Ciudadanía europea, en venta

Autor:

José Carlos García Fajardo*/Centro de Colaboraciones Solidarias

“Asistimos a una competencia entre países de la Unión Europea para ver quién se lo pone más fácil a los ricos y quién vende más permisos de residencia”, estima Kinga Göncz, europarlamentaria socialista húngara. “Es un fenómeno que mueve mucho dinero y que es muy peligroso porque atenta contra los valores europeos que establecen la no discriminación entre las personas. Por un lado ponemos todo tipo de barreras a los refugiados para que no entren y, por otro, abrimos las puertas a los extremadamente ricos. Esto es algo que choca con el espíritu del proyecto”.

En la capital de la Unión Europea se alarman al constatar cómo países de la propia Unión venden pasaportes europeos a fortunas extranjeras con la nacionalidad y el derecho de residencia.

En un espléndido reportaje, Ana Carbajosa denuncia cómo con 1 millón de euros se puede comprar un pasaporte legal en Malta. También en España, Portugal, Chipre o Grecia se puede residir o nacionalizarse mediante el dinero. Las crisis financieras y el ansia recaudatoria de algunos socios de la Unión son los responsables de que valores y consensos hasta ahora intocables empiecen a agrietarse. La Comisión y el Parlamento Europeo luchan ahora por preservar el espíritu de la Unión Europea, mientras que los grandes capitalistas aprovechan la crisis para agenciarse nacionalidad y pasaportes. Es lo que algunos Estados ofrecen como “programas de residencia por inversión”.

Hay países como Malta o Chipre en los que el pasaporte se puede conseguir a cambio de inversiones o dinero en efectivo. Luego hay una larga lista de Estados como Portugal, España, Letonia, Austria o Reino Unido en los que, por medio de la adquisición de una vivienda o invirtiendo en deuda pública o en un negocio se obtiene la residencia. Y la residencia abre la puerta a la nacionalidad. También existen, sin crítica alguna ni alarma social, los casos considerados de interés nacional, supuesto bajo el que en 22 países de la Unión Europea conceden la nacionalidad a deportistas, artistas o inversores que consideran beneficiosos para el país.

Los denominados “visados de oro” se han disparado en el último año, denuncia Carbajosa y cita a Christian H Kälin, al frente del departamento de residencia y ciudadanía de una empresa con sede en la isla de Jersey y el referente para las grandes fortunas en busca de pasaporte: “Observamos un incremento constante de solicitudes, porque cada vez son más países los que ofrecen esta posibilidad”. Kälin explica que sus clientes proceden de países de África, Europa del Este y Oriente Próximo que “buscan flexibilidad, seguridad y tener opciones para invertir, hacer negocios y vivir en Europa”.

Un gestor de grandes fortunas de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas explica el proceso: “Para las grandes fortunas es más cómodo tener el permiso de residencia, porque cuando vienen a hacer negocios no tienen que pedir un visado. Además, para los rusos es una cuestión de prestigio social”. Se calcula que 10 mil o 15 mil euros es lo que sus clientes pagan a los abogados que tramitan la residencia, y se sabe que esas operaciones sirven para los negocios turbios que rodean todo el proceso. Cuando lo que el país europeo exige es invertir en un negocio, muchos montan empresas falsas, como sucede en los paraísos fiscales.

El Parlamento Europeo aprobó una resolución no vinculante en la que indica que “se espera que todos los Estados miembros actúen de manera responsable para preservar los valores y logros comunes de la Unión, y dichos valores y logros son inestimables y no pueden llevar pegada una etiqueta con el precio”. Pero compete a los países miembros decidir quién obtiene la nacionalidad en su país, aunque también alerta del peligro de socavar los principios del proyecto europeo. Obtener un pasaporte de algunos de esos países complacientes permite la libre circulación por el resto de los Estados de la Unión Europea.

Resulta dramático y paradójico que mientras se alzan fronteras y encarcelan a inmigrantes, se monten tinglados legales para acoger a personas ricas aunque se sepa que sus objetivos son delictivos, tal como sucede con los casinos financieros. Una vez más no son las instituciones democráticas sino las oligarquías financieras dominadas por bánksters quienes ejercen los poderes oligárquicos en esta enorme ilusión que aún es la Unión Europea.

*Profesor emérito de la Universidad Complutense de Madrid; director del Centro de Colaboraciones Solidarias

 

 

Contralínea 373 / 17 al 23 de febrero de 2014

 

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