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En la Ciudad de México los gobiernos del Partido de la Revolución Democrática (PRD) habían sido afines a los intereses y convicciones de la población capitalina y en especial de los sectores más desprotegidos.

Las políticas de bienestar social de Andrés Manuel López Obrador y de Marcelo Ebrard, lo mismo que la firme defensa del Estado laico que llevó a cabo este último, explican el gran apoyo popular que cosechó la izquierda en la Ciudad, y por ello el fácil triunfo de Miguel Ángel Mancera en los comicios de 2012.

Aunque llegó al poder bajo esas circunstancias, Mancera inició su mandato con una política contraria al bien de las mayorías, con decisiones como el aumento a las tarifas del transporte público.

Asimismo, mostró un claro interés por congraciarse con jerarcas católicos, con la clase política y con sectores privilegiados.

Sin embargo, aún es posible que el titular del Gobierno del Distrito Federal rectifique el rumbo.

Con el dinero y contra el pueblo

Nacido en 1966, Mancera es abogado de profesión; tiene estudios por la Universidad Nacional Autónoma de México, por la Universidad de Barcelona y por otras instituciones, como la Universidad Panamericana, del Opus Dei, donde ha sido profesor, lo mismo que en otras escuelas privadas, como el Instituto Tecnológico Autónomo de México y la Universidad del Valle de México.

Fue procurador de Justicia en el Distrito Federal antes de convertirse en jefe de gobierno, en 2012, como resultado de unos comicios donde ganó con más del 60 por ciento de los votos.

Obviamente, los capitalinos votamos por él con la expectativa de que continuaría con los lineamientos de sus predecesores; de ellos fue el mérito de su elección, no del propio Mancera.

Llegado al poder, Mancera se apresuró a seguir el camino de muchos políticos, enemigos de los pobres.

A lo largo de 2013, con los aumentos a las tarifas de autobuses urbanos, del Metrobús y finalmente en el Sistema de Transporte Colectivo Metro, Mancera propinó un golpe demoledor a la economía de los capitalinos que recurrimos a esas formas de transporte.

Para justificar esas medidas, el gobierno capitalino alegó supuestos apremios económicos; pero si bien la población se mostró tolerante con los aumentos de los camiones y del Metrobús, su paciencia se agotó con el aumento en el boleto del Metro, de tal suerte que surgieron protestas populares.

Frente a ellas, el gobierno capitalino adoptó la estrategia, de inspiración derechista, de pregonar un combate al ambulantaje en los vagones y estaciones del Metro, como si con eso beneficiara a los usuarios de ese transporte y a las familias más necesitadas.

 

En realidad, los ambulantes, algunos de ellos discapacitados o ancianos, encuentran en esa actividad una forma honesta de ganarse la vida, ofreciendo a los pasajeros mercancías a mejores precios que los predominantes en el comercio establecido.

Al transportarnos en el Metro nos encontramos, por ejemplo, a jóvenes, ancianas y ancianos, discapacitados, etcétera, que venden plumas, rastrillos y hasta diccionarios a módicos precios. Con ello, a los pasajeros no nos hacen daño alguno, ni desearíamos que perdieran su trabajo y se vieran en condiciones más dramáticas todavía.

Empero, Mancera presentó la eliminación del ambulantaje en el Metro como uno de los supuestos beneficios que, luego del aumento de sus tarifas, ofrecerá el Sistema de Transporte Colectivo a la población.

Con ello demostró que no tiene sensibilidad hacia las necesidades de los pobres.

Algunos medios de comunicación informaron que desde el aumento de la tarifa, el Metro desplegó carteles en los vagones en los que invita a los usuarios a no comprar mercancía a los informales para no fomentar su permanencia (véase, por ejemplo, El Universal online).

Se trataba de una campaña de linchamiento contra quienes no pueden defenderse, como son ese tipo de vendedores, humildes y desprotegidos, pues al gobierno capitalino no se le ocurriría poner cartelones incitando a la gente a no comprarles a los voraces y multimillonarios dueños de las grandes cadenas comerciales.

En el colmo del cinismo, políticos capitalinos propusieron hacer campañas para convencer a la gente de que apoyara el aumento al Metro, o bien se alegó que, según encuestas, la mayoría de los usuarios estaba de acuerdo con el aumento.

Sin necesidad de apelar a encuestas y campañas publicitarias, es un hecho que el alza en las tarifas perjudica a la gente, pues sus recursos se verán reducidos. Si a Mancera le redujeran sus ingresos, se vería perjudicado, lo cual podemos concluir sin necesidad de recurrir a encuestas.

Esa forma de gobernar, quitándole recursos a la gente y justificando el expolio mediante propaganda y “encuestas”, propio de políticos neoliberales o derechistas, no había sido el estilo de los gobernantes perredistas del Distrito Federal.

Además, suele suceder que detrás de los grandes aumentos dictados por un gobierno, se produce el saqueo de los recursos públicos por parte de funcionarios y políticos, quienes siempre están deseosos de obtener más dinero, que usualmente proviene del erario.

Al contrario de Mancera, preocupado por recaudar cada vez más, y por justificarse mediante pretendidas encuestas, en su momento López Obrador no abrumó a la gente con aumentos de precios, sino que destinó recursos a la atención de los ancianos y de los más necesitados.

Ésa fue su mejor encuesta y su mejor propaganda, al grado de que en 2005 y 2006 tuvo un apoyo multitudinario para llegar a la Presidencia de la República, lo que no fue posible por las presiones de los sectores poderosos, no por falta de apoyo popular.

El caso de Mancera evoca al de Vicente Fox en 2006, y al de Enrique Peña Nieto en 2012. Fox llegó al poder en 2000 gracias al desgaste de los gobiernos priístas y con la mentirosa oferta de un “cambio”, que sería una solución milagrosa a todos los problemas nacionales.

Llegado al poder, se dedicó a enriquecerse y a empobrecer al pueblo que, cansado de 2 sexenios panistas de abusos y saqueos, aceptó de nuevo al Partido Revolucionario Institucional (PRI) con la expectativa de mejorar su situación, mientras que Peña Nieto, desmintiendo esa ilusión, se ha dedicado a poner en práctica medidas agresivas contra el pueblo y contra la soberanía nacional.

Mancera va por el mismo camino: llegó al poder para ser un continuador de Obrador y de Ebrard, como obviamente dictó el voto popular en los comicios de 2012, y ha resultado un fiasco, del que seguramente se aprovecharán el PRI y el Partido Acción Nacional (PAN), y que por ello pone en peligro la permanencia de la izquierda en el gobierno de la Ciudad.

Afinidades con Norberto Rivera y con Peña Nieto

En contraste con sus predecesores Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, ha sido visible, además, el acercamiento de Mancera con el clero católico, con Peña Nieto y con sectores privilegiados.

Ebrard se atrevió a ampliar las libertades de las y los capitalinos con reformas como la despenalización del aborto y la legalización del matrimonio homosexual.

En su momento, el clero y los sectores reaccionarios auguraban que esas decisiones tendrían un elevado costo electoral para el PRD en la capital, y fue totalmente a la inversa: el PRD cosechó un triunfo abrumador, mientras que el partido del clero, el PAN, tuvo una votación mucho más reducida.

Mancera desdeñó ese resultado, pues una de sus primeras acciones fue irse a congraciar con El Vaticano y con el Arzobispado, como si ellos hubieran apoyado su triunfo, o fueran amigos de la izquierda, o como si no entendiera que la religiosidad del pueblo de México, en especial en la capital, no es de tipo político, ni siquiera doctrinaria.

En marzo de 2013, Mancera acompañó a Peña Nieto en su viaje al Estado de la Ciudad del Vaticano para asistir a la toma de posesión del papa Francisco, como uno de los pasos para estrechar aún más la relación del gobierno mexicano con la Iglesia Católica.

El viaje de Mancera a El Vaticano, que marcó un distanciamiento entre el jefe de gobierno y la defensa del Estado laico, le acarreó críticas, incluso de integrantes del partido que lo postuló.

En enero de 2013, Mancera Espinosa y el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, echaron a andar el programa Por tu Familia, Desarme Voluntario, en el atrio de la Basílica de Guadalupe (www.forumvida.org/religion-y-politica/encabeza-miguel-angel-mancera-y-el-cardenal-norberto-rivera-programa-de-despistolizacion-en-el-atrio-de-la-basilica-de-guadalupe).

En el evento, Mancera subrayó la participación de los representantes de la Iglesia Católica en la campaña de despistolización y agradeció a Rivera Carrera “el apoyo y reconocimiento a las acciones que su administración aplica en favor de la seguridad de los capitalinos y, al rector de la Basílica de Guadalupe, Enrique Glennie Graue, por haber aceptado instalar el centro de acopio en el atrio del templo mariano” (sic).

Por su parte, Rivera expresó que el clero capitalino también “cooperará” en otros programas, incluso “en el campo de la educación con centros educativos, sobre todo para alfabetizar”.

En suma, Mancera se esforzó por distanciarse de las tendencias que le dieron al PRD capitalino un apoyo popular y un sentido histórico.

¿Cambio de rumbo?

Empero, luego de una primera etapa de su gestión, de signo marcadamente antipopular, el gobierno encabezado por Mancera quizás esté modificando su rumbo, en conformidad con los anteriores gobiernos perredistas de la Ciudad.

Además de insistir en que no se decretarán nuevos aumentos en el transporte público y se mitigarán los efectos de los ya aprobados, e incluso se brindarán apoyos a los ambulantes afectados, hay otras decisiones que pueden apuntar en ese sentido.

Una de ellas es el nombramiento de Patricia Mercado al frente de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo del Distrito Federal. Mercado tiene una larga trayectoria en el feminismo y ha defendido la despenalización de las drogas.

Aunque las biografías políticas suelen tener claroscuros, desde el punto de vista ideológico la designación de Mercado es acertada y contrasta totalmente con los nombramientos que se hicieron en el gobierno federal durante la época panista: de empresarios y activistas católicos conservadores, como Carlos Abascal Carranza, quien precisamente ocupó, en el sexenio de Fox, el cargo de secretario del Trabajo y Previsión Social.

*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México