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Termina 1 año amargo. México va para atrás con todas las medidas que se desarrollaron en el marco del Pacto contra México (Pacto por México) que firmaron el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), por encima del Congreso de la Unión, que ha favorecido a los más ricos y las corporaciones extranjeras, y que significan un ataque a los derechos del pueblo y la soberanía de la nación. Las reformas que les dictaron desde Washington a los peleles del PRIAN  fueron impuestas este año, una a una, por los círculos de poder imperial. Ya desde 2012 habían comenzado con la reforma laboral, que niega todo derecho a los trabajadores, legaliza la subcontratación, quita límites a la jornada laboral, elimina prestaciones y derechos en materia de salud, vivienda, pensiones y jubilación, etcétera, para luego continuar este tétrico 2013 con las reformas educativa, financiera, fiscal, en telecomunicaciones, política y energética, que estaban en la agenda neoliberal desde hace décadas, con medidas de gobierno que nos han conducido al caos.

El año que termina ha sido desastroso: por los siniestros que sufrimos, los huracanes que asolaron varios estados, miles de damnificados por lluvias, deslaves, pérdidas materiales y humanas. Tuvimos el nivel más alto en lluvias de los últimos 125 años, lo que generó daños en varias entidades. En Guerrero murieron 102 personas, quedaron destruidas más de 20 mil viviendas, se derrumbaron caminos, puentes y carreteras; el presupuesto que el gobierno federal ha entregado para la reconstrucción no es suficiente y los gobiernos locales no lo ocupan para ayudar a la gente, sino para la reparación de infraestructura carretera y de servicios. Fue también 1 año de grandes desastres económicos, sociales y políticos.

Un año con un “crecimiento” del 1.2 por ciento, en el que se disparó el desempleo, contradiciendo las promesas del año pasado que afirmaban que la reforma laboral 

 traería más de 300 mil empleos en los meses posteriores a su aprobación. Pero la economía está estancada y la criminalidad desatada. Hubo gran incremento en la violencia y los homicidios que llegaron a los 19 mil asesinados en 10 meses que, comparados con los 2 mil 826 en los primeros 10 meses de Felipe Calderón o con los 18 mil 161 de los últimos 10 meses del sexenio anterior, muestran que ha empeorado la situación de guerra que sufrimos. También aumentó en 35 por ciento el número de secuestros (1 mil 802 secuestros) y en 53 por ciento los asaltos con violencia. En Guerrero, Estado de México, Chihuahua y Michoacán, el caos es evidente y siguen los levantones  y las extorsiones. Creció la inseguridad, a pesar de que se militariza el país y se desarrolla un estado policiaco, que además niega garantías individuales y colectivas en todo el territorio, a pesar del aumento en el número de efectivos del Ejército que en todo México realizan, fuera de sus cuarteles, labores de combate al crimen organizado. Así, su presencia fuera de los cuarteles pasó de 50 mil a 76 mil 500, más 20 mil policías federales en las mismas labores.

En el aspecto de la violencia del Estado contra la sociedad, en la criminalización de los jóvenes y de las protestas, resalta la represión desatada en todo el país durante 2013, desde el 1 de diciembre pasado y que continuó en el Distrito Federal el 10 de junio, el 2 de octubre y el 14 de septiembre. Para justificar la criminalización de la protesta y el desprestigio de las manifestaciones, es conocida la infiltración de provocadores vándalos que causan destrozos y cuyas acciones pasan una y otra vez en la televisión –y que nunca son detenidos– mientras la policía se dedica a detener inocentes que sólo acuden a protestar.

Para el pueblo, la vida cada vez es más difícil. Los salarios son cada vez más raquíticos, aumentaron bárbaramente los precios de la canasta básica (huevo, pollo, carnes, frijol, pan, etcétera), así como los precios de gas, luz, gasolina (aumento de 8 centavos mensuales para gasolina Magna y de 6 para la Premium), transporte, vivienda, colegiaturas, servicios de salud y, para colmo, aumentan a 5 pesos (un 66 por ciento) el precio del boleto del Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México.

Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) dados a conocer en la prensa el 5 de diciembre de 2013, México es el único país de América Latina en el que creció la pobreza: subió a 60.6 millones el número de mexicanos que viven bajo la línea mínima de bienestar. La economía del país no ha podido despegar mientras crece la desigualdad de ingresos. Más de 10.5 millones de personas indígenas (ubicadas en 871 municipios) sufren discriminación, falta de empleo y pobreza.

El inolvidable 2013 ha sido el año de las reformas funestas. La reforma fiscal –en la que se logró que el PRI no incluyera un incremento al impuesto al valor agregado (IVA) en alimentos y medicinas– aumentó impuestos en comida y venta de mascotas, además del 16 por ciento de IVA a los transportes foráneos. Se canceló el tratamiento preferencial en la frontera y se homologó el IVA, para pasar del 11 al 16 por ciento. Además sube el precio de combustibles de aviones (turbosina y querosenos) y se pagarán nuevas cuotas en el impuesto especial sobre producción y eervicios, que ahora será de 12.4 pesos por litro. Se marca un límite del 50 por ciento en deducción de impuestos.

La reforma de telecomunicaciones, lejos de democratizar el acceso a los medios, los entrega al mejor postor para que se beneficien Emilio Azcárraga, Ricardo Salinas Pliego, Carlos Slim e incluso inversionistas extranjeros en esta área tan delicada.

La reforma educativa, con su “autonomía de gestión”, busca responsabilizar a los padres de familia de los pagos para el mantenimiento de las escuelas, además de ser una reforma laboral simulada que le niega la estabilidad en el empleo a los maestros, no contempla planes y programas de estudio y se enfoca a un proceso de privatización de la educación pública, que comienza por la “evaluación” de los maestros para luego pasar (como sucede en Estados Unidos) a la evaluación de las escuelas para cerrarlas y luego entregarlas, con todo y presupuesto público, a corporaciones privadas. Esta reforma ha provocado un histórico movimiento magisterial en toda la República, que ha llevado a los maestros a la defensa de sus derechos, con el apoyo de todos los sectores progresistas de México y el ataque y criminalización de los medios de desinformación.

La reforma financiera le da poder a los bancos y deja en la indefensión a los deudores, a quienes se les podrá criminalizar, arraigar en sus domicilios, embargar y encarcelar por deudas bancarias; además de legalizar que más del 85 por ciento del capital financiero esté en manos extranjeras. Por supuesto que no se impiden los abusos de los bancos, la mayoría extranjeros.

Este negro 2013 culmina con el robo del siglo, el peor de los crímenes que significa la entrega de nuestro sector energético a las grandes corporaciones extranjeras y nacionales. A pesar de que prohíbe la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en los artículos 25, 27 y 28 los contratos y concesiones, Enrique Peña y el Congreso de la Unión, dominado por el PRIAN, cambiaron la Constitución en un acto ilegal y anticonstitucional, que no es otra cosa más que una vil y descarada entrega y una traición a la patria que será juzgada en el momento en que el pueblo de México pueda romper las cadenas actuales de opresión y tome el destino en sus propias manos. Y todavía tienen el cinismo de culminar su atentado a la soberanía el 12 de diciembre, día en que se festeja a la Guadalupana, que ha sido un símbolo de la Independencia desde tiempos de Miguel Hidalgo y José María Morelos.

No sólo se ataca la soberanía energética, sino también la soberanía alimentaria. Este año continuó el desastre agrario y fue acrecentada la dependencia del exterior, al dejar de producir aquí nuestros alimentos y desalentar la producción de maíz, arroz, frijol, soya, algodón, etcétera, lo que implicó en la importación de más del 50 por ciento de los alimentos. Todo lo cual provoca la migración hacia Estados Unidos y otras partes del mundo. Y encima están los abusos contra los mexicanos en Estados Unidos, víctimas de maltrato, deportaciones y hasta de la separación arbitraria de las familia, debido a las nuevas prácticas que ha llevado a cabo Barack Obama para retener a miles de niños mexicanos alejados de sus familias en guarderías del gobierno del país del Norte.

Contra los ataques del mal gobierno se ha organizado un movimiento que va en ascenso en lo social, con los maestros, electricistas, mineros, en las comunidades con la organización de su autodefensa. Por otra parte, crecen los conflictos en las comunidades que se niegan a la ocupación de sus territorios por parte de las compañías mineras (nacionales y extranjeras), que con los nuevos métodos de extracción provocan la destrucción del medio ambiente de su región, sus terrenos de siembra, de vivienda, envenenan la tierra y el agua, al igual que el rechazo a las corporaciones que para producir energía eólica afectan a comunidades enteras.

En lo político se desarrolla una alternativa de lucha para rescatar derechos y soberanía con un nuevo proyecto de nación, con la organización del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) que lleva 23 asambleas en todo el país con más de 3 mil asistentes y casi medio millón de afiliados, y que demanda su registro como partido político para derrotar al PRIAN. La organización que impulsa Andrés Manuel López Obrador desarrolló intensas movilizaciones, cinco en el Distrito Federal en esta coyuntura y se convirtió en la principal organización política que se enfrentó al pacto de Peña (Pacto por México) y a sus reformas nefastas.

En la vida hay épocas buenas y malas, avances y retrocesos, épocas de esplendor y de decadencia; día y noche. El año que termina ha sido de oscuridad, retroceso e ignominia. La rueda de la historia ha ido para atrás, y el mal gobierno del PRIAN se confirma al servicio de las grandes corporaciones extranjeras y nacionales y del imperio yanqui.

Sin embargo todo es cambio y movimiento: hemos de ver de nuevo la luz y hemos de organizarnos para recuperar todo lo que nos han arrebatado. El siglo XXI será el de la conquista de la plena independencia y del establecimiento en México de una sociedad justa, soberana y democrática. Para lograr estas metas hemos de revertir este proceso de neocolonialismo, neoesclavismo y neofascismo que estamos atravesando, un momento en el que las grandes corporaciones imponen su dictadura disfrazada de “democracia a la gringa”. Es necesaria la renovación democrática que conduzca a que los representantes populares sean seleccionados, electos y controlados por sus electores, para que respondan a la voluntad popular y la expresen y que nunca más aprueben disposiciones de espaldas al pueblo, como la reforma energética privatizadora que aprobaron a pesar de que el 80 por ciento de los mexicanos está en contra de la privatización del petróleo.

Para culminar se realiza una reforma política en la que se permite la reelección de los legisladoras hasta por 12 años, con lo que garantizan que los actuales congresistas, que se han subordinado a los dictados de Peña y sus patrones extranjeros, puedan permanecer en su puesto y continuar colaborando con la venta y desmantelamiento de México, y que aumenta del 2 al 3 por ciento el porcentaje de votos para que un partido conserve su registro, lo que busca consolidar al bipartidismo representado por el PRIAN. Toda la política elaborada por el PRIAN en 2013, y en particular la reforma energética, ha significado una clara traición a la patria. Los mexicanos conscientes hemos de trabajar para hacer justicia en este país, restablecer el derecho, desarrollar la educación, la organización y la movilización para que el pueblo tome en sus manos el poder de decisión y lleve a juicio, por violación de la Constitución y traición a la patria, a Peña y a todos sus cómplices en el Congreso y el gobierno federal.

*Politólogo y urbanista. Dirigente de Mexteki y vocero del Congreso de la Soberanía

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