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De entre los derechos humanos conquistados y establecidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y con más de 600 reformas y contrarreformas para fines políticos, económicos y sociales, los que se refieren a las libertades de expresión, a solicitar información e incluso a ejercer el periodismo de investigación, libre examen y discusión de las ideas, sustentan el trabajo periodístico en lo particular. Son derechos en lo general para todos los mexicanos, en su calidad de personas y ciudadanos. Pero al ejercerlos, los periodistas en nuestro país sufren más ataques y agresiones por parte de funcionarios y particulares que no respetan esas libertades por intolerancia a la información, la crítica y análisis sobre los actos y hechos de quienes actúan públicamente.

Los desacuerdos con las libertades de prensa en todos sus medios de difusión no se plantean y resuelven con réplicas, aclaraciones o crítica entre los periodistas y los lectores. Se recurre a la barbarie de privar de la vida a los periodistas, amenazarlos y cumplir esas amenazas con agresiones físicas y verbales, como ocurrió el pasado 10 de noviembre contra Óscar Mario Beteta, periodista en radio y prensa escrita.

Óscar Mario Beteta ejerce a plenitud los derechos humanos constitucionales, en estas dos modalidades del oficio periodístico. Y como todos los que en nuestro país se dedican a ese trabajo, normando su conducta laboral conforme a lo dispuesto jurídicamente, debe y puede comentar en su programa radiofónico y en su espacio impreso lo que le parezca cuestionar, elogiar, criticar; y manifestar sus desacuerdos con cuanto aparezca en el escenario público, sean sus protagonistas servidores públicos o particulares. Y éstos tienen derecho, a su vez, de rectificar, replicar y aclarar lo dicho por los periodistas, pues las libertades de prensa son derechos por igual para todos los mexicanos.

No hay por qué eliminar al periodista; aunque hay más de 70 homicidios, otros tantos secuestros y desapariciones. Ni tampoco buscar la oportunidad para insultarlo personalmente, como una forma más de agresión. Lo que le hicieron a Óscar Mario Beteta debe ser investigado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). No debe pasarse por alto. Ni debe quedar impune. Lo suyo fue un ataque, y dejarlo pasar permite que se repitan esos hechos de barbarie, despreciando los caminos y las instancias para que quienes no estén de acuerdo con Óscar Mario Beteta, hagan de su conocimiento la discrepancia. Las réplicas enviadas mediante cartas a la redacción de los periódicos y revistas son un recurso que ha ido ganando espacios en la radio, aunque no en la televisión.

La investigación de oficio de la CNDH (El Universal, 25 de noviembre de 2013) debe llegar a sus últimas consecuencias, ya que el ataque al periodista y a su familia –con la que estaba el día de la agresión– lleva visos de intolerancia al ejercicio de los derechos de libertad de prensa. Lo que sin duda debe merecer una recomendación –si fue un funcionario– o una denuncia –si los hechos provinieron de un particular–. Las democracias (la representativa o indirecta y la directa del pueblo ejerciendo los derechos humanos de los Artículos 8 y 9 constitucionales) son para permitir que los mexicanos expresemos nuestras ideas, peticiones, críticas y desacuerdos. Esto incluye a los periodistas. Y Óscar Mario Beteta es tanto mexicano como periodista. Son demasiadas las acciones de toda índole para tratar de intimidar el desempeño del quehacer periodístico, y es necesario salir al paso de esos actos que buscan imponer la censura. Es una delincuencia que agrede a los periodistas y utiliza todos los medios para lograr sus fines perversos. Por esto es que la CNDH ha procedido atinadamente para dar con los agresores que, envalentonados, recurren al desafío altanero creyéndose a salvo.

No solamente es la delincuencia privada o la delincuencia organizada, sino la delincuencia de los poderes públicos, quienes constantemente interrumpen el trabajo periodístico. Y agreden y organizan ataques contra éste o aquel trabajador de la prensa. Óscar Mario Beteta no es la primera víctima de personeros que, en lugar de dirimir sus desacuerdos por la vía de las réplicas y/o las aclaraciones, lo hacen verbal e incluso físicamente provocando lesiones. Cualquiera que sea la forma de ataque quiere decir que la crítica, el análisis o lo que resulta del periodismo de investigación genera respuestas violentas porque no se comprende o no se acepta que, en una democracia, el periodista cumple con su deber de ejercer sus derechos de escribir y comentar libre y críticamente. Y si hay motivo para discrepar, entonces la réplica y las aclaraciones son el método. Pero de ningún modo las agresiones de hecho ni de palabra.

*Periodista

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 Contralínea 371 / 2 al 8 de Febrero de 2014

 

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