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El despliegue del supuesto escudo antimisiles estadunidense ha dado lugar a la instalación de misiles rusos Iskander en Kaliningrado, lo cual constituye la primera respuesta clara de Rusia ante el agresivo complejo de armas de Estados Unidos en territorio europeo. El hecho es que Berlín se halla ahora bajo el radio de acción de los misiles rusos

Manlio Dinucci/Red Voltaire

Roma, Italia. La noticia divulgada por el diario alemán Bild, de que Rusia parece haber desplegado en su enclave de Kaliningrado misiles del tipo Iskander –capaces de portar cargas nucleares– como respuesta al escudo antimisiles, llega en medio de un vacío de información que hace que ese anuncio resulte incomprensible para la mayor parte de la opinión pública. Si eso es cierto, ¿a qué se debe este “acto agresivo de Vladimir Putin”? ¿Por qué no quiere Rusia que Estados Unidos ponga a sus aliados europeos bajo la protección de su escudo? Además, ¿Barack Obama no había renunciado al escudo, que era un proyecto de George W Bush?

Estados Unidos insiste en afirmar que no es Rusia el objetivo del escudo instalado en Europa y que lo que quiere es neutralizar la amenaza de los misiles iraníes. Pero en Moscú ese escudo se ve como un intento de lograr una ventaja estratégica decisiva ante Rusia, ya que Estados Unidos podría lanzar un primer golpe nuclear apostando a la capacidad del escudo para neutralizar toda represalia. Obama ha emprendido un nuevo plan que prevé una cantidad todavía superior de misiles instalados en las fronteras de Rusia. Pero al ser Estados Unidos quien controla esos misiles, los países receptores (europeos) simplemente ignoran si los misiles (estadunidenses) instalados en su territorio son misiles interceptores o misiles nucleares. Y gracias a los nuevos radares instalados también en posición avanzada, el Pentágono puede además vigilar mejor el territorio ruso. Después de haber rechazado la proposición de compartir con Rusia el manejo del radar de Qabala, en Azerbaiyán, Washington aceleró la instalación del escudo ruso.

En marzo pasado se confirmó que Estados Unidos está procediendo al despliegue de 24 Standard Missile (SM), tres en Polonia y otros tantos en Rumania, además de un número no precisado de misiles Aegis a bordo de las fragatas desplegadas en el Mar Mediterráneo. Todos esos misiles están integrados a un súperradar instalado en Turquía y a radares móviles que pueden ser rápidamente desplegados en “posición avanzada”. Polonia anunció al mismo tiempo que dedicará 33 mil 600 millones de euros a la creación de su propio escudo (con tecnología estadunidense) para integrarlo al de Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

En mayo del año pasado, la firma estadunidense Lockheed Martin anunció que había realizado –en 1 año– cuatro ensayos exitosos con el misil Aegis de segunda generación y que el número de navíos de guerra dotados de ese sistema de misiles –actualmente son 27– aumentará a 32 este año.

En octubre  de 2013 tuvo lugar, en la base aérea rumana de Deveselu, la inauguración de los trabajos de construcción de una instalación terrestre de misiles Aegis, financiada por el Pentágono con 100 millones de euros, instalación que será operacional en 2015. La base se mantendrá formalmente bajo las órdenes del mando rumano, pero son 500 militares estadunidenses quienes se encargarán del manejo de la instalación donde estarán los misiles Aegis.

En noviembre comenzaron los ensayos finales del Sistema de Defensa Aérea de Mediana Extensión (MEADS, por su sigla en inglés), creado conjuntamente por Estados Unidos, Italia y Alemania: una especie de caparazón de tortuga que, gracias a un sofisticado sistema de misiles, debe proteger las fuerzas que ataquen un territorio enemigo. Después de haberle dedicado 2 mil millones de dólares, Estados Unidos se retira ahora de ese programa para concentrarse en otros sistemas. Pero Italia y Alemania –que pagaron respectivamente el 15 y el 25 por ciento del costo total– sí van a comprar el MEADS, operación en la que probablemente embarcarán también a Polonia, como medio de compartir el incremento del gasto inicial. El MEADS debe reforzar el escudo que Estados Unidos y sus aliados europeos piensan desarrollar gastando en él varias decenas de miles de millones de dólares en las próximas décadas.

También en noviembre pasado, el Pentágono confirmó que los cientos de bombas atómicas B61-11 que Estados Unidos mantiene en Europa (Italia incluida) han de transformarse en bombas B61-12, utilizables como bombas antibúnker. Oficialmente esas bombas están clasificadas como armas nucleares “tácticas”, pero al estar desplegadas en Europa –es decir, cerca del territorio ruso– se convierten de hecho en armas estratégicas (categoría que normalmente incluye las armas con un alcance superior a los 5 mil 500 kilómetros). Esas bombas se agregan a las 2 mil 150 ojivas estratégicas estadunidenses y a las más de 500 ojivas francesas y británicas listas para su uso inmediato, frente a las 1 mil 800 ojivas rusas. Inmediatamente después, Lockheed Martin completó el ensayo en órbita del segundo satélite Mobile User Objective System (MUOS), lanzado en julio de 2013 y “confiado para el uso operativo al Comando Estratégico”, el mismo que está a cargo del mando de las fuerzas nucleares y de las operaciones espaciales.

Después de todo lo anterior no es sorprendente que Putin haya liquidado el grupo de trabajo creado en 2011 para hallar formas de cooperación con la OTAN en materia de defensa con misiles. Se anunció al mismo tiempo que otras unidades rusas recibirán misiles Iskander y misiles balísticos intercontinentales móviles Yars de nueva generación, capaces de transportar cada uno hasta 10 ojivas nucleares.

Quiere decir que Europa se ha convertido en un lugar “más seguro”… Gracias a Estados Unidos.

 

Contralínea 369 / 20 – 26 enero 2014

 

 

 

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