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En 2009 estuvo a la venta en las librerías una bellísima y elegante edición de El príncipe, de Nicolás Maquiavelo (editorial LocTeam, de Barcelona, ¡impresa en China!), con traducción de Miguel Ángel Granada e introducción y notas del especialista Cary Nederman.
 
Detenido y encarcelado en 1513, Maquiavelo inició la redacción de esta obra que, publicada por su hijo en 1532, no ha dejado de editarse en muchos idiomas; y que, más que celebridad, le ha dado mala fama, al tomarla aisladamente del resto de su obra centrada en el republicanismo y la República, que alumbró y abrió la innovadora tarea del pensamiento republicano para correr parejo a las novedades del liberalismo político nacido en 1812 en Cádiz, España. Y ambos, con John Locke a la cabeza, hundiendo sus raíces en la teoría y práctica de la democracia directa y la democracia indirecta.
 
Se ha divulgado erróneamente que El príncipe se publicó en 1513, y convertida la fecha en tradición, se organizan eventos por casi todos los países para, tentados por la autocracia plasmada en el texto, alabarlo y ensalzarlo; como si Maquiavelo fuera solamente este libro y no su extensa y grandiosa obra, producto de las reflexiones sobre las técnicas y virtudes de la política y del político, hechas por un político que investigaba su entorno y, al estudiar la historia, redactaba su obra sobre la marcha de su actividad política. Algunas de sus aportaciones son: La mandrágora, El arte de la guerra, Historia de Florencia, Los discursos sobre la primera década de Tito Livio, y un largo etcétera.
 
Maquiavelo no es solamente El príncipe, que tanto seduce a los que aman el poder autoritario; incluso lo alaban algunos dudosos liberales-democráticos y no muy firmes republicanos que, ya en el poder o cerca de éste, lo que más quisieran es ser príncipes antidemocráticos abusando del poder, como sucede a menudo. Seudoestudiosos y politiquillos estudian poco el resto de su obra centrada en el republicanismo y el combate de la corrupción política, pero celebran el príncipe que llevan dentro; y en el Centro de Investigación y Docencia Económicas de nuestro país se reunieron para la lectura y comentarios, proclives a la banalidad del mal. Y es que la obra remueve el autoritarismo, afanes oligárquicos e instintos dictatoriales del hombre. Como que las democracias son para los estadistas, pues los politiquillos no resisten reprimir, matar y encarcelar a quienes practican el republicanismo, el liberalismo político y las dos caras de la democracia.
 
“¡Pobre Maquiavelo! Se le ha calumniado mucho… Hay una sonrisa maquiavélica. Hay una intención maquiavélica. Hay un método maquiavélico”, escribe Sainz de Robles en su nota preliminar a El príncipe (Aguilar ediciones). Hasta los intelectuales que presumen de liberales, republicanos y demócratas lo difaman. Usan su apellido para calificar a demagogos, tiranos, dictadores y autoritarios, cuando ni leyendo ni llevando a la práctica lo que Maquiavelo retrató en El príncipe son maquiavelos, sino autócratas. Por eso es que se vuelve necesario entrarle al resto de su obra, empezando por los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Historia de Florencia, sus epigramas o sus poesías.
 
Ficha bibliográfica:
 
Autor: Nicolás Maquiavelo
Título: Discurso sobre la primera década de Tito Livio (Alianza editorial)              
Título: Historia de Florencia (Alfaguara)
 
*Periodista
 
 

 

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