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Poeta, como los antiguos juglares, Víctor Jara con su guitarra y su inspirada manera de escribir poesía poniéndole música, interpretó sus propias canciones de amor, de biografías sociales, de lucha proletaria. Comunista por desesperada compasión a los pobres, a los campesinos, a los obreros, a los mineros, en su Chile que tanto amó y por el que luchó hasta su crimen por los sicarios del pinochetismo, sigue vigente con sus grabaciones y la tradición que muchos de sus admiradores y seguidores han cultivado en su honor a través de la Fundación Jara, y sobre la que nos informó el reportero Manuel Délano, desde Santiago, la capital chilena (El País, 29 de noviembre de 2009).

Jara fue detenido tras el golpe militar al gobierno de Salvador Allende y llevado a un estadio con otros miles de chilenos; casi de inmediato fue torturado. Con las cachas de los rifles golpearon los dedos de sus manos para que, de sobrevivir, nunca volviera a pulsar las cuerdas de su guitarra. Después fue víctima de descargas de pistola y rifle para matarlo y rematarlo con la vileza y el odio del pinochetismo, que así iniciaba, en 1973 y hasta por 20 años más, un baño de sangre que mermó considerablemente la población en ese país.

Para tener una concepción del contexto en el que ocurrió el desgarrador homicidio de este poeta, es necesario repasar las páginas del libro escrito por su compañera y esposa, Joan Jara, titulado: Víctor Jara. Un canto truncado (escrito originalmente en alemán y traducido por Margarita Cavándoli). Es un texto que va de lo hermoso de la vida a través de Víctor Jara y su biografía, hasta lo dramáticamente trágico de una muerte sin final, porque las poesías-canciones de Jara han sobrevivido. En 13 conmovedores capítulos la autora nos narra la trayectoria de este chileno excepcional: un obrero de la palabra con música, que desde su comunismo apoyó el socialismo allendista hasta las últimas consecuencias, pagando con la vida el heroísmo de su compromiso político y social.

No fue la de Víctor Jara la única conducta heroica en el Chile de Allende, donde los trabajadores, por fin, hicieron posible en las urnas el cambio político y económico que los momios, es decir, la derecha chilena con sus complicidades estadunidenses y que Pablo Neruda llamó “el nixonicidio”, truncaron por medio de una de las dictaduras más viles y sangrientas que ha tenido América Latina, a la que casi simultáneamente siguieron la argentina, la boliviana, etcétera. La narración de Joan Alison Turner Roberts, que firma sólo como Joan Jara, nos lleva, amorosamente, pero con gran sacrificio de la subjetividad, por la biografía de un poeta que, sin serlo de poesías trágicas, termina siendo un poeta trágico. Recordemos al Jara que muchos escuchamos (en lo que a mí toca, durante mi estancia en Santiago de Chile entre 1972 y 1973, las vísperas del golpe). Es un poeta y músico en sus canciones. Un luchador social en sus letras. Y un héroe, combatiente por el socialismo democrático que escribió los versos: “Que el canto tiene sentido/cuando palpita en las venas/del que morirá cantando/las verdades verdaderas”.

Ficha bibliográfica:

Autora: Joan Jara

Título: Víctor Jara. Un canto truncado

Editorial: Ediciones Grupo Zeta

*Periodista