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En una hermosísima presentación se ha publicado la Poesía completa de William Shakespeare, traducida al español por Antonio Rivero Taravillo. Son casi 600 páginas del legado de uno de los más universales creadores de poemas, publicados en inglés y español para que el lector versado en ambos lenguajes perciba la belleza de la inspiración de Shakespeare. Así, en su Soneto XXIII, escribe: “Oh, que mis libros sean la elocuencia/y los mudos heraldos de mi pecho/que pide amor y busca recompensa/más de lo que la lengua te declara”. También fue creador de obras de teatro que desnudan la naturaleza humana en todas sus facetas (amor, poder, éxtasis sexual, relaciones de amistad y familiares, de conspiraciones, desilusión, etcétera). Con su poesía abre el corazón del ser humano para encontrar en sus sentimientos el desprecio, el enamoramiento y a las musas pasajeras; el encanto de la seducción, la entrega, el ensueño o los deseos.

Venus y Adonis inaugura su apertura. Sigue La violación de Lucrecia, que cuenta el ultraje a la castidad de esa mujer y donde Shakespeare exalta el honor femenino. El peregrino apasionado conmueve con sus reflexiones: “¿Por qué me dice que es aún joven/o no confieso yo que ya soy viejo?/Hábito es del amor lengua que sana/y quiere la vejez callar años/ Ambos nos mentiremos, ella y yo/Ahogando con halagos nuestras faltas”. Es el juego del engaño para que el amor siga como si nada, mientras cae la nieve del tiempo implacable que tiñe nuestros cabellos… Otro poema es El fénix y la tórtola; o el estremecedor Lamento de un amante. Y remata con los inigualables Sonetos a manera de corona de laureles.

¡Qué musas las de Shakespeare! Están en sus versos, como si cada uno de ellos fuera una y otra y otra… O tal vez sólo una, de la que se enamoró con sólo mirarla y la dibujó con sus versos. Como sea, la fuerza creadora del autor nos dejó un patrimonio literario eterno. En toda su obra hay erotismo. Leer sus Sonetos es como saborear una tenue lluvia sobre nuestra lengua; o entrar a un cuarto perfumado con flores, donde cada pétalo es un verso. Jorge Luis Borges preguntaba “si los fervientes lectores de Shakespeare no se convierten, literalmente, en Shakespeare mismo”. Y es que para leer a este poeta hasta “del amor que no se atreve a decir su nombre” –como escribió Oscar Wilde– ha de recrear uno en esa lectura que enriquece los sentimientos.

Entre todas las biografías y estudios sobre Shakespeare, es recomendable el ensayo del Diccionario de argumentos de la literatura universal, de Elisabeth Frenzel (editorial Gredos), o el de Michael Jamieson, incluido en el Diccionario de literatura anglosajona, (editorial Alianza). Empero, nada hay como leerlo. Su poesía y prosa son la cumbre desde donde se conoce la naturaleza humana. Dialogar con él a través de su obra nos conmueve por la grandiosidad de su belleza. Y recitar: “Tu espejo mostrará tu decadencia/la esfera (el reloj) el declinar de tus minutos/hojas en blanco llenará tu espíritu/y de este libro aprenderás lecciones”.

Ficha bibliográfica:

Autor: William Shakespeare

Título: Poesía completa

Editorial: Almuzara, 2010

*Periodista

 

 Contralínea 371 / 2 al 8 de Febrero de 2014

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