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No es novedad que los partidos políticos tengan divisiones internas, porque algunos de sus integrantes estén en desacuerdo con las decisiones que toman sus dirigentes en los órganos en los que participan. Así se forman facciones como las que los mexicanos estamos viendo, sobre todo en panistas y perredistas, que en el Congreso de la Unión se oponen a votar con el resto de sus compañeros de viaje y han decidido apoyar al partido bisagra, que es el priísmo, donde hasta el momento no se han presentado facciones y marchan, más que en unión, en unidad fieles a su tradición y logrando alianzas a izquierda y derecha. Este fenómeno es estudiado en el libro Política faccional y democratización, coordinado por Lourdes López Nieto, Richard Gillespie y Michael Waller, con 13 ensayos al respecto.

Aunque son parte de su juego democrático interno, no suele gustar que los partidos tengan facciones, porque “las facciones siguen teniendo mala prensa”. Y dentro de los partidos son fustigados como un mal político, cuando sus militantes se oponen a las directrices de su dirigencia y más cuando unos votan –en los parlamentos, congresos y reuniones– contra lo que decide la mayoría; y muchas veces provocadas por las ofertas de otros partidos: “los partidos con éxito no sólo obtenían oportunidades para recompensar la lealtad política interna (para mantener la unión e incluso la unidad férrea), sino también para sobornar a la oposición”.

Contiene la introducción: “Facciones, dirección partidista y desarrollo político”, de la autoría de los coordinadores del libro; Geoffrey Pridham: “Sistemas de partidos, faccionalismo y modelos de democratización. El faccionismo, la izquierda y la transición a la democracia en España”, de Richar Gillespie; Lourdes López Nieto con “El centro-derecha en España: 1976-1982”; David Corkill: “Faccionalismo de partido y democratización en Portugal. Del faccionalismo a la autocracia: la desradicalización griega durante la transición de los años setenta” (sic); de Manuel Alcántara Sáenz: “Fragmentación y partidos políticos en América Latina. El partido socialista chileno: una larga historia de faccionalismo”; entre otros. Siguen las conclusiones, los sumarios y notas curriculares de los autores.

En estos ensayos no está México, pues apenas se han notado las facciones en los siete partidos. Parece que los priístas no las tienen, y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) fue un desprendimiento faccioso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) alemanista.

Con enfoques para interesados en la vida política y politólogos, ya que todos los partidos alguna vez se parten en facciones, el libro viene como anillo al dedo para explicarnos cómo panistas y perredistas están incidiendo en las votaciones de las contrarreformas peñistas. Los 13 sumarios, que deben leerse al final, son una buena síntesis de cada ensayo. Libro pedagógico para quienes estudian licenciaturas y maestrías en derecho y periodismo; y que arroja luz sobre el parto de las facciones y el regreso a la cicatrización de los partidos cuando las facciones se disuelven, ya sea con deserciones, o cuando “las aguas vuelven a su cauce”.

Ficha bibliográfica:

Autores: Trece autores coordinados por López Nieto, Gillespie y Waller

Título: Política faccional y democratización

Editorial: Centro de Estudios Constitucionales, España

*Periodista

 

 

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