La responsabilidad de hacer dinero está recayendo en los hijos”, explica.

Éstos principalmente buscan trabajo en la construcción o en la agricultura. Ambos sectores experimentaron un auge en la provincia debido a los esfuerzos de reconstrucción y a la tradicional dependencia de la producción agrícola.

Sathyaseelan, del Ministerio de Educación, explica que la falta de empleos para graduados universitarios o para otras personas de nivel educativo alto disuadía a los jóvenes de continuar en las aulas.

“Cuando los estudiantes más jóvenes ven a otros luchando para conseguir trabajo, consideran que la educación no sirve para mucho y quieren abandonar”, señala.

Analistas advierten que, a pesar de la inversión del gobierno para rehabilitar la antigua zona de conflicto, pocos beneficios han llegado para los que más sufrieron: las más de 460 mil personas que abandonaron sus casas por causa de la guerra y ahora han regresado.

En medio de un desigual esfuerzo de reconstrucción, que según muchos expertos le prestó más atención a los grandes proyectos de infraestructura que a la creación de empleos e ingresos, la educación es un área donde todos, desde el gobierno hasta las decenas de miles de repatriados, parecen estar más o menos satisfechos.

En una encuesta realizada por el Alto Comisionado de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados, divulgada el año pasado, una abrumadora mayoría de desplazados de guerra que regresaron a la Provincia Norte dijeron no tener quejas sobre el sistema educativo.

La consulta, hecha a 997 hogares, concluyó que “87 por ciento de los entrevistados estaban satisfechos con la calidad de la educación”.

Pero la enseñanza, uno de los frutos de la paz, no ha traído prosperidad a la Provincia Norte.

“Hasta la fecha no hay ningún plan de incentivos de parte del gobierno para que el sector privado invierta y genere empleos en el Norte”, señala el economista Saravananthan.

Un estudio elaborado por el Centro Internacional para la Investigación en Violencia Política y Terrorismo, de la Escuela S Rajaratnam de Estudios Internacionales, en la Universidad Tecnológica Nanyang, de Singapur, concluyó que el gobierno de Sri Lanka debe hacer más para ayudar a su población.

El informe señala que el gobierno debe atender las necesidades de los ciudadanos comunes en la antigua zona de conflicto, dominada por la comunidad tamil, que constituye una minoría en este país de mayoría cingalesa.

“Esto incluiría no sólo atender temas como la falta de medios de sustento y la inseguridad alimentaria, sino también examinar la participación local en la ejecución de programas de desarrollo, brindar consejería sicológica a víctimas de la violencia y reclutar un número suficiente de funcionarios de gobierno que hablen tamil”, señala el estudio.

Además, recomienda proyectos para generar empleos en el sector fabril, ayudar con fondos a la agricultura y la pesca, y adoptar planes para mantener a los niños y jóvenes en las escuelas, iniciativas todas que han quedado detrás de los grandes esfuerzos de infraestructura en la provincia.

 

 

 

Fuente: Contralínea 374 / 24 febrero al 1 de marzo de 2014

 

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