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Es casi imposible que los políticos insertos en cada uno de los llamados partidos institucionales –reconocidos por el Instituto Federal Electoral (IFE)– se encuentren a salvo de la crisis moral por la que atraviesa nuestro sistema democrático, en el que, sin importar la sigla partidista, una reducida elite que se intercambia cargos públicos y legislativos cada 3 y 6 años ha dejado de representar los intereses de millones de habitantes para custodiar, en perjuicio de la propia soberanía nacional, las ganancias de un capitalismo guiado por los principios de un neoliberalismo económico al que poco le importa el bienestar y respeto a los derechos de la clase trabajadora.

La aparente “transición democrática” ocurrida en 2000 con la llegada al poder del Partido Acción Nacional (PAN), resultó el peor de los fraudes históricos pues, lejos de cristalizar la anunciada panacea, sus gobiernos acrecentaron la pobreza y la marginación de millones de mexicanos al permitir, en el mayor de los contrasentidos históricos y antinacionalistas, que las multinacionales se adueñaran del país y de sectores estratégicos para la economía nacional, como el energético.

En México, la democracia se aleja cada vez más del modelo ideal planteado por los estudiosos de la ciencia política, como la expresión y legítimo poder del pueblo mediante la elección de sus representantes, sobre todo porque el actual sistema de partidos ha terminado por bloquear las auténticas demandas de las diversas clases y sectores sociales, poniendo en entredicho al régimen constitucional y republicano que le da sustento en el marco de la institucionalidad al cruzarse de brazos ante el avasallamiento cometido al estado de derecho.

Es por ello que, tras una larga reflexión y análisis sobre el adverso panorama que ofrece la partidocracia a la lucha del pueblo y los trabajadores, diversas organizaciones independientes y amplios sectores de la sociedad civil optamos por labrar una alternativa que busque frenar los excesos del actual modelo capitalista y revierta, mediante la participación política electoral y la construcción de un congreso social, los efectos de la precarización del trabajo, el despojo a las comunidades indígenas, campesinas y a los bienes nacionales, así como la agresión a los derechos laborales y humanos que enfrenta toda la nación.

Es alentador poder comentar que con pasos firmes se están construyendo los cimientos de la Organización Política del Pueblo y los Trabajadores (Opt), al sumarse a su proyecto lo mismo dirigentes y activistas de la clase trabajadora que integrantes de comunidades indígenas y campesinas, colectivos de estudiantes y mujeres, grupos religiosos, organizaciones civiles, minorías sexuales y organizaciones revolucionarias de la izquierda mexicana, cuya aspiración y fin común es crear un nuevo liderazgo político, autónomo, independiente y radicalmente distinto a esa izquierda institucional que, en su papel de comparsa de la oligarquía nacional e internacional, se ha sumado a acuerdos cómplices, fraguados en la cúpula del poder, como el designado Pacto por México.

La conformación del nuevo partido del pueblo y los trabajadores integrará su fuerza política en comités de base, sectoriales y territoriales en todo el país, por lo que su presencia estará lo mismo en municipios que en comunidades, barrios, centros laborales, escuelas, sociedades civiles, cooperativas y todos aquellos espacios en donde gravite la autenticidad, la presencia y el sentir popular.

Es clara la premisa para crear conciencia, en todos los ámbitos sociales, sobre el nacimiento de la Opt como necesidad que reclaman las mayorías ante una clase política que ha dejado de representarlas. Ejemplo de que esta complicidad de la partidocracia que viene ejerciendo y compartiendo el poder desde hace 30 años no le ha reportado beneficios concretos, es la irresolución de los grandes problemas nacionales: desigualdad, pobreza, injusticia y creciente explotación y precarización del trabajo mediante la aprobación de injustas normas, como la reforma laboral, que no son responsabilidad exclusiva de los gobiernos neoliberales sino también de los partidos políticos que las han aprobado en el Congreso de la Unión.

Ante el creciente autoritarismo y la imposibilidad de resolver los conflictos sociales a través de los mecanismos institucionales, se debe ponderar que la Opt es una alternativa de lucha política nacida desde la cimiente misma de todo un pueblo en resistencia, pues lo mismo en las ciudades como en el campo, un sinfín de trabajadores, campesinos y ciudadanos organizados vienen luchando desde tiempo atrás por la solución a sus demandas, haciendo frente al gran capital y a los gobiernos aliados a éste, que han impedido la correcta y debida impartición de justicia a favor de los afectados. Los partidos institucionales se han convertido así en el peor de los diques a las luchas gremiales y sectoriales, al consentir el abuso del poder y el aniquilamiento de las leyes y el estado de derecho en la peor de las traiciones hacia quienes votaron por ellos.

Entre los objetivos de la Opt es evidente que no se trata, como en el caso de los partidos vigentes, de la búsqueda del poder como mecanismo para obtener beneficios y privilegios de una elite, sino como un medio para rescatar a la nación de la política del despojo de su patrimonio y la privatización de sus valiosos recursos, como el petróleo y la electricidad. Como se ha establecido en sus principios básicos, se debe luchar por recuperar una nación soberana e independiente que garantice el bienestar y el progreso del pueblo de México, al rechazar la imposición del paquete de reformas estructurales neoliberales que buscan arrebatarle al país la posibilidad de alcanzar una vida digna para millones de familias.

La fuerza y presencia de la Opt, resultado no sólo de la amplia convocatoria vertida a lo largo y ancho del país, sino de las intensas jornadas de afiliación e información que han desarrollado las diversas organizaciones adherentes, está permitiendo cumplir a cabalidad con los requisitos exigidos por el IFE, para la celebración de sus asambleas en el territorio nacional. El pasado 10 de noviembre se realizó la asamblea correspondiente al Estado de México, al acreditarse una asistencia de 3 mil 100 personas; el domingo 17 se realizó en Pachuca, Hidalgo, otra asamblea, misma que fue reprogramada para su concreción el próximo mes de enero.

También en el Distrito Federal y en Puebla se ha logrado una gran convocatoria para el nacimiento del nuevo partido, donde en pleno ejercicio de los derechos civiles y políticos de sus participantes se han registrado, uno a uno, los procesos de su conformación ante el IFE. Este emerger de la sociedad civil en el país se ha hecho y se seguirá haciendo dentro de las vías institucionales, para evitar que se busque criminalizar la lucha social de los mexicanos, como ya es costumbre.

Con pasos firmes y rumbo definido, avanza así el alumbramiento del legítimo partido del pueblo y los trabajadores.

*Secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas

 

 

 Fuente: Contralínea 363 / 01 diciembre de 2013

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