Aplaudiendo a Moody’s

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Una de las costumbres de los diferentes gobiernos en México es presumir los logros que han obtenido con el fin de irse legitimándo en el poder. Sin embargo, la mayoría de esos logros no se han reflejado en elevar el nivel de vida de los mexicanos. Frecuentemente, las noticias espectaculares se presentan cuando existen graves problemas que no han podido solucionar, como es el caso del crimen organizado que, pese a todo, sigue operando en todo el país. Curiosamente, como por arte de magia se presentan en días emblemáticos para la nación, como el 5 de febrero pasado.

Me refiero a la decisión de la Calificadora de Valores Moody’s de elevar la calificación de la deuda mexicana a A3, y que fue anunciada por el presidente de la República en la conmemoración de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917. Obviamente el anuncio arrancó aplausos de los asistentes al acto, aun cuando la mayoría ignoraba de qué se trataba.

¿Qué indica la calificación de deuda A3 otorgada por la calificadora? En primer lugar, es la última calificación de la categoría A, y por lo tanto no implica que exista una alta calidad en cuanto a la deuda, sino que representa, según Moody’s, un grado medio-alto, sujeto a bajo riesgo crediticio, pero que tiene elementos actuales que sugieren una susceptibilidad de deterioro a largo plazo. El argumento que da la calificadora es que en México se aprobaron reformas estructurales que impactará favorablemente en el crecimiento económico.

¿En qué ayuda recibir esta calificación de deuda de una de las tres calificadoras de deuda y de inversión más importantes del mundo? Es un mensaje a los inversionistas internacionales de que pueden confiar en la economía mexicana, y también de que México puede ser susceptible a tasas de interés privilegiadas en el pago de su deuda. Ello, lógicamente, ayuda a un país subdesarrollado que aspira a superar sus grandes problemas económicos con base en sus riquezas naturales.

Lo que preocupa es que la nueva calificación que se otorga está basada en los resultados de las reformas estructurales y cuando aún no se han aprobado las leyes secundarias que permitirán su ejecución. Entonces la base de la calificación está en el entorno de un supuesto que puede pasar o no. La política económica del gobierno no atraviesa por un momento adecuado, pese a lo que digan Luis Videgaray, secretario de Hacienda y Crédito Público, y el propio presidente Enrique Peña Nieto. Efectivamente existen elementos que sugieren un deterioro de la deuda a largo plazo. Algunos de ellos son:

1. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía dio a conocer el 6 de febrero una disminución en la confianza del consumidor, lo que implica una retracción en el nivel de ventas de las empresas. Esto aún no es alarmante, pero si aumenta esta desconfianza puede haber una disminución de la producción y, por ende, despido de personal y una sustancial baja de ingresos que pegará indudablemente en el consumo.

2. Existe una elevada inconformidad del sector empresarial con la reforma hacendaria, que implicó la elevación de impuestos y la modificación de regímenes fiscales que siempre los había beneficiado y que ahora los perjudica. De hecho, ya existe una resistencia del sector empresarial al interponer amparos en contra de la reforma hacendaria. Esto también puede provocar que algunas empresas cierren y otras, primordialmente trasnacionales, busquen otros horizontes. Esto puede derivar en una contracción severa en la actividad económica.

3. La inseguridad es un elemento que sigue afectando a la economía nacional. No sólo se trata de crímenes, secuestros, asaltos, etcétera, sino que se trata de un impacto negativo en las inversiones nacionales y extranjeras por la incertidumbre que genera.

4. Sólo representa la opinión de una sola calificadora, ya que las otras dos no lo han manifestado así y mantienen la calificación que tenían para México. En la crisis financiera de Estados Unidos, en el último proceso electoral, una de las calificadoras bajó la valoración de la deuda a la categoría AA, cuando la tenía de AAA, y una vez terminado el proceso la misma calificadora le recuperó la calificación. Esto indica que en algunas ocasiones los aspectos políticos influyen en esas calificadoras.

5. En México aún existe un elevado grado de corrupción en algunos sectores de la sociedad, en algunas empresas y en el gobierno. Este cáncer puede impactar negativamente en los resultados que se obtengan de las reformas estructurales.

6. Los resultados de las reformas estructurales no son inmediatas, y en el gobierno están conscientes de que serán en el largo plazo, aunque el dirigente del Partido Revolucionario Institucional, César Camacho, haya declarado públicamente que si no se perciben resultados favorables para la población, se tiene que pensar en otras acciones.

Para concluir, así como no es bueno celebrar con anticipación, creo que tampoco ayuda estar en contra de todo lo que hace el gobierno, pero sí es conveniente entender lo que nos están diciendo. Los especialistas financieros deberían hacer un análisis a conciencia, estableciendo pros y contras e informar a una sociedad que carece de una cultura financiera.

Finalmente, el aplauso no fue para el gobierno mexicano, sino para Moody’s.

*Doctor en economía por la Universidad Nacional Autónoma de México, especialista en gasto público y presupuesto

  

Contralínea 373 / 17 al 23 de febrero de 2014