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El PRI es más agresivo en la aplicación de la guerra de baja intensidad contra los grupos revolucionarios, dice el EPR. Los otros partidos también son cómplices en la violencia que se ejerce contra la población, en especial contra aquella que se organiza. En entrevista, el movimiento armado considera que el gobierno de Felipe Calderón ha sido el más subordinado a Estados Unidos de los últimos tiempos. La solución de México no está en sólo oponerse a las reformas estruturales o tratar de “embellecer” al neoliberalismo, sino en hacer la revolución socialista

Tercera parte y última / Segunda parte: EPR: 50 años en armas por el socialismo / Primera parte: Se profundiza la pauperización de México 

 

La guerra de baja intensidad se ha agudizado con el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la Presidencia de la República, señala el Comité Central del Partido Democrático Popular Revolucionario (PDPR)-Comandancia General del Ejército Popular Revolucionario (EPR). En entrevista con Contralínea, la máxima dirección del movimiento armado dice que tanto el PRI como el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) son cómplices en la aplicación de políticas contrainsurgentes y en el ejercicio de violencia contra la población, en especial contra aquella que se organiza.

El EPR condena “el accionar de los grupos paramilitares creados por los cuerpos represivos con hombres en activo y financiados tanto por el Estado como por la oligarquía y el capital trasnacional”, los cuales han “cobrado miles de víctimas, en específico de incontables luchadores sociales que son presentados como insignificantes ‘bajas’ o ‘daños colaterales’ producto de la violencia y por la delincuencia”.

Considera que la abyección del calderonismo ante Estados Unidos fue absoluta.

Explica que si bien los gobiernos mexicanos siempre se han subordinado al “imperio”, durante el sexenio pasado se llegó a niveles de cinismo no vistos con anterioridad.

El Comité Central del PDPR declina informar si cuadros de su ejército se han enfrentado a efectivos de las corporaciones estadunidenses que operan en México. Se limita a decir que su lucha no sólo es contra el gobierno burgués mexicano, sino contra el imperialismo estadunidense.

También se reserva informar si combatientes de sus filas han sostenido enfrentamientos con la delincuencia organizada, a diferencia de otras organizaciones guerrilleras que claramente han señalado que se han enfrentado con bandas del narcotráfico.

Sólo señala que el narcotráfico es organizado desde el Estado mexicano para cumplir dos objetivos: alimentar la economía subterránea y justificar la violencia que se ejerce contra la sociedad.

El EPR también dice que la lucha revolucionaria en México no se circunscribe a la oposición a las reformas estructurales realizadas por la administración de Enrique Peña Nieto, sino que busca la instauración del proyecto liberador de la humanidad: el socialismo. Agrega que es imposible embellecer al neoliberalismo con reformas paliativas.

—¿Esperan algún cambio en la política contrainsurgente del gobierno federal ahora que ha regresado el PRI a la Presidencia de la República? ¿Qué diferencias en esta materia encuentran entre los gobiernos emanados del PRI y los del PAN?

—La guerra de baja intensidad es una estrategia contrainsurgente global impulsada y materializada por el imperialismo norteamericano [sic] en las distintas regiones del mundo, siendo más frontal donde tiene intereses geoestratégicos en el aspecto económico, político y militar; en los países dependientes, como México, y contra gobiernos progresistas, antiimperialistas y socialistas.

“En México es aplicada diligentemente por la junta administrativa, independientemente de que esté encabezada por el PAN o por el PRI. Ambos partidos representan lo mismo. Los intereses de la oligarquía y del imperialismo son administrados y defendidos por tal junta; por tanto, la explotación y la opresión que se promueven en tales gobiernos es exactamente la misma. Y con relación a la guerra de baja intensidad, el PRI la inició como política de Estado, el PAN la continuó y en la actualidad se sigue aplicando hasta por el PRD, como es el caso del estado de Guerrero.

 “La guerra de baja intensidad, y sus componentes, está enderezada para hacer la guerra al pueblo, para ‘ganar mentes y corazones’; es decir, para alejar a las masas de la lucha revolucionaria; para que éstas, a través del terror de la dictadura del capital, se dobleguen ante él y acepten la explotación y la opresión como un mal necesario.

“La guerra de baja intensidad en nuestro país se aplica en una amplia gama de mecanismos y formas. Como botón de muestra tenemos los programas asistencialistas, cuya finalidad es generar la pérdida de dignidad y la degradación humana en los individuos que la reciben; además, constituyen el principal mecanismo de control de la población, aprovechando la hambruna que ellos mismos han propiciado con sus políticas neoliberales.

“La política de contrainsurgencia, independientemente del partido político que se encuentra en la junta administrativa, siempre ha sido la misma, en tanto que  [el] PRI y [el] PAN son los encargados de aplicar la política neoliberal como política del imperialismo. Ambos han sido gobiernos antipopulares que se han sostenido con el Estado policiaco militar e igualmente son proimperialistas; y, ante las exigencias del imperialismo norteamericano [sic], aplican su estrategia de contrainsurgencia.

“Las diferencias en todo caso son de forma. En esencia sigue siendo la misma política que aplican. No hay cambio de esencia con el retorno del PRI a Los Pinos: el terrorismo de Estado es el principal instrumento de la política contrainsurgente que, como política económica, auspicia la crisis alimentaria y a la vez implementa [sic] programas que denigran al ser humano. Quizá el cambio es cómo aplican el terrorismo de Estado. Se ve que hay mayor contundencia en aplicar el terrorismo de Estado con el priísmo en comparación con el PAN. Con el PRI se ha generalizado la creación de grupos paramilitares que forman parte del estado policíaco militar y del régimen neoliberal.

“La estrategia de guerra de baja intensidad es política de Estado desde el PRI. Su aplicación ha sido y sigue siendo transexenal. Insistimos, se aplica independientemente de la junta que gobierna. La contrainsurgencia en estos momentos es desplegada en general contra el pueblo y contra los revolucionarios. Priístas, panistas e incluso gobiernos del PRD se rigen por las mismas leyes del Estado burgués mexicano, y la ofensiva contrainsurgente que desarrollan tiene como objetivo abortar el estallido social que por todos lados anuncia con hacer erupción, por ejemplo, los gobiernos de Guerrero y Morelos.

 

 “El accionar de los grupos paramilitares creados por los cuerpos represivos, con hombres en activo y financiados tanto por el Estado como por la oligarquía y el capital trasnacional, ha cobrado miles de víctimas, en específico de incontables luchadores sociales que son presentados como insignificantes ‘bajas’ o ‘daños colaterales’ producto de la violencia y por la delincuencia. El ejemplo más reciente es el asesinato deleznable de la luchadora social Rocío Mesino Mesino y más de una decena de luchadores sociales, que desde el Estado se pretende imponer la idea mediática de que han sido asesinados por la delincuencia. Esto habla de la dimensión nacional del terrorismo de Estado; y [con] la violencia paramilitar, son parte del mismo engranaje de la misma maquinaria represiva.

 “La aplicación de esta doctrina militar de guerra encubierta contra nuestro pueblo no depende de una administración y representación del Ejecutivo federal, que encarna en un personaje y partidos electoreros. Los relevos del PRI, PAN y PRI son acuerdos pactados entre la oligarquía nacional y el imperialismo; por eso quien quede, se ciñe a su política militar. Ésta se da por el sistema como parte de su seguridad nacional que ocasiona genocidio, matanzas y crímenes de lesa humanidad, en manos del Ejército, Marina, policías y paramilitares.

“En esencia el PRI-PAN-PRI son lo mismo. Se rigen y obedecen a los mismos intereses de clase; por lo que métodos, medidas y políticas son antipopulares y represivos. Dentro de ello entra la contrainsurgencia como política de Estado, la cual abarca a todo el pueblo, pero, sobre todo, al organizado y al que está en lucha.

—Luego de la política de puertas abiertas a favor de Estados Unidos en los organismos de seguridad nacional de México, ¿el EPR ha sostenido algún tipo de enfrentamiento o contacto directo con elementos de alguna de las agencias de seguridad estadunidense que operan en México? ¿Cuándo? ¿Dónde?

—La política de “puertas abiertas” a nuestros vecinos del Norte, Estados Unidos, así como la sumisión y postración del Estado mexicano con respecto al Tío Sam no es novedad. Desde que la burguesía se apropia del poder en la revolución democrática burguesa de 1910-1917, el imperialismo estadunidense ha hecho de México su paraíso terrenal con su política intervencionista e injerencista.

 “Desde antaño las fuerzas represivas han estado supeditadas a las determinaciones del Pentágono. La burguesía mexicana, desde su nacimiento como clase social, ha tenido de aliado al imperialismo estadunidense en la preservación de sus intereses de clase opresora.

“En materia de seguridad nacional, espionaje y contraespionaje, el imperialismo siempre ha recurrido a todo tipo de artilugios: desde los legaloides recursos diplomáticos hasta los crímenes de lesa humanidad para desarrollar sus planes anexionistas e injerencistas, con especial atención al apartado de la contrainsurgencia que se aplica en el país como respuesta a la conciencia antiimperialista que históricamente ha existido en nuestro pueblo. Así, la guerra que sostenemos contra el Estado mexicano lleva implícita la lucha contra el imperialismo; nuestra lucha también es antiimperialista y, por ende, anticapitalista.

“La dependencia policiaco militar y el aparato represivo con respecto a las políticas del imperialismo estadunidense siempre han existido. Hoy el aparato de seguridad nacional y todo el aparato represivo obedecen a la lógica de la política del imperialismo de Estados Unidos. ¿Servirá de mucho decir si hemos quemado pólvora contra personal y agencias extranjeras que operan en México? Eso sólo abona a la morbosidad. En todo caso son datos reservados a nuestras estructuras de inteligencia, porque sería de ingenuos ofrecer información concreta, dado que el trabajo de inteligencia y contrainteligencia de un partido y ejército revolucionario no se revela.

 

 “Por último, sólo agregaríamos que desde los primeros núcleos de profesionales de la revolución nos hemos enfrentado al aparato de inteligencia del Estado burgués mexicano, y a las propias agencias de seguridad estadunidense como la CIA [sigla en inglés de la Agencia Central de Inteligencia], por citar sólo un ejemplo. De ello dan cuenta diversas publicaciones periodísticas de las décadas de 1970 y 1980. Para nosotros lo acontecido en el sexenio calderonista fue un fenómeno de abyecta sumisión absoluta, lo que no es nada nuevo. La diferencia estriba en el mayor cinismo y descaro con que ahora se hace.”

—¿Han sostenido algún tipo de enfrentamiento o contacto con integrantes de la delincuencia organizada, particularmente con los cárteles del narcotráfico? ¿Cuándo? ¿Dónde?

—Sin mayor comentario.

“Sólo precisar que la delincuencia surge desde y para el Estado como parte de la economía subterránea para oxigenar la economía formal. Es un fenómeno parido desde las mismas entrañas del sistema y le es útil para la contrainsurgencia y el terror de Estado. Esta tesis día a día se ha ido confirmando. También comprueba el grado de descomposición del régimen y la sociedad capitalista.

 “Señalar que la lucha contra la delincuencia organizada también es usada de acuerdo con los manuales de la CIA, para desarrollar la contrainsurgencia, sembrar y generalizar el terrorismo de Estado que abarca desde los operativos policiacos-militares hasta los escenarios de terror que fabrican para paralizar a la población.”

—¿Qué harán como organización para oponerse a las reformas estructurales (algunas ya aprobadas y otras por aprobarse) impulsadas por la administración de Enrique Peña Nieto?

—Con el debido respeto, nosotros nos organizamos con nuestro pueblo; estructuramos la voluntad popular de combatir con un propósito, el de organizar y estructurar a las masas trabajadoras para la revolución socialista.

“No se puede reducir la lucha a un conjunto de acciones desesperadas o voluntaristas; pero si se quiere saber qué estamos haciendo al respecto, podemos decir con certeza que somos parte activa de la crítica política de las masas hacia el régimen y hacia el modo de producción capitalista, y en ese torrente de lucha también están nuestra alternativa y propuestas que hacemos y desempeñamos. Estamos en el esfuerzo permanente por convencer a las masas para que conscientes ejerzan la crítica de las armas.

“Ya hicimos, lo estamos haciendo y formamos parte de la resistencia popular contra la ofensiva neoliberal, porque nuestra actividad siempre será político-militar. En este caso se da la lucha desde los diferentes ámbitos y sectores, entre ellos la autodefensa.

 “Las reformas neoliberales obedecen a la necesidad del capital. Sin duda éstas las aplicarán o intentarán aplicarlas por todos los medios. Hecho que obliga al conjunto del movimiento popular a desplegar la lucha no sólo por la abrogación de tales reformas sino por la transformación radical de la sociedad.

“El acotar o reducir la lucha sólo contra las reformas neoliberales sería únicamente una lucha contestataria y desafiante; es formar parte de la lógica del capitalismo, cuando lo que se debe hacer y a lo que a nuestra lucha atañe es enfrentar el fenómeno desde las causas que lo originan, encaminando la lucha a terminar con la dictadura del capital.

“La lucha de clases no se reduce a llevar a una concepción de acciones de desafío en momentos coyunturales. Está enfocada a todo un proceso, el proceso de la lucha revolucionaria que reivindica las banderas de la revolución socialista, porque el socialismo constituye el proyecto libertador de la humanidad.

—¿Cómo transitaría México del actual modelo económico a uno justo? ¿Qué cambios políticos, económicos, sociales y culturales impulsarían para acceder al proyecto de país que enarbolan?

—Contestar la pregunta con categorías posmodernistas es reducir nuestro proyecto al reformismo armado. Hablar de modelo económico es asumir una burda concepción de la sociedad y las formas en cómo cambia o se da el desarrollo. Nos explicamos:

“El capitalismo no es un modelo económico, ni tampoco el neoliberalismo. Un modelo económico es una construcción mental con base en supuestos que descansan en la especulación vulgar de la economía política burguesa; el capitalismo es un modo de producción, una formación socioeconómica que esclaviza a la humanidad al oprobioso poder burgués, a la dictadura del capital; el neoliberalismo es una política económica burguesa del imperialismo para dominar, explotar y oprimir a los pueblos. Sin duda, para que la humanidad se quite este yugo, es necesario impulsar la revolución socialista como primer paso.

“No basta con las reformas para embellecer al neoliberalismo. No es posible embellecer o humanizar a la bestia capitalista, se requiere de un programa máximo y mínimo para cumplir los objetivos históricos del proletariado, programas que enarbola nuestro proyecto revolucionario.

“Se reduce a dos cosas, a las medidas económicas, políticas y sociales de carácter revolucionario que están plasmadas en el programa mínimo y máximo de la revolución, dichas medidas sólo pueden ser logradas por medio de la revolución y ésta necesariamente debe tener un carácter socialista por el tipo de contradicciones que debe resolver.

“La revolución no se materializa sólo con el poder político. Es un proceso gradual y dialéctico que continúa desarrollándose después de la toma del poder; en consecuencia, los cambios se dan paralelos al largo proceso revolucionario, desde siempre el proceso de desalienación se desarrolla según avanza el proceso de la revolución socialista en México.”

 

 

 

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  Contralínea 370 / 27 de enero al 3 de febrero de 2013