La corrupción campante

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Estamos, como desde hace años, en los lugares más vergonzosos de la corrupción. Eso lo sabemos tiempo ha, pero incluso el presidente que dijo que defendería al peso “como un perro” (y la devaluación no se hizo esperar), José López Portillo, había expresado algo así como: la corrupción somos todos. Y el hombre lo sabía bien porque la conocía en su familia.

Su esposa Carmen Romano se paseaba por el mundo con una orquesta sinfónica que pagábamos todos. Su hermana Margarita, que alababa a Juana de Asbaje, mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz y hacía lo contrario de la Décima Musa, posibilitó por su ineptitud que estallara la Cineteca Nacional. Su amante, Rosa Luz Alegría, fue la primera secretaria de Turismo e incluso se vistió como banderita en el extranjero un 15 de septiembre. Su hijo, José Ramón, el “orgullo de su nepotismo”, tenía chambas a montones. Y sus hijas todavía son las dueñas de la Universidad del Claustro de Sor Juana.

Pero antes con Luis Echeverría y después con los sucesivos –aunque básicamente con Carlos Salinas– los parientes y amigos hicieron de las suyas. Allí está el caso de Raúl Salinas de Gortari, a quien le devolverán sus inmensas propiedades y cuentas bancarias no obstante que muchas de ellas se encuentran a nombre de Juan Manuel Gómez Gutiérrez, un seudónimo con el que incluso logró obtener varios pasaportes. ¿Habrá mayor cinismo en una sociedad?

Por ésas y otras razones no es de extrañar que México se encuentre en el lugar 106 de una lista de 175 naciones. Es decir, muy abajo en la tabla de la decencia, el castigo a los defraudadores sociales, la transparencia de los actos de gobiernos y el acatamiento a la ley, entre otras cuestiones.

Lejos de México, en el aspecto positivo, están Uruguay y Chile, en ese orden.

Sabemos que en el primero gobierna un hombre decente, José Mujica, exguerrillero. El mandatario vive en una modesta casa; él y su esposa preparan sus alimentos, tienen un vehículo bastante viejo, no recibe bonos de desempeño ni enormes gratificaciones por su labor. Se atrevió a legalizar las drogas blandas para evitar derramamientos de sangre y entregará el poder a su sucesor sin llevarse más que unos cuantos pesos a su retiro.

En el segundo, sin importar la sombra de Pinochet –que aún está presente–, la señora Michelle Bachelet, la hija del general sacrificado, ya estuvo en el Palacio de la Moneda desde donde gobernó y donde volverá a gobernar. Ella no se retiró con lujos, más bien siguió trabajando en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a favor de las mujeres y los derechos humanos. Además, ahora contará con legisladoras que fueron parte de un movimiento contra la educación privada, entre ellas Camila Vallejo. La Bachelet, como le dicen, tratará de profundizar una democracia todavía en ciernes, pero que impide el enriquecimiento voraz de los gobernantes.

Entre las naciones menos corruptas están Dinamarca y Nueva Zelanda. A ésta le ganamos en futbol, aunque el deporte realmente importante allá es el rugby (pero hasta en la patabola nos dio un dolor de cabeza). Y ahora nos manda un saludo, ya que como es notorio para todos, los dueños del balompié azteca se han enriquecido al máximo, pagan una bicoca de impuestos y hacen de las suyas en telecomunicaciones y los deportes. Es decir, resulta una casta a la que los gobernantes de acá no han podido meter en cintura por más que promuevan reformas e intenten, declarativamente, acabar con los oligopolios.

¿Qué tienen en común los dos países citados en el párrafo anterior?

Según organismos internacionales, altos niveles de libertad de prensa, procesos presupuestarios abiertos y transparentes, así como unos eficaces mecanismos de rendición de cuentas. Algo de lo que no gozamos, ya que aquí la prensa continúa supeditada al poder político y económico, el dinero público se maneja en la opacidad y las cuentas del gobierno son como un hoyo negro.

Todos nos acordamos de Mario Marín y sus lujos; igual que de su hijo casado con una suiza que vive en una mansión en aquel país. De Ulises Ruiz y las mil obras que resultaron oropel. Por ese mismo camino anduvo en Veracruz Fidel Herrera. Incluso Humberto Moreira, que hoy presume una maestría pagada por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, defraudó económicamente a Coahuila y hasta permitió el narcotráfico en gran escala, según su hermano Rubén. Joyas de una larga corona.

Pero recientemente, la administración de Peña Nieto destinó 5 mil millones de pesos para que 300 mil maestros pagaran sus adeudos con unos coyotes que los esquilmaban. Todo para quedar bien con el exhijo putativo de Elba Esther Gordillo, Juan Díaz de la Torre, y encubrir a financieras que sangraban a los profesores. Pésima señal.

Y sí, vale la pena insistir en los líderes sindicales muy conocidos por sus transas: Carlos Romero Deschamps, Joaquín Gamboa Pascoe y Joel Ayala, entre otros. Intocables porque son cercanos al gobierno.

Bueno, hasta en el Congreso de la Unión, en los congresos locales y en la Asamblea Legislativa hay derroches que en tiempos de crisis son ofensivos. Pero además se hacen sin el menor rubor con el único objetivo de acabar, a como dé lugar, con el presupuesto.

Según la organización no gubernamental Transparencia Mexicana, hay que hacer reformas constitucionales en materia de acceso a la información pública (algo que ya está en marcha), fortalecer los órganos de fiscalización y control presupuestal, promover un nuevo régimen de responsabilidad para los servidores públicos y mecanismos más efectivos de rendición de cuentas gubernamentales.

Bien. Pero quien lo propone es el señor Federico Reyes Heroles, al cual la revista Proceso (número 1932) lo acusa de hacer negocios mil con el gobierno, y además su hermano Jesús, que fue director de Petróleos Mexicanos (Pemex), tiene una larga cola que le pisen respecto a comercios petroleros nada claros; uno reciente es el tratar de que las compañías extranjeras entren en Pemex.

Pareciera que México no tiene salvación.

Por si algo faltara, alguien que ha denunciado la corrupción sistemáticamente, Andrés Manuel López Obrador, enfermó.

*Periodista

 

Fuente: Contralínea 366 / 29 al 29 de diciembre de 2013

 

 

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