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Electricidad a cambio de la pesca es la oferta del gobierno de Camboya a las paupérrimas comunidades rivereñas. Con poca información veraz y mucha propaganda, los milenarios pueblos pesqueros están a punto de perder sus ríos y su tradicional forma de vida. No dejarán de ser pobres, pero tendrán luz eléctrica… si es que pueden pagarla

Michelle Tolson/IPS

Ratanak Kirí, Camboya. “Prefiero la represa a los peces”, comenta el agricultor Ton Noun sobre el proyecto de construir una central hidroeléctrica sobre el Río Sesan, cerca de su casa en el Noreste de Camboya. Luego se ríe y pregunta: “¿Qué peces?”

En las marrones aguas turbias del Río ya escasean los peces y él compra barato los que llegan del fronterizo Vietnam. Mientras, la electricidad que promete la represa es ahora costosa.

“La electricidad es cara porque la aldea no la tiene”, dice Ton a Inter Press Service (IPS).

Camboya, uno de los países menos adelantados de Asia, carece de una red eléctrica. Apenas 26 por ciento de la población tiene acceso a la electricidad suministrada por el gobierno. El resto la obtiene de operadores privados o generadores, o vive sin luz.

Los operadores privados cobran a los consumidores hasta 75 centavos de dólar por kilovatio/hora.

Ton paga 15 dólares mensuales por la electricidad que obtiene de un generador, un costo muy alto para un país donde 49 por ciento de los 15 millones de habitantes viven con 2 dólares al día o menos.

Por eso, los aldeanos como Ton piensan que el proyecto hidroeléctrico, con capacidad para generar 400 megavatios, pondrá fin a sus problemas eléctricos.

Pero lo que Ton no sabe es que, apenas esté lista la represa, los peces escasearán aún más para los camboyanos que como él tienen en el pescado su alimento básico, señalan varias organizaciones no gubernamentales.

“Simplemente dicen: ‘Vamos a traerles electricidad’ y no consultan nada con la gente”, plantea a IPS la activista Ame Trandem, de la no gubernamental International Rivers.

La electrificación rural es importante “para reducir la pobreza, mejorar el nivel de vida y fomentar el desarrollo económico”, indica el gobierno en el informe Políticas de electrificación rural en Camboya, publicado en 2013.

El gobierno pretende “que todas las aldeas en el Reino de Camboya tengan acceso a electricidad de cualquier tipo para 2020; y que por lo menos 70 por ciento de todos los hogares tengan acceso a electricidad con calidad de red para 2030”.

La represa cercana al hogar de Ton se construirá en la confluencia de los ríos Sesan y Srepok, a unos 25 kilómetros aguas arriba de la ciudad de Stung Treng. Allí se une el Río Sesong, antes de desembocar en el Mekong, en lo que se conoce como la cuenca de los Ríos 3S.

Las centrales hidroeléctricas se presentan como una solución para esta nación sedienta de electricidad, y paradójicamente su menguante reserva pesquera ha favorecido la causa de los embalses.

Pero el experto en pesca Ian Baird critica esta visión cortoplacista. “Los peces pueden recuperarse” con un manejo adecuado del recurso, “pero no si hay estructuras”, afirma.

“Desde que el Jemer Rojo (1975-1979) prohibió la pesca comercial en 1976, esta temporada reportaron capturas sin precedentes”, señala.

Durante la hambruna de la década de 1970, los camboyanos no tuvieron acceso al pescado, su fuente básica de proteína, por culpa de esa política del gobierno jemer. Se calcula que la prohibición contribuyó a la muerte por inanición de unas 2 millones de personas.

Camboya es un ejemplo de la dependencia proteínica del pescado. Cuando en este país y su norteño vecino, Laos, la desnutrición afecta a 40 por ciento de la población infantil, Baird piensa que es peligroso limitar más los ya menguantes recursos pesqueros.

Meach Mean, coordinador de la Red de Protección de los Ríos 3S, dice que la mayoría de los indígenas que viven en la cuenca no tienen acceso a la información. El pueblo originario Tampuan carece de lenguaje escrito.

Él mismo es un tampuan de Laos, que sufrió el impacto de las represas cuando en 1996 el gobierno de Vietnam construyó una en la parte alta del Sesan, en las cataratas de Yali. Sus responsables liberaron el agua sin notificar a las comunidades instaladas corriente abajo causando numerosas muertes y pérdidas de cultivos y animales.

“Desde que se construyó la represa de Vietnam hay cada vez menos peces. Ahora prácticamente no hay ninguno, porque el nivel del río sube y baja mucho”, dice a IPS un hombre de unos 30 años que vive en la aldea de Kalan, en Laos.

“En la temporada seca casi se puede atravesar el río caminando”, agrega.

En su pequeña vivienda de madera, con una red de pesca sin usar colgando del techo, señala: “No queremos la represa porque causa inundaciones, lo que mata cultivos y animales. Le tememos al agua”.

Otros tres laosianos que lo acompañan asienten y también se niegan a dar sus nombres por miedo a represalias del gobierno.

“Vivimos en un área apartada y la gente no sabe nada sobre nosotros. Apenas 30 por ciento de las personas de aquí saben sobre la represa. Yo oigo que personas corriente abajo hablan de ella”, dice. Todos dudan que el proyecto genere electricidad barata.

Laos también planea construir la represa de Don Sahong, sobre el Río Mekong, apenas a dos kilómetros de la frontera con Camboya. El Mekong, el Río más largo de Asia y que discurre por seis de sus países, fluye a través de una serie de canales que se convierten en una catarata poco antes de llegar a Camboya, desde donde sigue por el Este a Vietnam y de ahí al mar.

El gobierno de Laos busca aprovechar su energía con la represa y venderla a Camboya o Tailandia. La central proyectada se ubicará sobre uno de los únicos puntos por donde transitan los peces todo el año, lo que pondría en peligro la seguridad alimentaria del bajo Mekong.

Pese a esto, un operador turístico de Laos en una isla adyacente al proyectado embalse dice alegremente a IPS: “La mayoría de la gente quiere la represa”.

Según Baird, el gobierno puede encarcelar a los aldeanos que se manifiesten en contra.

Tras una reciente visita al lugar, funcionarios camboyanos manifestaron su molestia por el impacto ambiental y pidieron al gobierno de Laos que interrumpa el proyecto, dice Trandem.

Además, “Camboya no tiene manera de usar esa electricidad (de la futura represa Don Sahong), pues carece de una red para transportarla a las ciudades”, a diferencia de lo que sucede en Laos y Vietnam, explica.

“El Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo propusieron que los países del área compartan la electricidad. Pero el problema es que no hay un plan maestro para eso, lo que es negativo para naciones que dependen de los ríos para todo”, reflexiona la activista de International Rivers.

 

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  Contralínea 372 / 17-23 febrero 2014

 

 

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